Les relacions entre persones / Àngel J. Garcia

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Àngel J. Garcia

Nada es tan enriquecedor como tener a nuestro lado a alguien que nos desafía a diario. A alguien a quién poder admirar, siempre y cuándo seamos de las personas que, huyamos de la monotonía, del conformismo, y de la rutina.

Pero eso sí, se trata de desafíos pero no de manera adversa. No en sus formas coercitivas y desgastantes.

Necesitamos personas que nos desafíen para ser mejores, que nos motiven, que colaboren -si es el caso- en nuestra toma de decisiones y que, reflexionemos sobre si eso que hacemos -o que no hacemos-, nos hace felices o más bien si no merecería la pena iniciar algo nuevo.

El apoyo incondicional, el desafío saludable, y ciertas dosis de fascinación positiva, deben ir siempre de la mano. Estas tres dimensiones parten de la confianza y del cariño. Saber, además, que nuestra pareja ¨está bien cualificada en el mercado¨ o que otras personas se pueden sentir atraídas, sorprendidas o desconcertadas en su presencia o mediante su trato, debería de motivarnos más, si nuestro punto de partida en cuanto a estimación propia, es positivo y nuestra seguridad constatable.

Si te inducen a cuestionarte, a que hagas autocrítica, a que seas realista, y ves que tu pareja también lo hace -y no solo lo dice-, te está invitando a crecer por que cree en tu desarrollo.

Propongo un decálogo, que mueva a la reflexión, pero también como advertencia, para no dejarse encantar por cualquier persona, ya que hay gran variedad de perfiles individuales, que tras prometedores inicios en la relación -muchas veces salpimentados por mentiras-, con el paso del tiempo, debutan las frustraciones de las personas que tratan de ofrecer siempre su mejor versión, ocultando una realidad profunda que no quieren delatar pero, que con el paso del tiempo suele irrumpir con fuerza, provocando desengaños, desilusiones, y en ocasiones, malos tratos; y esto último, si que no debería permitirse bajo ningún concepto.

 

1º Todos tenemos necesidad de relacionarnos con otras personas; dichas necesidades no son ni equivocadas ni inadecuadas ni buenas ni malas.

Las personas compartimos unas necesidades comunes que conviene recordar y tener presentes:

-Acariciar y abrazar.

-Pertenecer a algo y sentirse ¨una¨ con los otros y otras.

-Ser diferente y aparte de los demás.

-Sentirse una persona digna, hombre o mujer, valorada y admirada.

-Hacer cosas por los otros que nos hagan sentirnos bien.

-Tener poder en nuestras relaciones y en nuestras vidas.

2º. Cuando por cualquier causa, nos encontramos infravalorados, tenemos tendencia a bajar nuestra autoestima. Frente a esto, debemos buscar personas que nos valoren, que nos aprecien, que les resulte grata nuestra compañía, que comprendan que tenemos nuestros propios valores y que estos son importantes en nuestra vida, y que nadie tiene ninguna razón para que estos sean ensombrecidos, ni los valores y principios, ni nosotros como seres humanos individuales.

Cómo tantas veces comento: Rodearse bien.

3º. Tenemos tendencia a idealizar a los otros y nos ponemos una máscara, o se ponen una máscara, en la que los defectos internos no se ven a primera vista. Sucede que le damos prioridad a todo lo que esa persona opina, dice, piensa, cree, siente, o actúa, y a nosotros nos dejamos en un segundo plano. Esta idealización contribuye a bajar nuestra autoestima porque creemos que estamos ante alguien único e irrepetible -Craso error-, y nos dejamos llevar hasta que un día, un suceso cualquiera, una mala respuesta, nos hace sentir mal y no logramos expresarlo y nos deteriora como personas en pleno desarrollo.

4º. Frente a esto, la mejor idea es relacionarse con gente con la que no tengamos que cumplir tantas expectativas en base a su criterio, o a una creencia nuestra no basada en la realidad, sino en la ilusión. Si una persona nos quiere o nos aprecia, no va a intentar trasformarnos (al menos completamente), ni a satisfacer sus deseos a costa nuestra a consecuencia de la imagen que considere que debemos tener.

Me aprecias: Me quieres como soy, sin intentar cambiar ni mis actitudes, ni mi personalidad.

5º. Cuesta salir de relaciones tormentosas ya que sólo, en ocasiones, no se está cómodo/a y hay que darse un tiempo; no obstante, sí es bueno y saludable el ir introduciendo nuestras opiniones y valoraciones de cualquier cosa, causa, suceso, etc., asertivamente; no de forma pasiva ni negativa. Con respeto.

6º. Me conoceré yo primero, averiguando que me gusta de mí y que no me gusta; que hago bien y que no; qué habilidades tengo, y si no lo sé, las pregunto. Tengo muchas, seguro, pero debo hacer autoevaluación para que mi autoconocimiento sea efectivo.

Averiguo todo aquello que me gusta y todo aquello que no me gusta.

7º. Distinguiré aquello que puedo cambiar de lo que no. Por ejemplo: No puedo cambiar mi estatura, pero sí mis arranques de ira, o la prisa por responder cuando algo molesta. Hay que aceptar lo que nos gusta y lo que no de nuestro físico. No resignación, sino aceptación y motivación.

8º. Con mucho respeto, expresaré siempre mis opiniones, siempre que no molesten a nadie. Pero me significo; no me callo, no me enfado, por que lo primero me provoca malos pensamientos y recurrencia de estos, y lo segundo, cuando me enfrío, arrepentimiento.

9º. Anticipar los pensamientos de los otros, si nos encontramos con un estado de ánimo débil, con baja autoestima, frustrados, desmotivados, etc., nos lleva a un mayor malestar ya que hacemos supuestos sin base real. De este modo nos sentimos frustrados y rechazados por que esperamos lo peor.

10º. Esperar mucho de los demás es un error.

La realidad, para terminar el artículo, es la que es, y no la que pienso que es. Por tanto, las relaciones con personas que nos motiven nos mueven una actividad interna y externa, nos estimulan, queremos saber más acerca de ellas…Nos gusta su compañía y nos atraen, pero eso sí, los desafíos deben de ser aceptables puesto que si uno tiene mayor capacidad de entrega, o intelectual, o de amplitud de visión, etc., lo que debe primar siempre es el autoconocimiento propio, los límites que se tienen, el creerse las palabras y acciones del otro hasta un margen y sobretodo, el respeto por uno mismo, y por los demás, siempre que hayan demostrado con hechos, haber sido dignos de confianza.

 

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía (UNED)

Máster en Neuropsicología Clínica y Neuropatologías (UIA)

Máster en Coaching, Inteligencia Emocional, y Programación Neurolingüística (UEMC)

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual (UNED)

angelog24@hotmail.com Móvil: 666403902.

C/ Calderón de la Barca, N.º 12, 2º, 2ª, Alzira (Valencia).