Alzira vol demostrar que Jaume I va morir a la Vila

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La casa on sembla va viure i morir Jaume I
La casa on sembla va viure i morir Jaume I

El Ayuntamiento de Alzira quiere recuperar la figura del monarca y su relación con la ciudad con una actuación arqueológica en la que fuera la casa Real

Hoy es un solar en el casco antiguo de Alzira pero hubo un tiempo, antes de que la maleza se apoderara de cada uno de sus rincones, que una sólida torre se alzaba imponente sobre la ribera del Xúquer. Apenas unos metros de pared en el centro histórico han permitido corroborar su importancia ahora, más de 700 años después. Durante el siglo XIII, el edificio, hasta hace unos años olvidado, albergó uno de los episodios fundamentales de la historia de la Comunidad Valenciana: el último aliento del rey Jaume I.

El Real o la Casa de la Olivera, según apuntan los historiadores, fue el lugar donde el rey, fundador del Reino de Valencia, falleció después de tomar los hábitos de San Bernardo y de haber abdicado en su hijo Pere III de Aragón y I de Valencia.

Ocurrió el 27 de julio de 1276 aunque las crónicas no aciertan a aclarar las causas de la muerte. Unos, apunta Agustín Ferrer, arqueólogo municipal de Alzira y director del Museu Municipal (MUMA) a los pies del último vestigio de la residencia real en Alzira, creen que murió en sus aposentos tras una larga enfermedad provocada por su edad. Otros, por contra, apelan a la épica y aducen a una herida en la cabeza fruto de un escarceo militar en los alrededores de Xàtiva, donde había acudido para sofocar una sublevación. La leyenda, además, añade otro elemento al que, sin embargo, los historiadores no ofrecen demasiada credibilidad: que el rey, ya herido de muerte y consciente de que vivía sus últimos días, trató de regresar a Valencia y se desplomó donde hoy se levanta la cruz cubierta de Alzira, a las afueras de la ciudad.

Mitos aparte, los documentos y la tradición oral permiten desmentir al Llibre dels Fets (la biografía de Jaume I), que ubica el fallecimiento real en la ciudad de Valencia. Los escritos confirman que el 27 de julio, cuando se produjo el óbito, el monarca se encontraba en Alzira, justo donde hoy el Ayuntamiento ha localizado el lugar donde se encontraba su residencia en 1276.

El alcalde de Alzira, Diego Gómez, ha comenzado a desarrollar un proyecto que reivindique el vínculo de Jaume I con la ciudad de Alzira. El primer paso girará en torno a la residencia del monarca que dio origen al Reino de Valencia y que le vio en vida por última vez, según reza la tradición oral. Aunque las arcas municipales no disponen actualmente de todo el presupuesto necesario para desarrollar una intervención completa, la intención de Gómez es impulsar excavaciones arqueológicas que saquen a la luz todas las evidencias de que en ese solar se levantó en la antigüedad la casa donde habitó en reiteradas ocasiones Jaume I.

El proyecto, sin embargo, no se limita a la recuperación de un edificio histórico sino que reivindica la vinculación de toda la ciudad con la figura real. Alzira fue (y así lo atestigua la inscripción en el escudo de la ciudad) la llave que abría y cerraba el Reino de Valencia por el sur.

Paso imprescindible para cruzar el Xúquer, la isla fortificada en la que se ubicaba la población se ha ido transformando con el paso de los años hasta prácticamente perder su fisonomía histórica. Hoy, de hecho, los brazos del Xúquer que rodeaban la ciudad han sido cubiertos e incorporados al núcleo urbano como nuevos viales. En cambio, Alzira sí conserva un testimonio de su pasado medieval: un tramo de la antigua muralla que se extiende a lo largo de unos 400 metros con once torreones. Las actuaciones urbanísticas desarrolladas desde finales de los 70 han ido ‘desacoplando’ los edificios que se respaldaron en la muralla para abrir un corredor junto a la primigenia barrera defensiva. Se trata de abrir un espacio peatonal para que los visitantes puedan admirar uno de los vestigios medievales de la ciudad de la Ribera.

Más vestigios

Al atractivo turístico relacionado con la figura del monarca, Alzira también añade la cruz cubierta que todavía se alza en las inmediaciones de la ciudad. La leyenda (y todavía muchos alzireños) establece que el punto donde ahora se erige el monumento fue donde Jaume I dio el primer paso hacia la muerte. Según la tradición oral, la cruz pretendía simbolizar este hecho histórico aunque los estudiosos apuntan a que se trata de un vínculo con escasa, por no decir nula, base real. Pese a todo, la relación de la infraestructura con el rey, ficticia o no, la convierte en un elemento con atractivo turístico propio.

Donde sí está constatado este vínculo es en la iglesia de Santa María, de la que todavía hoy se sostienen algunos restos en pie que demuestran su antigua ubicación. Probablemente levantada sobre la antigua mezquita de la alcazaba, fue la primera iglesia abierta al culto cristiano de acuerdo a la orden de Jaume I, que quiso dedicarla al culto del misterio de la Asunción. Una arcada con una inscripción es, con todo, el último vestigio del que fuera el más importante centro religioso del municipio desde la conquista de la ciudad a manos del rey. Los restos regios permanecen sepultados en el Monasterio de Poblet en aras a su última voluntad. Pero su deseo no siempre fue ése. De hecho, dejó escrito antes de esta última voluntad que si fallecía en Alzira fuese enterrado en esta iglesia.

La propia casa consistorial así como el MUMA evidencian también el paso de Jaume I por la localidad ribereña tras la rendición de la ciudad y su entrada triunfal la víspera de San Silvestre de 1242. El monarca no necesitó sitiar la ciudad puesto que las autoridades musulmanas decidieron rendirla sin ofrecer batalla. El rey, en virtud del acuerdo, reclamó la alcazaba (ciudad antigua) y determinadas casas de la ciudad. Entre ellas, la torre y las viviendas anexas que sirvieron de casa real y que ahora el Ayuntamiento de Alzira pretende poner en valor con una intervención decidida.

Las referencias a la figura del conquistador se pueden encontrar también con facilidad en la que fuera casa de los jurados, es decir, donde se tomaban las decisiones de ámbito municipal y que hoy ocupa la actual corporación. El salón de plenos, de hecho, está presidido por el retablo de San Silvestre, un homenaje que recuerda el día en la que la ciudad fue tomada por los cristianos capitaneados por Jaume I. En la imagen, de 1597, se pueden observar a San Silvestre junto a las figuras del ángel protector, custodio de la villa real, y la imagen de San Gregorio, defensor de la localidad contra las inundaciones continuas que sufría una ciudad abrazada por el Xúquer.

La recopilación histórica de la ciudad que se localiza en el Museo Municipal también da muestra de la proximidad de la ciudad con el monarca. Entre las piezas exhibidas hay una referencia a Los últimos momentos del rey Jaime I de Ignacio Pinazo, donde se puede observar al monarca en su lecho de muerte con el infante Pere a sus pies en presencia de sus nobles.

La centralidad de Alzira en la vida de Jaume I (y también en su muerte) se observa por la nueva corporación municipal como una oportunidad para impulsar más elatractivo turístico de una ciudad con un vasto pasado histórico.

El Mundo

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