Cuento de Navidad en las Riberas del Júcar

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Del libro La Campana, de Ángel J. García Moreno

Espero que tengas una Feliz Navidad y en serio te digo, que no te imaginas la ilusión que me hace que estés leyendo esto ahora mismo. Sigue hasta el final, y podrás verte mejor…

 

ESCRIBIR EN NAVIDAD ¿QUÉ HACER? ¿QUÉ NO HACER?

Aparqué el coche después de girar a la izquierda, por la calle de los garajes. Sobre mi vado estacioné.

Allí estaba el chico de Iberdrola, registrando los datos en el contador de Kws.

Era, creo, el día 13-14 de diciembre.

Pensé, de forma inmediata en la factura que no tardaría en venir. Calculé las opciones que tenía y mmm…Gastar dinero, y en estas fechas, que todo es una exageración, me hizo fruncir el ceño.

Cierto que venía con un humor pésimo, ya que había perdido por 6-3 las dos partidas; no obstante  intenté barajar una serie de opciones para no contradecir este espíritu navideño previo a la Navidad. Las enumero:

  1. a) Descargar mi ira sobre las compañías que nos suministran las energías, con el operario. Cosa que me dio vergüenza ajena y propio el sólo pensamiento del intento.
  2. b) Hacerme un par de kms. Corriendo, en pos de algún fantasma o aparecido Dickensiano; quemando un poco más de zapatilla verde; alejándome de los Platones de Bar…O evitando entrar en casa.
  3. c) Beberme un Matarromera del Duero que tengo escondido, por si surge algo que…Bueno, ya sabes…
  4. d) Tragar el resto del día y sin prisa, un vodka amarillento de una botella de litro y medio que le robé a mi padre, o en su lugar, otra sustracción que hice un día -no sé dónde-, de un ron añejo de Cuba.
  5. e) Pensé: -Oh, Ángel, cabrón engreído, escribe cuatro barbaridades en Facebook, en Twiter, o en tu Blog. Desahógate ahí de tu amargura. Venga.
  6. f) No jugaré más si creo que voy a salir derrotado. No aprendo a perder, no puedo.
  7. g) Tomaré algo químico legalizado, puesto que las dexedrinas no servirían para calmar y lógicamente, la serotonina es la sustancia que se debe imponer en este momento.
  8. h) Si todo lo bueno y lo malo se te pasa escribiendo y redactando, ¿qué haces? Escribe algo sobre Navidad, ya que estamos, igual esa nube que todos y todas tenemos algunas veces, se convierte en lluvia ligera si le aplicas las acciones correspondientes…

 

Obviamente, tomé las dos últimas opciones, la g y la h.

Me crucé en el camino de algo parecido a un pensamiento eléctrico, y no sé la razón exacta. Cosas que pasan y llegó con los ojos cerrados,  una imagen mental rapidísima: La fogata que montan en la rotonda las chicas estas que bailan y permanecen horas allí, sentadas, esperando clientes rancios, de furgonetas viejas, y de andares seguros que enmascaran su nerviosismo.

Esa luz, ese fuego. Esa Navidad. Y tal; oye, que cómo vino se fue.

Abrí los ojos; adiviné una sonrisa allanándome el camino, y me senté. Esto es lo que salió:

DE LA NAVIDAD DE DICKENS A LA DE KENNEDY TOOLE

I

Las Navidades tienen la facultad de traer a la memoria al menos, cinco o seis cosas que las voy a enumerar, de modo que quede bien conciso y delimitado.

1º. Los recuerdos del último año siempre son los más frescos. Podemos rememorar lo que hicimos, dónde estuvimos o lo que quisimos hacer pero no pudimos. Quiénes estaban con nosotros y demás cosas por el estilo.

2º. Obviando los rasgos temporales, y yendo más a la teoría y a determinados enfoques, es una pena comprobar dos cosas:

  1. a) El caso que se le hace desde los medios de comunicación de masas a las personas más necesitadas, como si sólo tuviesen esa condición en estas fechas.

