Un veí d’Algemesí ferit greu en els sanfermins de Pamplona

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  • Otro valenciano fue ingresado en el hospital tras sufrir una luxación en el hombro en una carrera accidentada por el aumento de asistentes

El quinto encierro de los sanfermines, el más peligroso hasta la fecha por el aumento de asistencia propio de un sábado, se saldó con nueve personas heridas, cuatro por cornadas. Una de ellas es un residente en Algemesí natural de Museros, de 35 años, que fue alcanzado en el tramo de Telefónica. Sufrió una herida de gravedad en la parte posterior de la pierna, por lo que fue ingresado en el Complejo Hospitalario de Navarra.

El pronóstico de J. M. C. es reservado. El parte médico apuntaba que el asta penetró por la cara medial del muslo derecho, causándole un hematoma en la zona del paquete vascular y un pequeño desgarro en la vena femoral. Además, ha sufrido una sección parcial de musculatura isquiotibial. Por su parte, otro joven de Valencia resultó herido con una luxación en el hombro. De 27 años e identificado como R. R. C., recibió el alta hospitalaria ayer mismo.

En cuanto al vecino de Algemesí, fuentes municipales explicaron que formaba parte de una comitiva de unos treinta o cuarenta aficionados que aprovecharon el fin de semana para acudir a Pamplona en un desplazamiento organizado por una peña. Pepe el de Museros, como se le conoce, es habitual de los festejos del municipio.

Afortunadamente para el corredor, la cogida se produjo a la altura del puesto de Cruz Roja, por lo que fue rápidamente atendido y se le realizó una primera cura de máxima urgencia para frenar la hemorragia. El astado, de la ganadería de José Escolar, había embestido al grupo que se concentraba junto a la valla.

Otros dos de los corneados son estadounidenses, uno de ellos con dos penetraciones de entre ocho y diez centímetros. El último, natural de Tarragona y de 47 años, fue alcanzado en la misma zona que el vecino de Algemesí y presenta una herida de tres. En cuanto a los contusionados hay un traumatismo craneofacial, luxaciones de articulaciones y una fractura de clavícula.

El encierro fue especialmente accidentado por la disgregación de la manada y por la especial afluencia de corredores. Los heridos que ayer recibieron el alta se expresaron en este sentido. «Las consecuencias de correr en sábado se pagan», dijo de forma gráfica Manuel Knecht, residente de Irún y de 30 años.

«Había muchísima gente, al ir a quitarme del primer cabestro y del toro, al intentar salir para dejarle pasar y volverme a meter, me he tropezado con un montón que había a un lado», describió Iván Martín, de Madrid (37 años). Brian López, experto corredor procedente de Barcelona, señaló que con tanta asistencia «se multiplican los nervios». «Por más que quieras ir al toro la gente se queda a los lados, en cuanto te giras te encuentras alguien delante y te caes, no puedes seguir corriendo ni hacer una carrera larga. La gente va empujando y pegando golpes, y si te pueden pisar, te pisan», dijo.

El encierro tuvo una anécdota inédita pues uno de los astados, al llegar a la línea roja que indica hasta dónde pueden bajar los mozos, se volvió a los corrales, donde permaneció sin hacer el recorrido.

Las Provincias

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