Monumentos vivos / Opinión: Pedro Domínguez

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Los seres humanos nos asombramos y nos alegramos cuando vemos monumentos históricos como las pirámides de Egipto, las de Chichén Itzá en México, la Gran Muralla China o el Partenón de Atenas. También cuando contemplamos cuadros o esculturas como la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, las Hilanderas de Velázquez, el David de Miguel Ángel o el Pensador de Rodin. Y es lógico porque suponen un trabajo magistral, una gran obra en lo que se refiere al arte, la técnica y la paciencia humana.

Pues de la misma forma deberíamos emocionarnos cuando vemos árboles milenarios o centenarios, que son verdaderas obras maestras de la Naturaleza. Esos monumentales Sequoyas de Norteamérica, que alcanzan hasta 28 metros de circunferencia en el tronco, medidos a 1’5 m sobre el suelo; el inmenso Ciprés Moctezuma del Tule, con unos 36 metros de cintura; el Baobab gigante de Senegal, con más de 30 metros, etc. ¡Qué magnífica ingeniería la de estos árboles capaces de subir agua y minerales hasta sus altísimas copas, que a veces superan los 100 metros de altura, para repartir luego los hidratos y alimentos que producen mediante la fotosíntesis en sus hojas por todo el árbol, alcanzando hasta la última célula de sus raíces! Son maravillas biológicas.

Nosotros también tenemos aquí monumentos arquitectónicos como las Torres de Serranos, la Lonja de Valencia o el palacio del marqués de Dos Aguas. Y obras de arte tan dignas de admiración como los cuadros de Ribera y de Sorolla o la Dama de Elche.

Análogamente tenemos árboles tan magníficos como la Morruda, un olivo de Segorbe de 1500 años de edad, que fue plantado a principios de la Edad Media; la Carrasca de Culla, con 6’4 m de cintura y unos 500 años, que nació en pleno Renacimiento; el Algarrobo del Barón, con 8 metros de circunferencia troncal y unos 300 años de edad, de la época del Barroco; el Pino de la Dehesa, el Castaño de Almedíjar, el Olmo de navajas, los Ficus de Valencia, etc. Son ciertamente monumentos biológicos que deberíamos cuidar tanto o más como cuidamos un cuadro de Velázquez o la Alhambra de Granada, por su belleza singular y porque su duración es limitada.

En ese sentido, para conocerlos, disfrutar de ellos y concienciar sobre la necesidad de protegerlos, en La Ribera en Bici dedicamos la actual serie de ciclorutas a visitar los árboles monumentales de nuestra comarca. Y este domingo, 11-01-15, iremos a ver el Pi Redó, situado a unos 7’5 km de Alzira; en bici, sin prisas y por caminos rurales llanos.

Pedro Domínguez Gento

 

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