El Estado del Malestar / Opinión : Miguel Costa

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Miguel Costa

 

Atónitamente asistimos a una cascada de noticias sobre la corrupción de altos cargos en partidos políticos. Se hace difícil distinguir entre imputados y diputados. Cada vez hay más casos, con más partidos implicados, y con cargos más altos. Ya no se libra de la sombra de la sospecha ni el gobierno ni la monarquía. Unos aprovechan su oportunidad de aumentar el desgaste electoral y obtener rédito político, y otros directamente abogan por un cambio radical del modelo político en el territorio nacional, incluso redefiniendo las fronteras convenientemente.

Todo este runrún nos deja una sensación de que se avecina una catarsis, un cambio de modelo, ya que el actual muestra muchos signos de agotamiento. Parece que el sistema democrático está fracasando en nuestro país. Y aunque la experiencia histórica nos demuestra que cualquier otro sistema político que no sea la democracia limita la prosperidad y la libertad ciudadana, una reforma de la democracia se hace indispensable.

Nuestro país se acerca peligrosamente a la imagen de Grecia (Estado inviable económicamente y desestabilizado políticamente) y a la de Argentina (corrupción por los cuatro costados). Sin duda, un cóctel explosivo. Mientras nos olvidamos de que otros modelos democráticos sí funcionan en lo político, en lo económico, en lo social y en la honestidad.

Suiza representa el paraíso capitalista por excelencia, amable para las fortunas y generoso para sus ciudadanos con un Estado del Bienestar a un nivel de excelencia extraordinario. Se considera el país más competitivo del mundo comercialmente hablando. Un modelo adecuado para una derecha democrática.

Holanda es el país más liberal de Europa por excelencia. De los más saneados económicamente, y con el mejor sistema sanitario del continente. Al igual que en Suiza, los estudiantes reciben una educación plurilingüe con varias lenguas extranjeras. Holanda podría ser un modelo de referencia para los partidos liberales.

Suecia y los demás países nórdicos, están considerados como los de mayor Estado de Bienestar del mundo. Más del 60% del salario medio es para el Estado vía impuestos, pero a cambio reciben la educación hasta la Universidad gratuitamente, entre otros muchos derechos. Sin duda, un buen referente para la izquierda democrática.

Pero todos ellos tienen además, algo más en común: la honradez ciudadana, y que la justicia es independiente y real.

Si ya resulta atípico que un juez o un jurado popular condene a un dirigente político por corrupción, prevaricación, o cohecho, mucho más habitual está resultando que un condenado salga a la calle por un indulto político injustificable.

En menos de quince días hemos sabido que se condena 22 meses de cárcel a una mujer de Requena por robar 193 euros que gastó en comprar comida y pañales para sus hijos; mientras se indulta al responsable de la muerte de un alzireño tras pasar apenas 10 meses en prisión. Imagino que los abogados sabrán entender las circunstancias que rodean a cada caso. Pero para la mayoría de la gente, estarán justificando lo injustificable. O hemos tasado muy barato el valor de una vida humana o la justicia no lo es tanto…

La ausencia de justicia es en sí mismo una injusticia. Y así se hunde un pilar básico para la sostenibilidad de un Estado.  De las ruinas del edificio del Estado del Bienestar a causa de la justicia y de la economía, a los ciudadanos sólo nos queda el Estado del Malestar.

Aún no es necesaria la catarsis del modelo. Aún no es necesaria una redefinición de la democracia ni un nuevo marco constitucional. Basta con aplicar de verdad el actual. Pero desde el artículo primero, haciendo que todos los españoles sean de verdad iguales ante la ley. Hay que obligar a los políticos a ser honrados por lo civil, o por lo penal. Y así, otro gallo cantaría.

Miguel Costa / Economista

 

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