Entorno y emociones positivas / Ángel J. García

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Ángel J. García
Ángel J. García

Proporcionar a los otras personas un reflejo positivo de nuestros actos, nos engrandece.

Todas las personas, salvo aquellas que conviven de mal modo consigo mismas, han dejado alguna vez en su vida, de creer en sus posibilidades.

Lo más normal, que a la larga se convierte en lo más lógico, en cuánto esto les haya podido sobrevenir, habrá tenido a otra persona, que le haya inducido a consolidar un guion más positivo en su vida.

En palabras de George Bernard Shaw: ¨El ser no debe ser un montoncito febril y egoísta de malestares y molestias que se queja de que el mundo no se consagra a hacerlo feliz¨.

La persona con tendencia a la victimización y al pesimismo, se podrá esconder detrás de la máscara de alguna frase hecha, tópica y a su vez limitadora del tipo: ¨-Yo lo he hecho todo solo (o sola)-¨.

Podría colar en determinados contextos, personas o circunstancias puntuales, en que una capacidad de comprensión, entendimiento e interpretación de la comunicación verbal y no verbal, presentan una competencia reducida.

Sin alejarnos de los primeros párrafos del artículo, conviene reseñar que cuándo nos detenemos a observar en nuestro interior, y de algún modo aprendemos a distinguir las dimensiones que comprenden el todo, que es un ser humano -y evitando sumar por partes para no caer en un determinismo campechano-; una de dichas dimensiones, es la emocional y social.

A nuestro alcance tenemos la posibilidad de experimentar ambas dimensiones, emocional y social, al tiempo que demostramos con nuestro reflejo, cómo estamos por dentro.

La inseguridad sigue unos cauces de actuación y de verbalización determinados, y es bueno que cada persona los descubra por sus propios medios…Si esto no le resulta fácil, lo suyo es asesorarse y confiar los debates internos que pueda tener, con un profesional adecuado.

Por otro lado, a modo de orientación personal, recalcar en este espacio que la seguridad en uno mismo, pasa primero por el propio respeto que nos debemos como personas, pero inmediatamente por nuestros semejantes y por la defensa de todo aquello que nos rodea: Familia, trabajo, vivienda, educación, formación, vecindario, etc.

La conciencia de pertenencia a un lugar como nuestro Ribera Alta, o nuestra provincia, Valencia, a mí me hace sentir orgulloso. No trato únicamente de, como diría Eldon Tanner exponer que ¨el servicio es la renta que pagamos por el privilegio de vivir en esta tierra¨, pero sí nos interesa recordar que cuando los recursos son limitados, es preferible no hacer un uso negativo -o excesivo- de éstos.

El principal recursos somos nosotros mismos, lo que hacemos, sabemos, representamos y lo que somos como personas.

Por ello, cabe señalar la importancia de reconocer los lugares y momentos comunes que transmiten seguridad personal cuándo alguien en algún momento se siente más débil pero no se atreve a decirlo, o cuando no lo está pero se siente bien frente a todo lo conocido.

La belleza de lo cercano es un buen barómetro para calibrar nuestro equilibrio emocional; por tanto, el respeto que tenemos para con nosotros mismos lo demostramos con el tratamiento que nos merece todo aquello que excede a los límites de nuestra persona.

Si cuidamos el entorno –o más ampliamente expresado, el Medio Ambiente Humano-, estaremos dando señales de nuestro bienestar interno y al mismo tiempo, nuestro ejemplo será visible para toda la diversidad de sectores de la población. Luego, cada uno hará lo que sabrá, pero mejor quedarse con la conciencia tranquila y sabiendo que hemos hecho las cosas de la manera más óptima y satisfactoria posible.

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía.

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual.

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