17 ecologistas pueden ir a la cárcel / Opinión: Pedro Dominguez

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¿Recordáis la acción de Greenpeace el 15 de febrero del 2011 en Cofrentes?

Al amanecer, veinte activistas penetraron en el interior de la central nuclear (CN), seis escaladores subieron a una torre de refrigeración de 125 metros de altura y pintaron el mensaje «PELIGRO NUCLEAR»; otro grupo desplegó una pancarta con el lema «COFRENTES: CIERRE YA». El objetivo era protestar pacíficamente y llamar la atención pública para que el gobierno no alargara el permiso de funcionamiento a esta CN que caducaba ya ese mismo año, tras haber cumplido todo el período para el que había sido diseñada. La acción demostró también el escaso nivel de seguridad que hay en las centrales nucleares respecto a un posible ataque terrorista.

Y como para corroborar el enorme peligro que tenemos en Cofrentes, apenas un mes después de la acción anterior ocurrió el accidente de Fukushima, dejando nada menos que tres reactores fuera de control, que han ido vertiendo al mar millones de litros de agua radiactiva y que a día de hoy todavía no están del todo controlados ni aislados; la población tuvo que abandonar sus casas, escuelas, hospitales, campos y fábricas en 20 km a la redonda. ¿Imagináis qué pasaría en Valencia, Albacete, Alicante, Castellón, etc., si reventara la achacosa CN de Cofrentes? ¿Qué nos pasaría a los ribereños, al Xúquer, a nuestra agricultura y al turismo si la CN sufriera un accidente muy grave, como el que estuvimos a punto de sufrir en Vandellós I el 19 de octubre de 1989? Por cierto que la CN de Cofrentes ya ha sufrido 102 incidentes significativos y 25 paradas no programadas, y su sistema de contención es del mismo tipo que el de Fukushima, un Mark III…

Pues bien, a pesar de los precedentes y de lo que estaba ocurriendo en Japón, un país con más tecnología que nosotros, a pesar también de que en Alemania la derechista Merkel aprobó el abandono de la energía nuclear, el gobierno español cedió a los deseos de los avariciosos ejecutivos eléctricos (¿por qué sería?) y alargó otros diez años el permiso de funcionamiento de la CN de Cofrentes. Paralelamente los activistas de Greenpeace fueron denunciados y ahora los fiscales, que en vez de acusar defienden a princesas y banqueros corruptos o a criminales franquistas, les piden a los ecologistas casi 3 años de prisión y 360.000 € de multa por defender la salud pública y ambiental de media España. Su juicio se celebrará a partir del día 4 de diciembre en Valencia, otra vergüenza más para los valencianos.

Esto ya es el mundo al revés: los más corruptos gobiernan la nación mientras recortan derechos y servicios, robándonos a todos el bienestar con sus medidas retrógradas e irresponsables; los tribunales dejan en libertad a los mayores delincuentes y pretenden encerrar a quienes defienden la vida y la salud; los ejecutivos de las empresas que ponen en peligro a todo el país, con esas bombas atómicas en potencia que son las centrales nucleares, se forran a costa de los ciudadanos; los jueces que intentaron juzgar a los más corruptos y criminales han sido expulsados de la magistratura; y ahora este podrido sistema pretende encarcelar a 17 ecologistas simplemente porque se han atrevido a denunciar desde dentro de una central nuclear el grave peligro que suponen incluso para los que aún no han nacido, que tendrán que hacerse cargo durante siglos de los residuos nucleares que les dejemos en herencia. Increíble pero cierto.

No hay que olvidar tampoco que este 15 de noviembre hemos tenido otro caso similar en Canarias, donde la Armada española embistió a las lanchas de Greenpeace que denunciaban, pacíficamente como siempre, los riesgos que suponen las prospecciones petrolíferas: vertidos de petróleo sobre el mar y las playas, ruina de la industria turística, más calentamiento global con el nuevo petroleo, etc. Una de las lanchas resultó destrozada y tres compañeros heridos, una de los cuales tuvo que ser hospitalizada, y la cosa podía haber sido mucho peor porque la lancha militar se lanzó sobre la de los ecologistas y arrojó al mar a la compañera, hiriéndola con la hélice… De nuevo el mundo al revés, el ejército que pagamos los españoles defendiendo a las grandes empresas y sus negocios sucios, que nos ponen en peligro a todos los españoles. Y encima acusan a los compañeros de piratería y han inmovilizado el barco Artic Sunrise, de Greenpeace, hasta que depositen 50.000 € para una multa que podría elevarse hasta los 300.000 €. Todo para mantener los milmillonarios beneficios de las corruptas empresas de la energía porque en las islas nadie quiere las prospecciones excepto el ministro Soria y el gobierno de Rajoy, que sólo tienen oídos para Repsol y las Eléctricas, para el pueblo están sordos, una sordera sospechosamente selectiva.

Vaya pues desde aquí nuestra solidaridad con los compañeros de Greenpeace, porque son víctimas de la represión gubernamental y porque tienen toda la razón al protestar contra este modelo obsoleto basado en las energías más sucias. Y también nuestra repulsa contra un gobierno autoritario, caduco y en avanzado estado de descomposición; en cualquier país con una democracia mínimamente decente hace tiempo que habrían dimitido todos en pleno por los numerosos escándalos de corrupción que los salpican, pero aquí no dimiten ni aunque los pillen in fraganti. ¡Qué pena de país!

A veces me imagino al gobierno y prácticamente a todo este sistema como una enorme bestia, estúpida y agonizante, que mientras cae va pegando violentos coletazos que destrozan aquello que tiene alrededor… Una mala bestia que permite las perforaciones marinas y el fracking terrestre, que ha alargado otros 10 años más el funcionamiento de las peligrosas y contaminantes centrales nucleares, que sabotea la energía solar con el peaje de respaldo, que quiere llevarse la poca agua que le queda al Xúquer para que especulen con ella en el sur, que está dejando el país arruinado y endeudado hasta lo insostenible para que los poderosos sigan hozando entre millones… ¡Cuánto mal puede hacer todavía este monstruo hasta que caiga definitivamente!

En fin, de momento hemos de tejer una red de solidaridad alrededor de los 17 ecologistas represaliados para impedir que acaben en la cárcel y adherirnos también a la Campaña de Greenpeace “Misión Cofrentes: Artículo 45. ¡Defender el Medio Ambiente es un DEBER. Protestar, nuestro DERECHO!

Pedro Domínguez Gento

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