¡Austeridad Sí, pero para tod@s! / Opinión: Pedro Domínguez

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Actualmente vivimos en España una situación de verdadera emergencia humana con más de 6 millones de parados, 12 millones de pobres, 3 o 4 millones de personas (niños incluidos) en la extrema pobreza, 400.000 familias desahuciadas, la mitad de los jóvenes sin trabajo, etc. A pesar de ello nos siguen diciendo que son necesarias más medidas de austeridad: rebajar el escaso salario mínimo, recortar las pensiones, alargar más la edad de jubilación y privatizarlo todo.

¿Pero realmente es cierto que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? ¿No hay más remedio que hacer lo que quiere la troika (Comisión Europea, BCE y FMI) y este gobierno? Pues bien, según el Informe Planeta Vivo de WWF entre 1961 y el 2007 la salud de los ecosistemas disminuyó en un 30%, proporción equivalente a la pérdida de riqueza natural, y la demanda humana sobre los recursos naturales aumentó más del doble; de modo que la población española necesitaba al final de ese período 3,5 Españas para mantener aquel nivel de consumo y la población mundial el equivalente a 1,5 planetas, algo absolutamente insostenible y absurdo porque sólo disponemos de un planeta y una España. Incluso económicamente nos hemos pasado porque el crecimiento continuo es imposible y ahora con las vacas flacas, inevitables en este sistema, no hay fondos para pagar las deudas de tantas obras faraónicas, urbanizaciones, polígonos industriales, inversiones especulativas, etc., que al final han llevado hasta la quiebra técnica a numerosas instituciones y empresas.

Resulta obvio que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero no todos por igual: los pobres difícilmente pudieron hacerlo porque a duras penas sobrvivían, las clases medias quizás un poco en algunas cosas pero sobre todo son las clases altas quienes han vivido muy por encima de lo razonable. De hecho el abismo entre los de arriba y los de abajo no ha cesado de crecer en España, que es el país de la eurozona con mayores diferencias entre los más ricos y los más pobres porque el 20% más rico de la población gana un 650% más que el 20% más pobre….

Tampoco somos todos igual de responsables. Quienes inflaron la burbuja inmobiliaria (causa principal de nuestro hundimiento económico) desde constructoras, gobiernos, bancos y Cajas son infinitamente más culpables que los ciudadanos de a pie, que apenas influimos en la macroeconomía. ¿Y por qué fomentaron la insostenible política megaconstructora? Pues porque inflaba el ego de gobernantes y gobernados, por aquello de aparentar ser más que los vecinos; porque permitía salir en las noticias inaugurando las obras faraónicas, y eso siempre sumaba votos; porque los responsables políticos y económicos tampoco tenían ideas nuevas e iban a lo fácil; ¿por las suculentas comisiones que caían por bajo mano, en sobres o colocaciones-chollos posteriores? El caso es que en España se han construido más aeropuertos, AVEs, autovías, urbanizaciones y ciudades de las mil y una historias que en Alemania y Francia juntas. Es increíble la estulticia, la avaricia y la imprevisión de nuestras clases altas, o al menos del sector que ha dirigido el país.

Al comenzar la crisis la deuda de las instituciones públicas todavía no era demasiado grande, pero bancos y Cajas quedaron con descubiertos enormes por sus inversiones inmobiliarias y como habían sido dirigidos por afines de los partidos gobernantes, éstos decidieron rescatarlos con el dinero de todos; y fue esa transferencia la que disparó la deuda pública, incrementada todavía más por los especuladores de los mercados internacionales y nacionales. Para tapar los agujeros negros de Cajas y bancos el gobierno pidió multimillonarias ayudas a Europa y la troika, dirigidas ambas por los banqueros alemanes, y a cambio del rescate aquellos exigieron recortes de todos los servicios y prestaciones públicas, con lo cual se favorecía a los financieros europeos y españoles. Así, entre los corruptos de dentro y los tiburones de fuera, han ido estrangulando nuestra economía y dinamitando nuestro mínimo estado del bienestar, dándose situaciones tan increíbles como que el BCE prestara dinero público a los bancos privados a menos del 1% y éstos lo prestaran a nuestro gobierno al 5% o más, a veces para rescatar a los propios bancos prestadores…

