«i…Hablaremos del Gobierno!» (y 2) / Opinión: José Antonio Martinez

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José Antonio Martinez

El sábado 18 de abril, este medio de comunicación tuvo la deferencia de publicarme un artículo de opinión en el que intentaba determinar los supuestos responsables de la situación catastrófica que estamos viviendo, preguntándome a continuación si habría más de los enumerados. Un buen amigo en la distancia, Vicent Cucarella, economista, alzireño con un importante cargo en nuestra administración autonómica, Síndic de Comptes, me envió un whatsapp en el que respondía a la pregunta, señalándome al principal culpable, pues entendía que estaba detrás de todos los que yo nombraba: la economía; para ser más exactos, el sistema capitalista neoliberal.

Me recordaba su libro Economia per a un futur sostenible (Edicions Bromera, 2016), un libro de divulgación económica que yo había leído y que me había convencido no solo de lo inviable de nuestro mundo actual, sino –y esto es lo más importante- de que había alternativas. Un libro de referencia muy aconsejable para leer en estos días de confinamiento.

Me pregunté entonces por qué no había tenido en cuenta algo tan evidente, siendo como es –yo también lo creo así- la causa que explica las reacciones tardías de la mayoría de líderes políticos a la irrupción del Covid-19. Confieso que la inmediatez del drama humano y económico que estamos sufriendo, la abnegación del personal sanitario, las batallas por el relato de esta crisis, los errores de unos y las miserias de otros me habían hecho perder la perspectiva. Los árboles no me dejaban ver el bosque. Algo que, desgraciadamente, creo que nos está pasando a la mayoría.

Según este planteamiento, la mayoría de nuestros gobernantes, españoles y del resto del mundo, que provocan adhesiones y rechazos tan entusiastas, cuando no fanáticos, ha antepuesto la economía a las personas, convirtiéndose por ello en marionetas al servicio del poder económico. ¿Y nosotros? ¿Qué pintamos nosotros en esta gran farsa del mundo? Cuando era niño, iba mucho al cine –junto a la lectura, las únicas diversiones que había-.

A los amigos nos gustaba verlo a veces desde el gallinero, no solo porque valía menos, sino porque disfrutábamos observando a algunos adultos, con menos de dos dedos de frente, que, cuando era del Oeste, gritaban y alentaban a los vaqueros  para que alcanzaran con sus caballos a los indios a los que perseguían. Lo vivían como si estuvieran allí con ellos.

Pues esa es nuestra patética función en este retablo. Jaleamos a las marionetas -los políticos- creyéndonos el papel que representan y no viendo su impostura, ni los hilos de los que están colgados ni a los que los mueven, quienes, por cierto, se tronchan de risa contemplando cómo nos los tomamos en serio y seguimos su juego.

Como no seamos capaces de romper con esta alienación, no comprenderemos que este sistema económico nos llevará a sucesivos desastres, más dramáticos incluso que el que nos ha tocado vivir. Jugando a su juego, estamos destruyendo el planeta, esquilmándolo; asolando la naturaleza; contaminado el aire, el agua, la tierra; propiciando un tipo de globalización imposible… Los expertos relacionan directamente toda esta “hombrada” (me niego a llamarlo “salvajada”) con la irrupción del Covid-19.

 

Esto ha sido un aviso. Pero estábamos advertidos, aunque nos hayamos estado haciendo el sueco. Cientos de científicos han venido reclamando desde hace tiempo una transformación de la economía y también de la sociedad. Además, nos advierten de que cada vez queda menos. Hoy ha sido un virus; mañana, otro peor; o un agujero de tal calibre en la capa de ozono que nos impida exponernos al sol; o las grandes migraciones provocadas por la subida del nivel del mar; o a saber qué.

 

Si continuamos entrando al trapo del debate político inmediato comportándonos como los tarados del cine de mi infancia, si intentamos mantener a ultranza nuestra zona de consumo y confort, si no cambiamos la perspectiva para sumarnos a este cambio radical, exigiendo a nuestros representantes –de aquí, de Europa y del mundo- que se centren en lo que de verdad importa ahora que hemos de reconstruir tantas cosas, estamos irremisiblemente condenados a vivir otra tragedia en un futuro no muy lejano.

 

Claro que entonces nuestra tragedia ya no será una tragedia: será un esperpento, en el sentido que alumbró el genial Valle Inclán hace ahora cien años; es decir, un espectáculo con un fondo terrible, pero con un resultado grotesco que mueve más a risa que a llanto. ¿Por qué? Porque el drama de los muertos y de confinamientos más severos habrá sido causado por nuestro comportamiento absurdo, irresponsable y estúpido. Nosotros, fantoches ridículos, no podremos culpar entonces al Sánchez de turno como hacemos ahora; seremos los únicos responsables, pues no habremos hecho lo que sabíamos que teníamos que hacer.

José Antonio Martínez

(Director, pedagogo y autor teatral)