Una dona viu a Alberic a la llum de les veles en una finca nova des de fa 7 mesos

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Mª Dolores en sa casa d’Alberic / foto: Fran Garcia

Imagínese comprar un piso nuevo totalmente equipado y no poder disfrutar de sus comodidades. Éste es el caso de María Dolores Berenguer, una vecina de Alberic que lleva siete meses sin luz en una finca nueva, de 19 viviendas, en la que ella es la única residente.

El calvario de María Dolores comenzó el pasado 20 de junio, cuando la empresa eléctrica dejó de suministrar la luz de obra de la que disfrutaba esta vecina desde 2009, cuando compró la vivienda.
Desde ese momento, Berenguer ha dejado las comodidades a un lado para retroceder en el tiempo y vivir como se hacía en la antigüedad. Esta vecina de Alberic ha cambiado las modernas lámparas de led, el horno, la vitrocerámica y el calentador eléctrico, entre otros, por las velas, las mantas y el tradicional hornillo de camping gas.
Agua fría y mantas
Y es que, según relata María Dolores, se tiene que duchar con agua fría, no puede cocinar y se alimenta de latas de comida, ya que no puede tener productos frescos. Pero, sin duda, uno de los mayores inconvenientes es el «frío que estoy pasando. Es un infierno».
«Tengo todo a luz y sólo como latas que cocino en un camping gas, ya que no puedo tener ningún alimento fresco porque la nevera no va. De vez en cuando una vecina, que me ayuda, me ofrece un caldito y su casa para calentarme un poco», comenta Berenguer.
Esta mujer, que se encuentra en el paro desde 2008, se tiene que abrigar con mantas e iluminar con velas toda la casa. Pero el mayor inconveniente es que ha tenido que dejar a su madre de 90 años que viva sola en Valencia, ya que la anciana no podía vivir en esas condiciones.
«Mi madre está viviendo sola con casi 90 años, cuando podría vivir conmigo y me la he tenido que llevar porque no puede estar así», explica María Dolores Berenguer.
Esta mujer no se imaginó hace tres años, cuando estrenó su piso nuevo, que iba a vivir un infierno como asegura. El piso, el único de las 19 viviendas que está ocupado, contaba con la cédula de habitabilidad que otorgó el Ayuntamiento de Alberic.
Falta el transformador
Pero la sorpresa de María Dolores llegó cuando intentó dar de alta la luz y la empresa le comunicó que no podía, ya que el edificio no tiene instalado el transformador. «El cuarto de contadores no cumple la normativa y no pueden instalar el transformador. A pesar de esto y de otras irregularidades, como la ausencia de bomba de agua y la falta de piezas en el ascensor, que provocan que el edificio no esté para entrar a vivir, el exalcalde Faustino Sala concedió la cédula de habitabilidad», comenta Berenguer.
Unas deficiencias que tendrán que asumir los propietarios de los pisos. Un caso difícil, ya que de las 19 viviendas sólo siete están vendidas, seis de ellas sin ocupar, y las doce restantes pertenecen a Bankia.
Por este motivo, María Dolores Berenguer interpuso hace tres meses una demanda contra el Ayuntamiento de Alberic por conceder esa cédula de habitabilidad «que no tenía que haber dado», así como también ha denunciado a la empresa constructora, que ha desaparecido, por no finalizar la obra.
Por su parte, el actual alcalde Antonio Carratalá afirma que la «cédula de habitabilidad se dio de forma legal ya que el transformador no estaba contemplado en el proyecto de la constructora, que al final no lo hizo».
A pesar de no poder dar de alta este servicio, esta mujer ha podido disfrutar de la electricidad durante tres años gracias a la luz de obra que cortaron el pasado 20 de junio.
Pago mis impuestos
A partir de esa fecha, María Dolores ha acudido al Ayuntamiento para pedir ayuda pero, según esta vecina de Alberic, en el «Consistorio me dan largas, me dicen que me van a poner la luz pero no atienden a mis ruegos. Esto es inhumano, pago mis impuestos y no me dan ninguna solución».
Un hecho que niega el alcalde de Alberic, Antonio Carratalá, quien afirma que, «gracias a nuestra buena voluntad hemos contactado con la empresa eléctrica y le van a poner el suministro, pero eso sí, cuando acepte que tiene que pagar la cuota del alta y el consumo».
Carmen Cerveró / Las Provincias

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