Se acaban las vacaciones, vuelta a la realidad

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Llega el final de las vacaciones y todos debemos volver a nuestro estilo de vida habitual. Puede que como muchas personas en la actualidad no tengamos trabajo pero durante los meses de verano esta situación pasa más inadvertida, bien porque todos nuestros conocidos, amigos, familiares e hijos, también están de vacaciones, bien porque la actividad empresarial cesa en gran medida y en consecuencia la búsqueda activa de empleo.

Por todos es conocida la apatía que produce volver al trabajo, es la mal denominada depresión postvacacional, en la que nuestro organismo debe readaptarse a los horarios habituales de sueño, alimentación y ocupación. No obstante podemos hacer mucho para que esa adaptación, que suele durar alrededor de una semana, sea más llevadera. En ocasiones nos cuesta dormir, comemos peor, estamos más irritables y una sensación de agobio y ansiedad nos invade pensando en qué nos esperará el primer día de trabajo y en la terrible vuelta a la monotonía.

¿Quién no ha pensado alguna vez en no volver al trabajo, dimitir o simplemente desaparecer permaneciendo en nuestro idílico lugar de vacaciones? En el otro extremo también hay personas a las que al segundo día de vacaciones volvería sin pensarlo a su puesto de trabajo, pues consideran estos días como “una pérdida de tiempo”.

En el primer caso, aquellas personas que desearían no volver a sus trabajos, algo que ha cambiado actualmente, pues aunque los consideremos trabajos precarios y monótonos parece que quien tiene trabajo, tiene un tesoro, deben tener en cuenta varias consideraciones. Primero, en nuestra sociedad, hemos aprendido que para estar bien considerados, tanto por los demás como por nosotros mismos, debemos desempeñar algún tipo de actividad productiva. Hoy no vamos a valorar este punto y si realmente esta idea es así o no, pues no es psicológicamente muy sano contar con esta creencia en nuestro esquema cognitivo de base.

Segundo, aunque nuestros trabajos en sí parezcan poco atractivos y aburridos debemos valorar las denominadas cadenas conductuales, que se refiere a aquellos aspectos que acompañan a la actividad principal. Por ejemplo, ir al trabajo puede significar además oír mi programa de radio favorito mientras voy en el coche, almorzar con mis compañeros, bromear con el jefe, la cerveza del mediodía junto al bar del trabajo y otras situaciones que pasando inadvertidas, influyen en que aceptemos seguir trabajando.

Tercero, es necesario introducir nuevas actividades en nuestra vida diaria, no podemos hipotecar todo nuestro tiempo únicamente en trabajar, comer y dormir. Al igual que en las temporadas vacacionales debemos poner en marcha otras actividades que equilibren nuestro estado de ánimo y supongan una defensa contra los aspectos negativos y los problemas que nos aporta la vida de por sí, entre ellos la vuelta al trabajo. Leer, pasear, hacer algo de deporte o escuchar música son sólo algunas actividades que convirtiéndolas en hábitos nos harán más fuertes y felices.

Justo por este motivo, tenemos al segundo grupo de personas, aquellas que al poco tiempo de iniciar las vacaciones, ya no saben qué hacer, se sienten incómodas, abrumadas por la pérdida de tiempo que supone no ir a trabajar. Es evidente que realizar actividades productivas remuneradas es una obligación autoimpuesta, aprendida en esta sociedad de consumo, pero aunque asumido y aceptado, no podemos convertirla en la única ocupación de nuestras vidas. Debemos dedicar el tiempo libre a pasar más tiempo con los nuestros, familiares y amigos, realizar actividades lúdicas, deportivas o de ocio que son difíciles de poner en marcha cuando tenemos nuestras “obligadas” ocho horas de trabajo.

¿Cómo hacer frente a nuestra vuelta a la realidad? La organización es lo más importante. Es aconsejable no volver de vacaciones el día antes de empezar a trabajar para ir volviendo gradualmente a nuestra vida normal, así como ir ajustando los horarios de comida y descanso a los realizados durante los periodos laborales. Dormir al menos siete horas, realizando, en la medida de lo posible una breve siesta de unos veinte o treinta minutos fuera de la cama después de comer, mantener una buena y variada alimentación y alguna de las actividades positivas realizadas durante las vacaciones, preferentemente deportiva, nos ayudará a protegernos de la temida vuelta a la realidad.

Más información y consultas en www.psiques.es

Joaquín Estrelles Ferrando (Terapeuta de Psiques Alzira)

2 Comentarios

  1. ¡ Que suerte, vacaciones !
    Yo que nunca tuve sintomas de sindrome post-vacacional, lo que daria por tenerlo algun dia, es mucho mas triste estar depre por culpa de no tener curro, os lo garantizo

  2. Sin duda el desempleo genera peores sensaciones que el síndrome post-vacacional, sobre todo en épocas como la actual en las que es difícil mantener la motivación y esperanza por encontrar un empleo. No te desanimes y sigue adelante.

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