Alzira merece tener una oposición seria / Opinión: Enrique Lahuerta

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Enrique Lahuerta

La oposición política en Alzira desde el inicio de la democracia hasta nuestros días ha tenido sus páginas de gloria, de sacrificio y dolor, y unas cuantas grises llenas de incongruencias, carentes de cualquier respeto al principio de veracidad, como los que estamos viviendo en estos últimos meses.

En los momentos actuales tenemos una oposición que no está a la altura de las circunstancias, sino alineada a los intereses de la vieja política con sus dimensiones siniestras y destructivas. Lo peor es el protagonismo y la necesidad de notoriedad conspirativa de un pequeño número de personas que dice representar a la ciudadanía alzireña, creyendo que son ellos quienes tienen “la fórmula secreta“ para redimir a nuestra ciudad.

Sabemos quiénes son los protagonistas directos de esas posturas extremas e irracionales, como sabemos que hay una mayoría de ciudadanos que no está de acuerdo con los métodos utilizados por algunos miembros de la oposición y cargos orgánicos de algún partido.

 En democracia lo lógico sería pensar que existe una oposición que debe criticar, y a veces con dureza, pero también puede, e incluso debe, propiciar acuerdos en temas que preocupan a nuestra ciudad y que afecten al interés general. Esa cívica práctica ha sido casi inexistente en estos dos últimos años, en las maneras y en las actuaciones de  algunos de los partidos de la Oposición o de sus portavoces. En política no sirve “el todo vale”. Muchos que se llaman oposición, lo son porque son adictos a la contradicción, son eternos perdedores en las urnas.

Algunos les gusta utilizar medios de comunicación, plataformas digitales y ruedas de prensa para gritar consignas, mentiras e insultos.

En la oposición hay de todo: hay ingenuos, hay pícaros, hay oportunistas, y hay quienes ignoran por qué están en la oposición. Algunos de ellos siempre se creen indispensables, con el uso de la razón y mueren por tener un micrófono cerca o ocupar un primer plano de una fotografía.

 Están los colados y los infiltrados, los que esperan una recompensa futura, por eso  se obligan a asistir a algunas de las movilizaciones organizadas sin sentido y justificación, así quiero recordar acciones contra  las medidas de reducción del gasto público.

Una oposición que demanda la participación, pero que no aporta nada, por si acaso el éxito es del equipo de gobierno y cuando las cosas salen bien, dicen haber participado en su consecución o en su caso no reconocen el buen hacer.

 Lo cierto es que la oposición es una gran masa amorfa, sin identidad, sin liderazgo o mejor con exceso de afán de protagonismo, sin poder ni presencia, disfrazados de mil colores, sin dirección ni destino.

 En la oposición caben todos, porque no existe la convicción ni los valores que aglutinen la visión de una ALZIRA diferente que emocione,…… sino puros intereses personales.

Por eso termina siendo una oposición desarticulada, sin sentido y soñando en un líder carismático que no existe.

 Lo que tenemos es lo que merecemos, una oposición abstracta, llena de discursos y análisis de “expertos“  que a la hora de la verdad no dicen nada. A las cabezas visibles de la oposición les falta coraje y humildad para saber qué significan ellos como oposición en democracia. Les falta pensamiento y acción, sobre todo competencias para orientar a la ciudadanía hacia logros concretos.

Yo les recomendaría que abandonen las armas y que se pongan a trabajar al servicio de los alzireños,  aunque algún representante político de la izquierda diga que hay que tirarlos………. “ con votos o con  la escopeta”.  Dejen las «malas artes» y el «juego sucio». «La democracia ha costado mucho a nuestros padres, abuelos, y no podemos ponerla en cuestión cada vez que las urnas hablen» si no lo hacen «a favor de los partidos de izquierdas».

Por último y para todos los componentes de la oposición municipal decirles que “hay dos cosas que podemos perder: el tiempo y la vida. La segunda es inevitable, la primera imperdonable “

 ALZIRA merece tener una oposición seria y responsable, con líderes auténticos, no capataces de pacotilla ni de personajes que presumen de políticos.

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