El castillo de Corbera languidece entre ruinas

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La conservación del patrimonio histórico también se ha convertido una de las víctimas de la recesión económica. Diez años después de que la Diputación de Valencia adquiriera el castillo de Corbera a sus antiguos propietarios, los planes de restauración están lejos de ver la luz. El castillo, de origen romano pero reformado en el siglo XI bajo dominio árabe, tiende documentadas reformas en la Edad Media. Pero cinco siglos después, la diputación, su propietaria, no ha destinado un euro para su rehabilitación y languidece entre ruinas. Su deterioro es de tal magnitud que el organismo provincial ha instalado señales que prohíben el acceso para evitar accidentes.
La adquisición de la fortaleza por parte de la institución provincial hace ahora una década —tras siglos de propiedad privada— disparó las expectativas de que el castillo se convirtiera en un reclamo turístico para el municipio y de que incluso pudiera recobrar su aspecto original. Pero nada de eso ha sucedido. La institución desaprovechó la época de bonanza y con la crisis cualquier proyecto de rehabilitación del patrimonio resulta inviable.

Siglos en la misma situación

El alcalde de Corbera, Jordi Xavier Vicedo, asegura que hace meses planteó al presidente de la diputación, Alfonso Rus, la necesidad de frenar el deterioro de la fortaleza. «No puede seguir en esas condiciones porque no se ha intervenido nunca». «Lleva siglos en la misma situación», explica. «Prohibieron el paso para curarse en salud por si alguien sube porque está en muy malas condiciones», remarca el alcalde, que afirma que el ayuntamiento realiza labores de limpieza en el entorno, pero que no puede ir más allá porque no es el propietario. El alcalde asegura que también ha intentado a través de la Delegación del Gobierno obtener inversiones del 1% cultural. «La idea es jugar a tres bandas, Gobierno, diputación y ayuntamiento, pero el Gobierno nos dice que, de momento, sólo financian las obras comenzadas, pero seguimos atentos a ver si lo conseguimos en 2014», añade.

Desde la diputación, que hace diez años pagó 270.000 euros a sus antiguos propietarios para hacerse con la fortaleza, confirman que existe un plan de recuperación del patrimonio, pero aún desconocen si habrá financiación para el castillo de Corbera. Fuentes del departamento de Patrimonio señalan que se trata de una inversión con un coste muy importante que es incompatible con la época de austeridad actual. El proyecto, del que no se conoce ni el presupuesto con el cuenta, pretende que la fortaleza recupere su aspecto original, acondicionarla para que pueda ser visitada e incluso se barajó que los trabajos comiencen por la torre albarrana que, por sus características, es única en España.

Una fortaleza de origen romano reconstruida durante el dominio árabe
El castillo de Corbera es de origen romano y fue reconstruido durante la ocupación árabe, probablemente en el siglo XI. Está declarado bien de interés cultural, su parte exterior ocupa una gran extensión y en su interior todavía se conserva el patio de armas y de la torre central aún queda en pie un enorme muro, pero el conjunto se encuentra muy deteriorado. La adquisición hace ahora una década por parte de la diputación a la familia Moreno Rubio levantó grandes expectativas, pero los proyectos nunca se concretaron salvo actuaciones muy menores, que apenas pasaron de la limpieza del recinto y la retirada de la vegetación que se había acumulado. El castillo es citado por primera vez por en 1229 y se señala que la fortificación dependía de Alzira. Tras la reconquista, el castillo lo ocuparon nobles a los que Jaume I cedió su propiedad. Con el paso de los siglos, el castillo ha tenido numerosos propietarios. Durante la guerra de Germanies sufrió un incendio. El castillo de Corbera, que destaca por sus grandes dimensiones, ejercía jurisdicción sobre un amplio territorio entre el río Xúquer y la sierra de Corbera. El castillo aprovecha la orografía del terreno, no dispone de torres defensivas y tiene una estructura muy similar al de Sagunt.

Carlos Alós / Levante-EMV

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