Aulas que son saunas

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La Comunidad Valenciana ha sido la primera, y la única, en España en adelantar las clases para Primaria y Secundaria al día 3 de septiembre. Decisión de la consellería de Educación que ha coincidido con una fuerte ola de calor, lógica en estas fechas, que ha provocado no pocas situaciones desagradables en las aulas de cientos de colegios e institutos: desmayos de profesores y alumnos, suspensión de clases, niños en las aulas con bañador y otras imágenes que no han transmitido la normalidad que se espera al inicio de un curso escolar. La situación, que podría continuar en los próximos días, ha generado muchos titulares y ha reabierto el debate sobre si fue o no una buena decisión adelantar de manera radical el calendario; porque junto a los problemas de la calima se han detectado otros para organizar las actividades y las aulas en sólo dos días (hay alumnos que aún se están incorporando, y en muchos centros se están reubicando profesores) o el hecho de que no han llegado los libros de texto.

CataladescargaSoy de la opinión de que adelantar las clases tiene, como toda decisión, aspectos positivos y negativos; y en lógica no hay modelo perfecto. Sin duda a muchos padres les viene bien que sus hijos se incorporen lo antes posible a las aulas una vez han iniciado su periodo laboral; y a otros no, pues les ha obligado a adelantar sus vacaciones. Pero da la impresión de que este cambio de modelo de inicio de curso, si tan importante era, debería haberse hecho de forma progresiva y, además, previendo las consecuencias del calor. La consellera de Educación y Cultura, María José Catalá, un valor en alza del PP valenciano y de probada capacidad, parece haber querido forzar demasiado a un sector al que pertenecen miles de profesores y centenares de miles de alumnos, un mundo extremadamente sensible y posiblemente uno de los colectivos que se sienten más agraviados por las últimas políticas del PP. Es decir, cualquier decisión que afecta a tanta población de manera directa, y más aún porque hay miles de niños muy pequeños, debería adoptarse dibujando previamente escenarios posibles, buenos y malos; y esto parece que no se ha hecho.

Porque, por ejemplo, no existe ningún protocolo en el sistema educativo valenciano que indique a qué temperatura se debe suspender o cambiar una clase, ¿a 27 grados, a 30 grados a 35 grados? Habría que recurrir a la normativa en materia laboral como único marco posible sobre cuándo o no se puede estar en un sitio, lo que genera no poca confusión. Es decir, al final, es decisión de los directores de colegios (como subrayó la propia consellera), lo que ha provocado que unos las mantengan y otros no cuando en las aulas la temperatura superaba los 30 grados, y sé de lo que hablo porque mis hijos lo han sufrido. Hubiera sido deseable que la consellería hubiera preparado un plan de acción ante el efecto adverso de un clima, esto sí, previsible en las fechas en las que estamos. Más aún cuando muy pocos centros (públicos y concertados) cuentan con sistema de climatización para vencer al calor (son caros, generan no pocas dudas sobre salubridad y exigen un mantenimiento costoso; y eso sin contar los 15.000 alumnos que estudian en barracones o los problemas de los patios sin sombra). La consellera advertía el viernes que si se suspenden muchas clases por el calor no se cumplirá el programa anual de horas de docencia, que la Lomce ha ampliado. Ese no puede ser el argumento, porque se trata de factores extraordinarios que obviamente no dependen de la consellería, pero tampoco de los centros educativos. En resumen: la seguridad de las personas, y su bienestar, está por encima de todo, aunque esto supongan suspender uno, dos o diez días de clase. Y un dato: más días lectivos no significa mejor calidad educativa; hay otros factores como la formación del profesorado o la configuración de las materias que inciden más en este asunto.

A veces uno tiene la sensación de que el PP valenciano quiere ser, y disculpen la expresión, más papista que el papa. Que se quiere ser el primero en todo para contentar a la dirección nacional del PP y del Gobierno que preside Mariano Rajoy. Han querido ser los primeros en aplicar la Lomce, en cerrar empresas públicas (como RTVV), en realizar recortes, y todo este esfuerzo, y sus consecuencias, no se traduce en que el Gobierno mime más a la Comunidad Valenciana, sino todo lo contrario: es evidente e insultante el ninguneo del ejecutivo de Rajoy, tanto en forma como en contenido. ¿De verdad era tan importante adelantar el calendario escolar? ¿No hubiera sido mejor aplicar el adelanto del curso escolar en dos o tres años, es decir, de forma progresiva, adelantando uno o dos días por año y testando la decisión en una zona geográficamente tan cálida en verano como es la Comunidad Valenciana (ni en mayo ni en junio se suelen alcanzar estas temperaturas? ¿No hubiera sido mejor tener un plan de acción ante el calor excesivo buscando soluciones, como evitar clases a partir de las 12 del mediodía? ¿Para qué tanta prisa en cambiar las cosas? Es como el libro de “Cultura Valenciana”, que se ha improvisado en poco tiempo e impuesto como una asignatura de Primaria: no gusta a nadie, ni a izquierda ni a derecha. No sólo lo digo yo, basta ver lo que opinaban dos reputados periodistas valencianos como Pablo Salazar de Las Provincias y Julio Monreal del Levante-EMV sobre este texto.

