El monologuista Pablo de los Reyes también triunfó en Alzira

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Pablo de los Reyes es un monologuista valenciano de los que más tiempo llevan en Valencia haciendo monólogos, prácticamente desde que empezó en el Circuito Café Teatro. Era el típico gracioso de la clase al que le gustaba decir tonterías y una vez que se subió al escenario comprobó que la gente se reía y entonces decidió hacer del monólogo y la risa, su profesión.

El pasado fin de semana pasó por Alzira, concretamente por Ca Boret, donde logró otro de sus notables éxitos.

Pablo de los Reyes

P. ¿Cómo defines el tipo de humor que haces?


R. Hago un poco de todo, sobre todo depende de donde vaya. Me gusta mucho el humor absurdo, e intento sacarle punta a lo cuotidiano. Vas cambiando depende del sitio.

P. Profesor de inglés y monologuista, aparentemente son profesiones muy distintas… ¿Cómo logras compaginarlo?


R. Uno es de día y otro es de noche. A veces es bueno tener un trabajo de día, porque así puedes seguir dándote cuenta de cosas cuotidianas que pueden llegar a hacer gracia a la gente.

P. ¿Qué cosas tienen en común la pizarra y el escenario?


R. En los dos hay que hablar en público, y siempre he intentado hacer las clases un poco más amenas. A veces me piden chistes en clase. De hecho,  algunos alumnos, los más mayores, han venido a alguna actuación.

P. En el currículum de tu web se puede ver la cantidad de idiomas que dominas, ¿por qué te dio por aprender lenguas?


R. Es como un vicio, empiezas por uno y luego sigues. He viajado mucho con mis padres, y de visitar distintos lugares me entró el gusanillo de los idiomas. Empecé con lo típico, inglés y francés. De hecho, el primer monólogo que hice fue en inglés. En el último curso en la EOI había que hacer una exposición, y en ese momento estaba de moda la teletienda e hice una parodia de esto. A la gente le encantó, y, luego, lo traducí. Hacerlo en inglés es más complicado, porque no es el dominar el idioma, es que el humor es diferente.

 

P. ¿Has hecho algún monólogo en valenciano?


R. El único monólogo que hecho en valenciano fue para Canal 9, para un programa que se llamaba “L’escenari”. A la cadena le gustó, me pidieron si lo podía traducir; y como, aunque lo hablo, no lo suelo utilizar habitualmente, recuerdo que sí que hubo que cortar varias veces porque inconscientemente me pasaba al castellano.

P. Con los tiempos que corren, muchas ganas de reír no parece que haya, sin embargo salas y  teatros se siguen llenando y el monólogo parece estar de moda, ¿cómo explicas esta, aparentemente, contradicción?


R. Al contrario, la gente tiene más ganas de pasárselo bien que nunca y ganas de olvidarse de sus problemas. De hecho seguimos teniendo trabajo porque a la gente le encanta reírse y olvidarse un poco de la situación por unos instantes.

P. Llevas tu espectáculo a cualquier tipo de lugar… ¿En cual de ellos te sientes más cómodo actuando?


R. Lo más fácil es actuar en el típico pub, como  Ópera en Valencia o Clan Cabaret en Alicante, que son sitios que llevan mucho tiempo haciendo

monólogos, y se nota mucho en el público. Es un público que lleva mucho tiempo yendo y está acostumbrado a las actuaciones;  se ríen mucho, aplauden cuando toca, etc. Hay otros sitios en los que es más complicado, porque puede haber niños o personas bajo los efectos del alcohol y tienes que ir toreando un poco al público.

P. Pregunta obligada, ¿de dónde sacas las historias para los monólogos?


R. Las historias nacen de vivencias propias exageradas o adaptadas. Cosas que te han pasado cuando has tenido novia, cuando no has tenido, cosas que te cuentan los amigos o sales de fiesta, etc. Se suelen exagerar e intentar sacarles punta.

P. ¿Sueles recurrir a la improvisación o lo tienes todo guionizado?


R. Sí, se recurre a la improvisación sobre todo cuando sucede algo. Se cae alguien, se rompe un vaso, alguien interrumpe, o en general pasa algo fuera de lo normal. Lo que no se puede hacer es seguir como si no hubiera pasado nada, cuando sí que ha pasado algo. Por eso a la gente le gusta el directo, porque no es como en la televisión que pase lo que pase el artista va a seguir hablando. A veces sí que hay que improvisar. Es más, hay veces en que gracias al público surge un chiste genial. Aunque sí que es cierto que esa gracia sólo sirve para ese sitio, o funciona en todos. Lo que haces es probarla en varios sitios y si surge efecto se deja, y si no, se elimina.

P. Son ya más de 12 años en los escenarios y más de 1000 actuaciones. ¿Recuerdas la primera?


R. Sí, fue en Rafelbuñol en el año 2000. De hecho ahí hice el monólogo de la Escuela Oficial de Idiomas, traducido al castellano; el de la teletienda. Y sin más remuneración que la cena,  algunas cervezas. Pero se empieza por ahí, actuando gratis o por muy poco dinero. Ese día estaba súper lleno, y luego me dijo mi hermano que en los cinco primeros minutos no se rio nadie, pero a medida que avanzó el monólogo la gente se cogió y salió muy bien.

P. Te gusta llegar antes de la actuación para ver el público y a partir de ahí decidir el monólogo.


R. Más o menos, además de decidirlo antes, también se puede cambiar durante. Suelo decidir cómo voy a empezar y luego depende de cómo vea la cosa, me decanto por una cosa u otra. Más clásico, menos clásico; depende.

P. ¿Qué se siente al hacer reir a la gente? ¿Interactúas con el público?


R. Hay veces que te lo pasas genial en el escenario, a veces, incluso, me rio yo mismo. Sí, interactúas si pasa algo, y luego vas haciendo referencia a eso. A la gente le encanta, porque parece que has hecho un monólogo sólo para ellos. En alguno he sacado a alguien, pero normalmente no lo hago.

P. Referentes en el humor.


R. Me gusta mucho Leo Harlem, Wyoming, y un grupo argentino llamado Les Luthiers

P. ¿Cuál sería tu cima perfecta en tu carrera como humorista?


R. La cima perfecta sería trabajar donde quisiera. A veces tienes que hacer bolos en sitios que piensas: ¡Dónde me he metido!. Y trabajar en un programa tipo El Informal.

 

P. Y, para finalizar… ¿Cambiarías pizarra por escenario?


R. Hay grupos a los que te encanta dar clase, y otros que no tanto. En ese caso sí, esto es más divertido. Pero no sé si el estilo de vida de trabajar de noche sería bueno para luego tener historias que contar.

 www.pablodelosreyes.com

 Raúl Amat

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