L’orgull / Ángel J. Garcia

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¿Qué sabemos del orgullo?

Tanto en los conceptos, o como todo en la vida, nunca hay categorías definitivas ni definiciones absolutas.

Esto ocurre con el tema que tratamos en el artículo: el orgullo.

Este puede ser bien o mal utilizado.

En psicología (y tras la lectura del artículo, veremos que en la vida también…) se concreta en dos tipos de orgullo: el positivo y el negativo.

Al orgullo positivo le llamamos autoestima y autoconfianza; al negativo soberbia.

El orgullo positivo es necesario para sentirnos seguros y llevar una vida equilibrada. Nos valoramos en justa medida. Nos situamos en nuestra existencia y estamos orgullosos de ella. Esto es sano y debería ser lo adecuado.

El segundo orgullo es el negativo. Nos aleja e iza a una irreal cima respecto del resto de las personas. Este tipo de orgullo será un gran generador de conflictos. Si bien de forma cotidiana ya surgen los problemas, si somos presas del orgullo negativo se multiplicarán las circunstancias adversas.

El aspecto negativo del orgullo se origina en un exceso de estima hacia uno mismo y hacia los propios méritos. La persona se cree superior a los demás. Esto impide reconocer y corregir los errores y pone de manifiesto la falta de humildad.

 

¿Por qué humildad?

La humildad entendida como una actitud abierta, flexible y receptiva -no desde aspectos peyorativos ni tocantes a la precariedad-, permite aprender aquello que todavía no sabemos. Las personas orgullosas trasmiten muchas quejas mentales debido a su ego exagerado. Se lamentan y protestan de personas, situaciones, tiempo, del país, etc. Esto les hará ir saltando de un conflicto a otro.

 

Cuando el orgullo se transforma en soberbia, nos encontramos con un sentimiento de valoración excesiva de uno mismo, y que hace creer que se está muy por encima de los demás. Sentimiento de excelencia este, que lleva a presumir de cualidades o ideas propias y menospreciar las ajenas.

La soberbia, guía a sentirse superiores cada vez que hay una comparación con alguien. Pone de manifiesto un complejo de inferioridad, cueste más o menos de admitir pero es un hecho contrastado (Repetimos: siempre que nuestras cualidades o éxitos sean para menospreciar a los demás hablamos de orgullo negativo; cuándo no despreciamos y logramos victorias o algo notorio, se trata de orgullo positivo ya que nuestro esfuerzo se hace visible pero sin ningunear a nadie)

…Esa inferioridad subyacente en la persona con orgullo negativo, provoca que surja la prepotencia. Tratará de demostrar que siempre lleva razón o que lo sabe todo.

 

Estas personas suelen ser intolerantes ideológicamente. Aferrándose a una postura única, no permitirán ninguna aportación ajena que la saque de su línea de comodidad o que le suscite dudas de su postura. Asimismo, su capacidad de reconocimiento de sus errores es muy baja. Muestran gran resistencia a pedir perdón y sobretodo a un teórico cambio personal: no consideran realizar transformaciones individuales -aunque internalicen desequilibrios-, ya que piensan que todo lo hacen bien y si sucede algo es a causa de un problema creado por otros, nunca por ellos. Presentan endurecimiento emocional, distancia emotiva si no es algo suyo, que se convertirá en un suceso dramático para ellos pero entienden que si es de otros es una nimiedad. Cuesta que olviden una ofensa y suelen bloquear las relaciones interpersonales. Experimentan un malestar constante y si no resuelven la problemática del orgullo negativo, las situaciones inestables se les hacen eternas.

 

La honestidad frente al orgullo

La honestidad para el que no la suele usar puede resultar dolorosa al principio; sin embargo, a  medio plazo es muy liberadora: Permite afrontar la verdad acerca de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con nuestro mundo interior. Así iniciamos el camino que conduce hacia nuestro bienestar emocional. Cultivar esta virtud conlleva unos efectos positivos:

 

1º-Disminuye el miedo a conocernos y afrontar nuestro lado oscuro.

2º-Nos incapacita para seguir llevando una máscara con la que agradar a los demás y ser aceptados por nuestro entorno social y laboral.

3º-Impide seguir ocultando debajo de la alfombra nuestros conflictos emocionales.

 

La honestidad nos da fortaleza para cuestionarnos, identificando la falsedad y las mentiras que nos amenazan -seductoras- desde nuestro interior.

En la medida que la honestidad se va integrando en nuestro ser, nuestro orgullo se desvanece. Se logra una mayor comodidad personal al no tener que representar papeles irreales. La estabilidad, la paz interior y la calma se hacen presentes en nuestro día a día.

En cambio, si cerramos la puerta a la honestidad y a la sana humildad -en pos de un orgullo negativo-, nos veremos en la obligación de continuar en esa cárcel propia, que nos presiona para que demos una imagen de alguien que no somos.

No caigamos en ese error, o bien salgamos de él con los apoyos pertinentes.

 

www.angeljgarcia.com

Ángel J. García

-Graduado en Educación Social y Pedagogía (UNED)

-Máster en Coaching, Inteligencia Emocional, y Programación Neurolingüística (UEMC)

-Máster en Neuropsiología Clínica y Neuropatologías (Universidad Internacional Argentina)

-Técnico Especialista en Psiquiatría (Universidad San Jorge)

-Experto en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual (UNED)

angelog24@hotmail.com Móvil: 666403902.

C/ Calderón de la Barca, N.º 12, 2º, 4ª, Alzira (Valencia).