Les flors més belles de les muntanyes d’Alzira / Salva Iñigo

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Paseando por la quietud y soledad de nuestras montañas, podemos disfrutar de la visión de algunas flores de una belleza extraordinaria, cuya sola mirada, nos emociona por la cantidad de colores y matices que destacan entre el verde de la naturaleza.

Una de las mas bellas flores es el Iris Xiphiun, conocida con el nombre común de Lirio azul o Iris de España, que como podemos ver en la foto al margen, las diferentes tonalidades azules con pinceladas de color amarillo intenso, confiere un delicado equilibrio que junto con la textura ligeramente apergaminada despierta en el observador una emoción que altera los sentidos. Esta planta no es muy habitual, aunque si que es verdad, que si se produce alguna tormenta con abundante lluvia en una época determinada, suelen aparecer en abundancia, convirtiendo algunas zonas de la Casella en una alfombra de color azul, cuya contemplación alegra el espíritu del caminante.

Caminando por el valle, encontramos otra flor no menos bella que la anterior, por lo menos bajo mi punto de vista, ya que como saben, la belleza es subjetiva y se encuentra en el interior cada uno. Esta maravillosa flor nacida de una planta con el nombre científico de Lathyrus latifolius, conocida con el nombre común de “Pésol bord” o Guija de hoja ancha, es una de estas flores que cuando la ves por primera vez, inevitablemente tienes que detenerte a contemplarla y a deleitarte con su fuerte color rojo y hermosura perenne. Al contrario de la flor anterior, que no tenia utilidad en la antigüedad, los frutos tostados, se utilizaban en la cocina para preparar gachas y de sus flores, se obtiene un aceite perfumado, utilizado en baños y masajes.

Recorriendo las sendas de nuestras montañas podemos ver una planta muy escasa, pero sin lugar a dudas, al verla, tendremos la necesidad de detener la vista a observarla por lo curioso de sus formas y su color marron anaranjado. Con el nombre científico de Digitalis obscura, normalmente conocida como Clavellinera borda, Herba d’escorrocia o  Digital negra. Esta planta es un ejemplo típico de cómo una misma planta puede curar o matar. Por vía externa, tiene efectos beneficiosos, incluso  en algunos lugares se emplea como loción antipiojos. Pero su mejor propiedad es el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, aumentando la fuerza de las contracciones del corazón, mejorando su rendimiento mecánico y normalizando el ritmo cardiaco cuando este es irregular o demasiado rápido (taquicardia).

Su utilización popular no es aconsejable, la dosificación es un problema, el margen terapéutico es muy estrecho y la dosis tóxica se halla muy próxima a la curativa. La infusión de una sola hoja o menos, puede producir la muerte de un adulto. Debido a que existen grandes variaciones en la concentración de principios activos, en función de las plantas, época recolección etc., la industria farmacéutica ha recurrido a aislar los principios activos puros, por lo que es más fácil dosificarlos y aplicarlos correctamente en los pacientes.

Siguiendo por los caminos y sendas de nuestros queridos valles, no deja de asombrarnos la intensidad de los colores de algunas flores que difícilmente vemos en esta sociedad que vive de espaldas a la naturaleza. Recuerdo en mis viajes a la India, los colores extraordinariamente vivos de los vestidos y prendas que utilizan las mujeres, sin lugar a dudas, por la utilización de colorantes naturales en la confección de las mismas.

Después de un rato caminando por la montaña, me siento en una piedra contemplando lo majestuoso y grandioso del mundo en el que vivimos. Hace algunos años me preguntaba como podían saber nuestros antepasados cuales eran las propiedades de cada una de las plantas que florecen en nuestros campos y montañas. De donde sacaban los conocimientos que aplicaban y que sanaban a las gentes de la época?

En la civilización actual, por lo menos en este primer mundo, vivimos de espaldas a la naturaleza, no somos conscientes de que nosotros también formamos parte de esta. Pero en la antigüedad las cosas no eran así, formaban parte de ella, convivían, hacían uso, eran una con ella. Observaban lo que ocurría a su alrededor, cuando florecían, donde nacían, como se desarrollaban, sus formas, sus olores; en definitiva, conocían el ecosistema en el que se desarrollaban.

Esta visión les hizo percatarse de que la morfología de una planta podía dar indicios de cuales podían ser sus virtudes medicinales, así pues, a la echium le llamaron viborera porque sus semillas, con un poco de imaginación, parecen reproducir la cabeza de una víbora, por lo que se le atribuyeron la virtud de curar las mordeduras de la víbora. O las ramas del rosal silvestre, que con sus aguijones recuerdan los colmillos de la quijada de un perro, bien, pues se utilizaban las raíces hervidas con agua para preservar contra mordeduras del perro rabioso. O por ejemplo, una hoja en forma de corazón, unas manchas que recuerdan los bronquios del pulmón enfermo, unas semillas en forma de riñón, etc.

Evidentemente, esto podía traer a engaño y así lo hace saber Pió Font Quer cuando dijo: Aunque el supuesto mensaje que con sus signaturas nos mandaban las plantas para que pudiésemos descubrir sus secretos, carece de toda efectividad, no dejó de tener eficacia como hipótesis de trabajo con el cual favorecer las pruebas e incitar a los hombres a investigar la verdad. Ignoramos cuales fueron los primeros ensayos, cuales los éxitos y cuales las decepciones. Pero en tiempos de Dioscorides (siglo I) las gentes del Mundo Antiguo estaban en posesión de numerosos conocimientos, unos afortunados, que todavía en la actualidad podemos dar por buenos o excelentes; otros, mil veces desmentidos, y sin mas importancia que la puramente histórica.

El conocimiento engendra respeto, si vamos a la montaña, pisoteamos, ensuciamos, rompemos y en definitiva con nuestra presencia, y sin darnos cuenta, influimos en los ecosistemas del lugar. Podemos pasar por allí y dejarlo todo como estaba o podemos destruir o modificar el entorno. Si sabemos lo que puede pasar con nuestra intrusión en el ecosistema, seguro que intentaremos perjudicar lo menos posible, convivir y disfrutar de manera serena y con sentido común de la naturaleza. Este es mi principal mensaje, disfrutemos de nuestro entorno con conocimiento y respeto, pensemos que si destruimos la naturaleza, algo en nosotros se muere, ya que vivimos en un mundo interdependiente, todo depende de todo. Y no duden que en función de nuestro hacer, las generaciones venideras podrán o no disfrutar de los mismos lugares que nosotros disfrutamos ahora.

Ensimismado en mis pensamiento no me he dado cuenta que el tiempo pasa y tengo que volver a la civilización, a esa naturaleza muerta en la que convivimos día a día.

Salva Iñigo