La dolçaina protagonista del cartell de la Festa de la Mare de Déu

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    Es la primera vez que uno de los instrumentos musicales de la Festa es el protagonista del cartel

     

    Una dolçaina con los colores de las dos muixerangues de Algemesí anunciará la Festa la Mare de Déu de la Salut 2019

     

    «Dolçaina», la obra presentada el diseñador gráfico Cristóbal Aguiló, nacido en Bromley Kent (Reino Unido), ha sido la ganadora del concurso de carteles 2019. Aguiló lleva 30 años vinculado a la ilustración y posee su propio estudio de comunicación gráfica en Cartagena.

    Desde 2011 ha  sido objeto de una amplia lista de reconocimientos como cartelista ya que ha ganado 110 premios de variados eventos festivos: carnaval, fiestas populares, ferias, carreras deportivas, festivales de música, de teatro, fiestas mayores entre otros. Aguiló tiene un amplio historial relacionado con las fiestas de Algemesí, ya que ha sido finalista en tres ocasiones de la convocatoria de la Festa de la Mare de Déu, y ganador en dos ocasiones, incluida la de este año, del concurso de carteles de la Semana de Toros.

    Es la primera vez que uno de los instrumentos musicales de la fiesta es el protagonista del cartel de esta celebración declarada por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

    En Algemesí  está la primera escuela valenciana de dolçaina y tabal, y en el caso de la procesión de la Mare de Déu de la Salut, no podríamos plantearnos la mayor parte de los bailes y los rituales sin el sonido de estos importantes instrumentos. Son el alma de la danza, los que marcan los pasos, los que emocionan al muixeranguer y a la muixeranguera, así como los bailarines de cada una de las danzas, y su sonido es el hilo invisible que une espectador y participante en una comunión perfecta de sensaciones individuales y colectivas.

     

    Las crónicas escritas más antiguas sobre dolçainers en Algemesí datan de los Libros de Cuentas de la Villa de 1733, que hablan de la liquidación de su sueldo. La Feesta de Algemesí ha contribuido a la valoración y recuperación de este instrumento más allá de las fronteras locales. En 1973 no había suficientes dolçainers para abastecer la demanda de músicos que necesitaban a los rituales y danzas de la procesión. Como respuesta a este déficit, el Ayuntamiento de Algemesí creó la primera escuela de tabal y dolçaina. Se añadieron hombres y niños de distintas edades, pero también se añadieron niñas y mujeres, algo poco común en aquella época. En la actualidad hay matriculados alumnos de diferentes localidades y numerosas poblaciones tienen grupos de dolçainers i tabaleters formados en Algemesí, y que a su vez han creado en sus localidades sus respectivas escuelas formativas.