La por en els xiquets / Àngel J. Garcia

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Àngel J. Garcia

Previamente…

Adelantándonos al desarrollo del artículo, quisiéramos reseñar que si un miedo, un temor, una fobia o un terror, persisten de forma continua, y su intensidad es difícil de aminorar, la visita a un profesional (o de ayudas complementarias) supondrá un apoyo extra en la superación de la situación. Con ello, queremos indicar que las siguientes líneas nos indican una buena hoja de ruta a seguir, pero ni es excluyente, ni tampoco la única.

Conceptos y consideraciones

El miedo es algo relativamente normal hasta una cierta edad.

Normalmente los miedos, transcurridos los años, tienden a ir desapareciendo, o menguando hasta niveles bajos, según cada caso y persona.

Sin embargo, todos los niños sufren alguno, en mayor o menor medida.

El miedo es una reacción fisiológica diseñada por la evolución para evitar  situaciones de peligro, inmediatas, o potenciales.

Muchos niños expresan temor ante situaciones cotidianas concretas (ir a dormir, quedarse a oscuras, solo, ir a la escuela…).

En general, que los niños expresen alguna fobia no debería de preocuparnos, ya que entra dentro de lo normal.

La situación será problemática si el terror del niño es desadaptativo, es decir, cuando no haya indicios racionales que justifiquen dicho miedo. También puede ser una señal de alerta si, con el paso del tiempo, las fobias no van desapareciendo, aunque sea de una forma progresiva.

Si nosotros somos personas miedosas, aprensivas, temerosas, o hipocondríacas, no será ilógico pensar que nuestros hijos también pueden recoger partes de estas actitudes o características.

Por tanto, si quitamos trascendencia a determinados estímulos, mejor para todos.

 

El miedo en los niños

Temer a los extraños, separarse de sus padres, la oscuridad, el colegio, otros niños…Son miedos evolutivos; temores comunes a casi todos los niños, la mayoría pasajeros, de poca intensidad y propios de una etapa evolutiva concreta.

Están asociados a las distintas fases del desarrollo (Piaget) y van variando a medida que evolucionan las características cognitivas, sociales o emocionales de los niños.

Aunque cada persona es distinta, y en función de sus características personales y de sus experiencias, vivenciará los miedos de formas diferente o en distintos momentos que otros, o incluso no experimentará nunca un temor determinado.

 

Cómo ayudar al niño a superar los miedos

No podemos definir los miedos más típicos según la etapa evolutiva de la persona, y más concretamente del niño, ya que la extensión excede a nuestro espacio y nuestro objetivo es seguir esta breve guía, de lo que debería ser nuestro comportamiento en tales casos. Sin ánimo de excluir otro tipo de planteamientos, nuestra teoría sería desdramatizar, e insistir en estos pasos:

  • Primero, identificaremos lo que produce miedo.
  • Hablar sobre las cosas que le causan temor; que se sienta escuchado.
  • Procurar que no se sienta avergonzado ni regañado, sino comprendido.
  • Transmitirle seguridad y confianza.
  • Alentarle a que se enfrente a sus temores de forma gradual; y al principio con nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas.
  • Fomentar su autoestima y autonomía.
  • Enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad.
  • Darles algún tipo de poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una pequeña mascota a la que cuidar…).
  • Dar ejemplo: que tenga en nosotros un modelo adecuado de superación.
  • Ofrecer una visión positiva del mundo.
  • Transformar aspectos aterradores, utilizando en la medida de lo posible el humor, en características graciosas mediante dibujos, bromas…

 

Aquello que no debemos hacer si el niño tiene miedo

  • No ignorar el miedo. Frases típicas como ¨no te asustes, no tienes motivo, tienes que ser valiente¨ le hacen sentirse incomprendido.
  • Tampoco debemos reaccionar de forma exagerada. Librarles de tareas y obligaciones, reforzaría accidentalmente los temores.
  • No burlarnos del niño, ni regañarle. La ridiculización merma la confianza en sí mismo y hace que trate de ocultar su miedo.
  • No evitarle los objetos y hechos que teme, ya que si bien supera momentáneamente el miedo, no le ayuda a vencerlo definitivamente.
  • Permitir al niño dormir en la cama con papá o mamá será algo excepcional -festivo-, pero no como un remedio para solucionar el problema.
  • No mentir al niño. Simplemente hay que explicar las cosas de manera sencilla para que las pueda entender.
  • Si son niños temerosos, evita las historias de ogros, fantasmas o brujas, actividades que puedan asustar, sobre todo antes de irse a dormir.

A través de la realización y concienciación de estas pautas, observaremos la mejoría en los niños y, una de las cosas en las que más cabría incidir es en intentar no transmitirles nuestros temores personales, ya que si no ven seguridad en nosotros, les va a costar más hallar la suya propia.

 

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía.

Máster en Coaching, Inteligencia Emocional, y Programación Neurolingüística.

Máster en Neuropsiología Clínica y Neuropatologías

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual.

angelog24@hotmail.com Móvil: 666403902.

C/ Calderón de la Barca, N.º 12, 2º, 4ª, Alzira (Valencia).