La «utopía» del crecimiento español /Opinión: Miguel Costa

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Las noticias económicas que nos llegan a través de los medios no nos hablan de nada que tenga que ver con la esencia del crecimiento, sino de las consecuencias de su ausencia. La prima de riesgo, los recortes, el crecimiento del paro, la insostenible deuda pública, las manifestaciones…  son los efectos y las consecuencias de una causa olvidada: generar crecimiento económico.

Hace meses, por no decir años, en los que no figuran entre los titulares de los medios de comunicación la productividad, ni la formación, ni las nuevas técnicas de marketing, ni la Investigación, ni la Innovación, ni la implantación de nuevas tecnologías,  ni nada que tenga que ver con ayudar a que nuestro país sea una fuente de creación de riqueza. España se ha descolgado hace mucho tiempo de la carrera internacional en la búsqueda de la excelencia, de la eficiencia, de la eficacia, de la competitividad. ¿Cómo vamos a revertir las causas que generan nuestra inestabilidad si sólo prestamos atención a los efectos? ¿Cómo vamos a alcanzar una diana que no vemos? Necesitamos un proyecto de modelo económico que fije el rumbo a seguir, un espejo donde mirarnos, una referencia real o imaginaria a seguir, un prototipo que nos inspire.

Sobre el crecimiento económico

El proceso de crecimiento económico sigue siempre los mismos pasos. En un primer momento, un aumento de la actividad económica y comercial supone un aumento de gastos, una aceleración en los pagos a la espera de recibir los resultados esperados, una inversión, soportar  un agujero financiero, en definitiva. Progresivamente, pagos y cobros vuelven a reequilibrarse. Y si la cosa ha ido bien, apoco a poco van apareciendo los beneficios que hacen que la inversión vuelva y sea rentable. Así sucede tanto a nivel de empresas, como a nivel nacional.

No importa que hablemos de una inversión en publicidad, en abrir nuevos mercados, en mejoras productivas, en nuevas infraestructuras o en formación. El comienzo del proceso de crecimiento siempre empieza con una inversión, soportando unos gastos mayores, adelantando pagos antes de que se incrementen los ingresos. El problema es que esta inversión necesita financiarse, o bien con el ahorro acumulado, o bien con ayudas, bancarias, subvenciones…

… Y nuestro problema financiero

El estallido de la burbuja inmobiliaria no sólo arruinó al sector, sino que vació de liquidez a nuestros bancos y cajas con un terrible agujero, y empobreció también a los empresarios, ya que gran parte de los empresarios nacionales, industriales o de servicios, invirtieron total o parcialmente sus ahorros en el sector inmobiliario. Los bancos y las cajas de ahorros igualmente centraron sus esfuerzos de crecimiento en las hipotecas y en los préstamos promotores y ahora se las ven y se las desean para evitar la intervención del Banco de España, cuando no su quiebra…

En definitiva, nos encontramos con que ahora que necesitamos financiar las bases del  cambio y del relanzamiento de nuestra economía, nuestros ahorros se han volatilizado, el sector financiero y las administraciones públicas están sin financiación, y el BCE tampoco parece estar muy por la labor.

Sin proyecto es difícil conseguir financiación ajena, si no sabemos a dónde vamos es imposible convencer a alguien que nuestro rumbo es el adecuado y merecemos su apoyo económico para conseguirlo. Sin financiación propia, no somos dueños de nuestro destino, puesto que dependemos de los demás para seguir adelante. Así pues, por este camino, hablar de crecimiento, o de recuperación, o de “brotes verdes”, sólo merece la calificación de “utopía”.  Necesitamos urgentemente centrar seriamente la atención en las bases del cambio, en un nuevo modelo, dejar atrás esa “utopía” y cambiarla por una “realidad”.

Miguel Costa, 24 de julio de 2012

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