Aquello que piense o crea de ti la gente, es su realidad y no la tuya / Àngel J. Garcia

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Aquello que piense o crea de ti la gente, es su realidad y no la tuya

Lo que otras personas piensen, digan, o crean de ti es su realidad, y no la tuya.

Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no pueden conocerlo todo, ya que si es difícil conocerse a uno mismo, mayor complejidad reside en hacerlo respecto a los demás

Invariablemente nos cuesta entendernos a nosotros mismos pero nos lanzamos valientes –y sin flotador salvavidas en la inmensidad de un océano- a descifrar el código del sentir ajeno. En realidad, no se puede tener ningún tipo de certeza de lo que otros sienten, ni aun estudiando y experimentado con el comportamiento humano durante decenas de años. Tampoco podemos saber lo que han vivido y lo que han aprendido o no, o saber qué grado de sinceridad emplean para contar las cosas que les atañen, o las apariencias de las que son rehenes.

Por lo tanto, poca importancia deberíamos dar a lo que los demás dicen de nosotros. Sus palabras vienen subordinadas a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de en su limitación, saberlo todo sobre nuestra vida…

Entiendo que escribirlo en unas líneas resulta complejo, puesto que hablamos de un tema muy importante para la práctica total de las personas, no obstante, el que lo reflexionemos juntos verás cómo te hace sentir mejor, y en cierto modo, acompañada.

Las personas que critican

Sobre este tema se me pregunta en muchas ocasiones y de forma recurrente.

Considero que conviene aclarar brevemente –ya que mucha gente sufre en silencio a causa del juicio externo y del vituperio- el porqué de las críticas:

En tu pasado, presente, y futuro, te habrás encontrado o encontrarás con que hay personas que dan su parecer sobre ti, sobre tu vida y sobre tus decisiones o gustos, aunque nadie se la haya pedido. Habitualmente son opiniones malintencionadas o carentes de todo criterio cuyo único objetivo es hacer daño, menospreciar y disfrutar del dolor y sufrimiento ajenos.

Generalmente, estas personas tienen una baja autoestima negativa (no confundir con autoestima baja, que puede ser positiva en determinadas circunstancias) que no se aceptan a sí mismas, por lo que difícilmente pueden aceptar a los demás.

Sin caer en ello, etiquetan a los demás y a ojos expertos lo que hacen es reflejar la realidad de cómo se sienten ellas mismas, proyectando así sus frustraciones y sus dificultades emocionales.

Inevitablemente, encontraran a otros u otras que darán pábulo a sus opiniones, pensamientos o creencias -normalmente distorsionadas bajo el flujo del sesgo de su información- y que, o bien por temor o credulidad entre otros aspectos, asentirán con fidelidad a unas ideas que no serán suyas pero, que por si acaso, no las contradecirán con tal de no verse expuestos a un posible foco atencional negativo.

Somos los únicos que podemos recorrer nuestro camino

Si nos pudiésemos meter en el cuerpo y la mente de los demás, a no ser que fuésemos unos inconscientes descerebrados, no nos atreveríamos a juzgar jamás a nadie porque cada persona recorre su vida de la mejor forma que puede.

Condenarse por lo que los demás piensen de nosotros es un error que se puede pagar caro, o sea, que no debes poner un precio a tu salud mental, física, psicológica y social, a causa de lo que los demás elijan pensar sobre ti.

Si tuviésemos que vivir de acuerdo a lo que los demás piensen de nosotros, perderíamos nuestro estilo y nuestra personalidad sería deteriorada. Entonces, transitaríamos en la coyuntura de tener que hacer caso a los pensamientos e ideas de los demás respecto a nosotros, y nos veríamos obligados a llevar esa máscara protectora interior, y nuestra imagen en el espejo solo reflejaría una eterna inseguridad, e inexistencia de autoestima saludable.

Intenta pues, vivir a tu manera, como mejor te sientas y siempre respetando; pero no lo hagas de la forma en que los demás quieren que tú vivas tu vida. Recuerda que es tu vida, y solo tienes una.

Sana esa parte tuya, dañada por la crítica

Para sanar las heridas emocionales que nos causa la crítica, recuerda que somos personas únicas y excepcionales. Así que pierde el miedo a sentir y a pensar por ti mismo.

Tú no eres quién está juzgando y valorando sin habértelo pedido, sino los demás. La crítica no constructiva lleva consigo gran pobreza emocional en el mundo interno de quien la realiza. Por tanto, si la persona que tú observas que ¨juzga¨ demasiado, no se deja asesorar o enriquecer, te conviene ser emocionalmente egoísta y que se solucione ella misma su parte interna deteriorada.

Conviene señalar que las personas más infelices en este mundo, son las que se preocupan demasiado por lo que piensen los demás. Sobre esto, siempre estamos a tiempo de cambiarlo con la ayuda correspondiente.

Por otra parte, si eres de las personas que te cuesta dejar de criticar a los demás, recuerda que si te desprendes de tu excesiva negatividad, tu vida será más fácil abierta y fluida, y no necesitarás de esos impulsos que te obligan -a veces sin poder evitarlo-, a meterte en la vida de los demás.

Pistas para rumiar menos pensamientos negativos

-Dar crédito a lo que los demás piensen y digan de ti, acabaría por convertirnos en alguien que no somos.

-Querer complacer a los otros a costa de nuestra identidad no es saludable a medio y largo plazo.

-Quítate miedos respecto de la crítica externa, ya que los demás piensan en nosotros mucho menos de lo que nos creemos. Ten presente que esta teórica atención de los otros, es en parte producto de nuestra imaginación post adolescente y sus reminiscencias respecto a la ¨audiencia imaginaria¨.

-La experiencia nos dirá que siempre habrá alguien que malinterprete lo que hagamos o digamos, o el por qué no lo hacemos. Así que intentemos vivir y actuar con naturalidad, siendo sinceros con nosotros mismos, de lo contrario nos percibiremos como falsos y desintonizados en la relación Cuerpo-Mente.

Razonamientos finales

Desde un punto de vista profesional, y también como una persona que se dedica a buscar la mejora integral y el desarrollo de otras personas, te diré que si no quieres sufrir excesivamente -y más teniendo en cuenta cómo está todo: Covid 19, crisis económica, etc.-, que no esperes mucho de los demás si no hay un verdadero compromiso, lazo y unión, o sinceridad por ambas partes.

Del mismo modo, no gastes más energías de las debidas, en depositar grandes esperanzas en que, las demás personas, comprendan tu viaje a lo largo de la vida.

Fundamentalmente porque nunca han tenido que recorrer tu camino.

 

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía (UNED)

Máster en Neuropsicología Clínica y Neuropatologías (UIA)

Máster en Coaching, Inteligencia Emocional, y Programación Neurolingüística (UEMC

Técnico Especialista en Psiquiatría (UEMC)

Experto en Inteligencia Emocional y Social, y en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual (UNED)

angelog24@hotmail.com Móvil: 666403902.

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