La guindilla, el nuevo milagro antigrasa

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Si hay algo que reconocer al ser humanoes su tenacidad. Sabemos de sobra que la única clave para adelgazar es seguir una alimentación equilibrada y hacer ejercicio, pero no cejamos en nuestro empeño de buscar fórmulas mágicas. Que si la paleodieta, que si comer normalmente cinco días y ayunar otros dos, que si los superalimentos como el kale… Ahora, la cosa se pone picante en el mundillo de las dietas y no es una forma de hablar.

La guindilla se ha convertido en el último producto en el que miles (que digo miles, ¡millones!) de personas han depositado sus esperanzas de acabar con las lorzas. Pero, ¿qué es lo que tiene la guindilla para poder ejercer ese efecto sobre nuestro abotargado y flácido cuerpo?

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La clave es la capsaicina, un componente que incluso se está comercializando en cápsulas por sus propiedades antiinflamatorias o analgésicas. Pues bien, además, posee la capacidad de acelerar nuestro metabolismo sin necesidad alguna de tomar calorías. ¿Y dónde se encuentra este componente? Pues en la guindilla, entre otros alimentos, claro está.

El descubrimiento ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Wyoming, que han explicado como la capsaicina tiene la propiedad de estimular la termogénesis y la quema de energía activando sus receptores. “La obesidad esa provocada por un desequilibrio entre la toma de calorías y la disipación de la energía”, explica Vivek Krishnan, miembro del equipo del doctor Baskaran Thyagarajan, responsable del hallazgo. “En nuestros cuerpos, las células de grasa blanca almacenan energía y las de grasa marrón se encargan de quemarla. Comer alimentos ricos en calorías y no hacer ningún tipo de ejercicio físico acaban provocando un desequilibrio en nuestro cuerpo que da lugar a la obesidad”.

Tras esta explicación, Krishnan cuenta el experimento que les ha llevado hasta estas conclusiones sobre la guindilla: “Alimentar a ratones con una dieta rica en grasas con un 0,01% de capsaicina no redujo de manera significativa la cantidad de comida o agua que consumieron, pero sí que incrementó su actividad metabólica y su gasto de energía”. La hipótesis de los investigadores es que la capsaicina induce la quema de grasa blanca y estimula la termogénesis. “El objetivo principal de nuestro trabajo es el de ahondar en el conocimiento del mecanismo por el que la capsaicina se enfrenta a la obesidad, con el fin de poder lograr la demostración del potencial de la capsaicina en este terreno”, concluye.

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Sobre la manera de consumirla nada dicen los expertos… aunque quizá la clave sea incluirla en guisos, sopas o en tapas creativas. Hay que recordar que puede consumirse fresca, seca, machacada en polvo… Todo sea por mantener a raya esos kilos de más… aunque luego nos arda la boca.

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