Depresión: una espiral hacia la autodestrucción

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La vida es un camino difícil en el que muchas veces nos encontraremos con dificultades que nos impedirán avanzar o al menos exigirán que demos nuestra mejor versión para poder seguir adelante.

Los problemas inesperados pueden conllevar la pérdida de algún aspecto de nuestra vida que consideremos significativo y es ahí donde reside el matiz más importante que conllevará que a cada persona le suponga un mero contratiempo o una carga insalvable.

¿Qué motivos hay suficientemente significativos para que alteren nuestro estado de ánimo y no podamos seguir? No existe una tabla o baremo estandarizado donde poder valorar si nuestros motivos son suficientes o no, es algo que dependerá de cada persona. A lo largo de estos años hemos abordado en consulta casos de profunda tristeza y dolor emocional provocados por la pérdida irremediable de pelo, una alopecia terrible acompañada por terribles consecuencias para quien la sufría. No suponía para él la simple ausencia de cabello si no también la pérdida de atractivo para las mujeres, aparentar más edad de la real y convertirse sin duda en el objeto de burlas y bromas. ¿Motivo suficiente? Si para él. Nos parecerá más comprensible la depresión provocada por la pérdida de un hijo en un accidente de coche volviendo una noche de fiesta. Un golpe terrible para cualquier familia, especialmente cuando se acompaña de sentimientos de culpabilidad y la certeza de que la vida ya no merece ser vida. El problema original no es lo más importante, si no el dolor emocional y consecuencias percibidas por cada persona. De hecho hasta un cambio positivo puede ir acompañado de un desajuste negativo en nuestro ánimo.

Un traslado o promoción en el trabajo puede ir acompañado de mayor salario y mayor reconocimiento social, pero también de envidias, distanciamiento de los antiguos compañeros o una mayor responsabilidad y presión. De hecho aspectos, aparentemente positivos, como casarse o cambiar de casa son las principales causas de depresión, pues conllevan mayor responsabilidad, pérdida de la libertad individual, estrés por los preparativos, aumento de gastos y otros aspectos que pueden ser valorados como negativos.

Pero, ¿por qué no todas las personas nos deprimimos ante las mismas pérdidas? Entra aquí otro factor en funcionamiento, la vulnerabilidad.

Nuestra educación, nuestras experiencias previas, los modelos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, tanto de conductas como de actitud ante los problemas, e incluso la reactividad de nuestro sistema nervioso son aspectos que nos convertirán en candidatos con predisposición a la depresión. Ello no implica que surgirá de forma irremediable pero sí que contamos con facilitadores para su aparición. Baja tolerancia a la frustración, baja autoestima y confianza en uno mismo, una frágil red social de apoyo, la existencia de antecedentes o una vida pobre o poco variada de reforzadores, pueden facilitar que la depresión llegue a nuestras vidas.

Vulnerabilidad y valoración subjetiva de la pérdida sufrida, principales causas del origen de la depresión, pero ¿por qué se mantiene a pesar del sufrimiento que provoca y los esfuerzos de la persona por superarla? Para conocer la respuesta es básico comprender cómo funciona el estado de ánimo.

Tomando como metáfora una balanza, nuestro estado de ánimo sería el resultado del equilibrio existente entre los aspectos positivos y negativos en nuestra vida. Los problemas surgen casi sin darnos cuenta (problemas laborales, económicos, de pareja o salud) aumentando el peso del brazo negativo de nuestra balanza, creando un desequilibrio que supondrá un bajo estado de ánimo. Por ello es importante que el brazo positivo de nuestra balanza, el encargado de compensar el lado negativo y generar la sensación de una vida plena y feliz esté rebosante de aspectos positivos. Aquí tiene cabida cualquier cosa que nos haga sentir bien y fuertes frente a los reveses del día a día. Lo importante es que sean variados y numerosos, desde leer, hacer deporte, la cervecita con los amigos, el trabajo, jugar con nuestros hijos o tomar el sol en el balcón de casa. Numerosos y variados para que aunque perdamos uno de ellos no suponga una pérdida significativa que pueda desequilibrar nuestro estado de ánimo.

¿Qué pasaría si todo lo positivo en mi vida dependiera en exclusiva de mi pareja, mi espectacular coche o mi trabajo? Pues que si por alguna circunstancia desapareciera de mi vida supondría un desequilibrio difícil de contrarrestar.

Los estados de ánimo depresivos, originados por una importante pérdida subjetiva inicial conllevan respuestas desagradables como tristeza, llanto, desánimo y desesperanza que acaban por provocar nuevas pérdidas. Como no tengo trabajo y no quiero que nadie me pregunte los motivos, dejo de quedar con mis amigos y de ir al gimnasio. Nueva pérdida y mayor peso del brazo negativo, es la llamada trampa de la depresión, cuanto menos hago, menos ganas tengo y por tanto se pronuncia la caída libre del estado de ánimo.

Este deterioro puede acabar provocando otros problemas paralelos como pérdida del trabajo por absentismo, discusiones de pareja, alcoholismo o abuso de sustancias, ansiedad y un largo etcétera, en un agravamiento progresivo de la desesperanza y la negatividad.

Reinstaurar las actividades positivas en nuestra vida a través de la planificación de reforzadores, la reconstrucción de las cadenas conductuales y superar la visión negativa de la pérdida y la vida en general a través de terapia cognitiva son claves para superar y romper la trampa de la depresión. No lo olvides, el cambio es posible, de hecho, hasta después de la peor tormenta también sale el sol.

Si para ello necesitas ayuda…

 www.psiques.es · consulta@psiques.es

Ximo Estrelles Ferrando · Terapeuta


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