Observamos que esto no está bien etiquetarlo para sólo unos días, pero por otra parte, si no nos  lo recuerdan estas jornadas, igual no lo hacemos en otras. Digamos que, lo olvidamos…

  1. b) Los excesos económicos que hacemos para satisfacer una serie de prioridades provocadas por el marketing, y que nos empeñamos en ignorar su jerarquización.

3º. Volvemos a cuestiones memorísticas y emocionales. De hecho, nos llegan a la cabeza recuerdos en los que la familia era más abundante y existían en este plano físico otras personas que nos han dejado. En este punto se vuelve todo más borroso y se suele tener presente lo bueno y no lo malo.

Siguiendo este orden, después de cenar y medio bebidos todos, cantabas algún villancico, te ibas a refrescar a la Misa del gallo -el que iba-. Finalmente, te largabas con los amigos, o amigas, por ahí a una casa, a un garaje, o a un pub, y te tomabas ron, ginebra, algunos fumaban cosas y eso; las risas no paraban, y ya sabes, la Noche solía ser Buena en muchos aspectos. Además de las comilonas, las creencias religiosas y las juergas, eras más consciente del espíritu navideño por varias razones como la inexistencia de Internet, los escasos canales de televisión que había, y la práctica inexistencia del pirateo musical, cinematográfico, documental, etc.

Las cosas de la Navidad ¿Ya sabes a qué me refiero, no?

 

II

Después de realizar esta reflexión y recuerdo –procurando haber sido aséptico- considero que sí cabe dejar de lado todo lo malo, e incidir en lo bueno que tiene la Navidad.

Huelga decir que muchas personas estamos trabajando todos los días y no es que tengamos vacaciones, sino que no distinguimos laboralmente, un día festivo de uno ordinario.

Estamos en invierno. Y claro, esta circunstancia a ti, si eres un poco resiliente y los complejos adolescentes los has dejado atrás, te viene a dar igual. Al final piensas que cuándo la situación cambie, te podrás vengar haciéndote unas sesiones de esas que son como los largos interminables de una piscina, y que consisten en hacerte un viaje, un spa, unas entradas de teatro, visitar durante horas la Filmoteca Valenciana, leer y leer, cantar, o publicar todos los libros que tienes escritos (Son varios…). Pero no. No es así. No haces nada de todo eso porque tienes que cuidar de los niños, y ahí, en este punto es dónde entra la parte graciosa.

Cuándo tienes empatía, no sólo piensas en dos, tres o cuatro niños. No, esto no es así. Te sientes responsable y un día, en ocasiones en Navidad, sucede que te afilias a diversas ONGs para intentar salvar a todos los niños del mundo. Y luego piensas que te devuelven algo de la pasta que donas, y bien, pero, ¿hay bastante con lo que donas? No. Claro que no.

En referencia a lo qué puedes hacer y lo qué no, muchas personas colaboran, pero no las suficientes.

Me hace gracia cuando publicamos algún cartel, fotografía o slogan, de alguna de las ONGs, el poco caso con que son recibidos. Personas variadas te reflejan sus miradas de soslayo, como diciendo: ¨Este chico tiene buenas ideas pero no sabe bastante. No se da cuenta que es imposible cambiar el mundo…-¨ Pero si puede cambiarse…

Y si tengo tiempo, y pongo en una balanza estas publicaciones, frente a otras que son, digamos para no ofender a nadie, algo superficiales, vacuas, o sencillas, ganan siempre por goleada las últimas.

Pero bueno, cada cual que sea feliz cómo quiera o pueda. Estamos en nuestra calurosa Navidad.

 

III

La Navidad es como un bucle pero los años pasan por decenas ¿Por qué? Esa es la pregunta pero sin respuesta; solo algunas razones nos llevan a nuestra Navidad de Infancia, por ejemplo cuando nos vemos atrapados en teatros de ¨titelles¨; escuchando cuentos y canciones de hace tiempo;  iluminación de colores y sabores de diversos turrones; y todo lleno de niños. Los críos, alucinan –bueno, alucinamos niños y niñas- con esto y devoramos gofres, castañas y maíz asado.

