Quin problema hi ha amb les pensions? / Salvador Peris

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Salvador Peris

Raro es el día que no traigan los periódicos alguna declaración hecha por responsables políticos o financieros o simplemente del ámbito económico en la que se ponga en cuestión el actual sistema de pensiones público.

 

La penúltima consiste en elevar las cotizaciones sociales de los trabajadores en activo, para así poder pagar las pensiones futuras, pues se considera que el fondo de pensiones se está agotando. Porque lo mas reciente es, nos hemos enterado ahora, que la Unión Europea impone a España, si quiere recibir los fondos europeos prometidos, el aumento del cómputo de los años cotizados para el cálculo de la pensión.

 

Todo esto forma parte de una retórica encaminada a justificar las rebajas previstas en las pensiones públicas y/o el retraso de la edad de jubilación. Es un argumentario que a fuerza de repetirlo puede parecer hasta lógico. Pero no lo es.

 

En su día el sistema de pensiones públicas en España se fundamentó en lo que se viene denominando solidaridad, consistente en que son las cotizaciones de los trabajadores en activo las que pagan las pensiones vigentes en ese momento. Esto se acordó así, como podría haberse decidido pagar las pensiones directamente con cargo al presupuesto general  del Estado, es decir se trata de un acuerdo político que no de una ley económica.

 

Porque conforme lo anterior ¿qué son las cotizaciones que se hacen a la Seguridad Social sino un impuesto más?. De hecho lo que se paga en los distintos regímenes de Seguridad Social es un impuesto sobre el trabajo. Es un impuesto finalista que se aplica al pago de las distintas prestaciones establecidas (pensiones fundamentalmente), pero esto no deja de ser una convención, es decir podría no ser así.

 

Un argumento muy repetido es que como cada vez hay menos trabajadores en activo por cada pensionista,  el sistema actual no podrá mantenerse. Hay que recalcar lo del “sistema actual”, pero es que este sistema se puede (y se debe) cambiar cuando cambian las circunstancias.

 

Es como si vinculásemos el arreglo de las carreteras a la recaudación por multas de tráfico. Podría llegar un momento en que la red viaria fuese un desastre porque todos nos hemos convertido en buenos conductores. Cuando los hechos cambian habrá que cambiar los postulados ¿no?.

 

Que el día de mañana la tendencia es que exista menos trabajo, debido a la aplicación de las nuevas tecnologías, no implica una disminución de la producción ni de la riqueza.  Vincular las pensiones al trabajo es un error, habría que vincularlas a la producción,  en definitiva a la riqueza que se produzca.

 

Por otra parte otro error, en el que se incurre frecuentemente, es considerar la parte del presupuesto destinada al pago de las pensiones como dinero perdido, como si se malgastase.   Cuando en realidad el dinero de las pensiones va directamente a incrementar el consumo y con él las ventas de productos y por tanto incrementa la demanda agregada en el país, se crea empleo y se pagan impuestos con lo cual gran parte del dinero gastado en pensiones revierte de nuevo en las arcas públicas.

 

Así pues las pensiones no solo son sostenibles sino que son necesarias para el buen funcionamiento de la economía.

 

La educación, la sanidad y las pensiones, públicas y universales, son una parte fundamental de lo que hemos denominado “El Estado del Bienestar”, los intentos de terminar con ellas pueden llevar en un futuro a que se rescate una palabra que ahora parece olvidada, la palabra “revolución”.

Salvador Peris / Economista