Y los mismos que propiciaron el hundimiento del país son quienes siguen exigiéndonos sacrificios y austeridad, personajes que cobran grandes sueldos y a menudo sobresueldos. Ellos se forran, a nosotros nos hunden y entretanto dejan que los responsables directos de la ruina de las Cajas, que también estafaron con las preferentes a miles de ahorradores, se jubilen anticipadamente con pensiones millonarias: en Caixa Galicia el director se lleva un botín de 11’2 millones de € y otros altos cargos 10’8, 7’5 y 5’3, en la CAM los cuatro altos ejecutivos se llevan 12’8 millones, la sucesora se pone un sueldo de 600.000 euros/año y una pensión vitalicia de 370.000 €/año; en Caja Duero y Caja España los directores se llevan 1’3 millones cada uno al dejar la entidad, etc. En otros países estarían en la cárcel, aquí no, ¿por qué? Y son sólo los casos más llamativos porque hay miles de enchufados en las empresas y en las instituciones que cobran varios sueldos o un sueldo más suculentas primas, dietas y demás prebendas; más lo que algunos afanan en negro, en sobres o bolsas de basura… Pues bien, todos estos individuos y sus colegas exteriores de la troika, todos con sueldazos muy por encima del salario mínimo, son quienes nos recortan los sueldos y privatizan los servicios públicos, y otra vez nos piden más sacrificios humanos en aras de su dios el dinero.

Ante tal situación no queda más remedio que asumir que la austeridad es necesaria, porque no somos ricos ni la Tierra puede darnos más, pero que hemos de ser austeros todos y en proporción a lo que tenemos. No se le puede exigir austeridad a quienes apenas tienen para comer y a las clases medias ya nos han austerizado bastante, por lo tanto quienes ahora han de aplicarse la austeridad son las clases altas, especialmente los dirigentes políticos. Hay que prohibir dobles y triples sueldos o pensiones, las dietas millonarias, los gastos innecesarios, las horas extras, hay que prohibir a los ex-gobernantes que trabajen para las multinacionales con las que han estado directamente relacionados mientras gobernaban. Pero sobre todo hay que acabar con la corrupción que nos ahoga y con la complicidad que excusaba a los corruptos, hay que castigarlos legal y socialmente, hacerles el vacío, mostrarles el máximo desprecio, hay que echar fuera de la política a todos aquellos que entraron para enriquecerse con ella, hay que embargar, inhabilitar y condenar a los corruptos para que devuelvan hasta el último céntimo de lo que han robado y despilfarrado, hay que aplaudir a los jueces y fiscales que jugándose la carrera se atreven a imputarlos, hay que apoyar la PAH, el 15-M, las mareas ciudadanas y los colectivos de base que defienden a los ciudadanos y el medio ambiente.

Si prácticamente todo el sistema político y económico está podrido hay que regenerarlo de raíz, en Francia ya van por la V República y aquí todavía reina un Borbón, heredero del dictador que masacró nuestra II República. Hay que abrir un nuevo proceso constituyente y levantar una III República que sea justa, solidaria y sostenible, una República de gente honrada.

Después tendremos que hacer una auditoría de la deuda, analizar el origen de lo que debemos y hacer que lo paguen quienes se han enriquecido a nuestra costa. Hay que aumentar los impuestos a las clases altas, que son quienes han acumulado grandes beneficios durante el período anterior a la crisis e incluso ahora en plena crisis. Cada persona tiene derecho a un salario, ni más ni menos, a un techo, a vivir sin excesos pero también sin carencias. En definitiva, ¡austeridad sí, pero para todos!

Pedro Domínguez Gento

1 Comentario

  1. Podemos llamarlo estafa, robo, extorsión o sencillamente lucha de clases, pero es evidente que frente al populismo de derechas hay que enfrentar la elegancia y rigurosidad de los datos económicos. En cada discusión, debate o coloquio debemos evitar ser absorbidos por una ideología que bajo una apariencia de ingenuidad esconde los mismos intereses de quienes nos están aplastando en esta crisis.

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