Vas con los abrigos, con gorros y guantes; hay que tener en cuenta que Valencia es grande; o sea, no es Madrid o Barcelona, vale, pero sopla ese viento fresco que el mar dirige desde el puerto y las playas hacia las calles, recorriéndolas todas e impulsando a que las personas se replieguen sobre sus abrigos o sus chaquetas. Un feliz frio navideño.

Y por ahí vas tú, fijándote y observándolo todo; solo o acompañado; trasegando las calles llenas de luces y contemplando algún atemperado borracho, que entre esfuerzos, trata de no salirse demasiado de su imaginario carril.

Un Platón descabalgado.

 

Así vamos felices y en las ferias todos sonreímos –bufanda en cuello- pese a los viajes a tres euros. Pero a mí, como supongo que te puede suceder a ti, en estos días me da igual. Y conste que soy conservador para el dinero, neoliberal en mi parte racional y laboral, y socialista en mi concepción del deseo del reparto equitativo de la riqueza.

Pues de esta guisa (siendo arcaica expresión, pero adecuada a estas entrañables fechas) o de este modo, pasan los días y la ilusión infantil, es la que te contagia de constantemente, y te hace olvidar en parte, la desigualdad social.

Y con estos anhelos y esperanzas que son intangibles pero que nos son tan preciados, vamos tirando; de lo contrario, de no haber Navidades, los realistas convencidos no tendríamos otra posibilidad que, sumergirnos en tentaciones médico-químicas para sentir menos dolor y sufrimientos a causa de esta existencia tan efímera para nosotros que nos recuerda que ya no estamos todos a la mesa.

Dicho esto; y ahorrando cualquier lujo de detalles, plasmo en estas líneas las ganas de ver a los nanos y a las nanas inundando todas las calles; al mayor número posible de gente por los cines, teatros, restaurantes y centros comerciales, porque esa vida, ese hacer colas infinitas, es lo que deseo y espero. Y los que se quedan en casa, o estén en hospitales, o trabajando… Que intenten estar lo mejor posible y que ojalá se les transmita la alegría, los ánimos, y la fe en algo llamado Navidad…

IV

Yo creo que no me gustaría volver a ser un niño. Ese tiempo de nostalgias ya me pasó. Pero si creo que sólo por conocer más y mejor a los míos, me gustaría volver atrás en el tiempo, y revivir cada momento una y otra vez; todos los días y a todas horas. Respirar su aire y estar cerca de ellos, olerles la piel, llevarles a las playas en verano y en invierno, siempre cómo en una pequeña pantalla, me encontraría observándoles cómo tocan los juguetes recién abiertos, los instrumentos, cantando villancicos, y ensuciándose con algodón de azúcar sus caras que, frescas al aire, me recuerdan que todos los sueños son posibles.

Supongo que a ti te ocurre lo mismo.

Ojalá, aunque nos parezca una exageración todo el montaje navideño, pudiésemos ver el lado positivo de las cosas y nos contagiásemos todos y todas de esta sensación optimista que nos brindan los niños.

Sé, y sabes, que a muchos nos puede molestar el exceso de marketing de todos estos días, pero creo  en el fondo que si es posible notar y sentir como el clima relacional mejora.

Para muchos niños -que no para todos-, se cumplen los deseos que esperan durante tanto tiempo. Solo por eso ya vale la pena.

Eso era lo que quería decirte.

Y si has llegado hasta el final, tengo claro que te gusta aprender, enseñar, jugar y estarte quieto mirando por la ventana; reír y llorar, irte de viaje y entrar a casa, hablar tras discutir con los tuyos, leer y observar. Vivir, vivir mucho tiempo sería mi deseo, para mí y para todos. Y que estuviesen aquí los que ya se hallan en el cielo, en las memorias y recuerdos, o allá dónde se encuentren…

Tener siempre ganas de estar bien, y de sentirme joven y fresco. Sincero y seguro, bailando, mientras espero que sean las nueve de la noche,  cantando frente al espejo, esperando que a ti, no se te vayan nunca las ganas de vivir la vida.

Eso es lo que quería deciros.

Ángel J. García Moreno (20/12/2019)