Por último, el plan de la consellería, lejos de poder rubricarse como un éxito, ha significado un fuerte dolor de cabeza para el departamento de María José Catalá. Justo en el comienzo de un año electoral clave para el PP en la Comunidad Valenciana y para Alberto Fabra. La buena política exige una correcta gestión de los recursos públicos y de una inteligente implantación de las normas que afectan a centenares de miles de ciudadanos. Tal vez, y sólo tal vez, con un poco más de prudencia y planificación todo habría salido mucho mejor para la consellería, para los profesores, para los padres y para los alumnos; pero parece que algunos tenían prisa por hacer algo que, al fin, no ha resultado como se esperaba. Una pena.

Salvador Enguix / La Vanguardia

4 Comentarios

  1. Que los maestros quieren seguir con las prebendas de sus excepcionales vacaciones, no les hagáis trabajar porque se enfadan y protestan. Y lo peor es que arrastran a los niños y los padres que se dejan engañar.

  2. Sí senyor! «La letra con la sangre entra». I ara també amb la suor. Per cert, vosté treballa amb aire condicionat? La Sra. consellera treballa amb aire condicionat? El Sr. President de la Generalitat treballa amb aire condicionat?
    Per cert, qui el paga? Els impostos dels pares i mares dels xiquets i xiquetes que van als centres educatius? Els impostos que paga el professorat?

  3. No willy, ara no tens raó. Això que penses es exactament el que pretén la Consellera, desprestigiar els mestres, enfrontar-los amb els pares sense tindre en conter el mal que això pot fer a la qualitat de l’ensenyament; i al mateix temps, utilitza els xiquets (hi han pares que duríen els xiquets a l’escola en agost per anar a la platja tranquilets) per a traure rendabilitat política.
    Suponc que quan parles de les prebendes dels mestres estas pensant en els que son funcionaris, sense ser mestre et puc relacionar uns quants arguments per aclarar la seva situació:
    – Quan aproven oposicions els envien a treballar a qualsevol poble de la Comunitat sense tindre en conter on viuen i si tenen família o no.
    – Treballen quasi tot el mes de juliol i comencen el dia 1 de setembre, en independència de si els xiquets van a classe o no.
    – La majoría d’ells, a mes a mes del horari que fan a l’escola (una hora mes que els xiquets) s’enduen treball a casa.
    – Son els funcionaris que, de la seva categoria, menys cobren.
    Tot això ho deuríen d’explicar ells al pares i no sé per que no ho fan.
    Estan desprestigiats, quan ens els païssos nordics, on tenen un ensenyament eixemplar, els mestres son la professió més reconeguda que hi ha.

  4. Els mestres tenen menys vacances que les que necessiten els alumnes. Treballen moltes hores a casa preparant classes i activitats, i aquestes hores són compensades, que no cobrades, posteriorment per vacances. És una salvatjada, la supressió dels exàmens de setembre i allargar les classes fins al juliol, amb els exàmens de recuperació i començar el 3 de setembre. El turisme ho ha pagat car (només cal preguntar a les platges de Tavernes, Cullera, Xeraco i Gandia, que han estat buides fins al 15 de juliol i al setembre no queda ningú. Els professors estan molt mal pagats pel coneixement que transmeten . És denigrant que un assessor polític cobre el doble que un mestre. el mestre realitza la seua professió de manera vocacional, sense importar en demasia el seu sou i si les condicions de treball. Al mestre li interessa el progrés i la professió de l’alumnat en igualtat de condicions, cosa que el partit que governa i els seus acòlits sempre els posen en dubte. Els governants actuals prefereixen el fracàs escolar per poder privatitzar un sector públic que els deixaria moltes comissions.
    Nota: Moltes vegades fa ràbia treballar amb polítics tan ignorantesque els importa un rave l’educació, però vosaltres, mestres, sou fantàstics i ningú podrà treure-us la il·lusió per ensenyar, i en la majoria dels casos, també, educar. GRÀCIES

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