Desde Las Antípodas: Miel de manuka /Julia Perea

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A hilo del tema que empecé la semana pasada sobre la fauna y flora de por aquí, voy a seguir hablando de pequeños animales, porque algunos de los cuales son verdaderamente importantes, no solo en el aspecto ecológico, sino también en el aspecto económico.

Me estoy refiriendo a la abeja.

Aunque hay abejas y abejorros procedentes del Viejo Continente introducidos por los colonos ingleses cuando vinieron a estas tierras, aquí hay aproximadamente unas 30 especies nativas pero su papel en la polinización de las plantas no era tan importante, ya que esta función la realizaban entre las abejas y otras especies como escarabajos, mariposas, lagartos, pájaros, murciélagos… por eso, cuando estos colonos trajeron consigo sus “plantas” necesitaron traer a sus abejas para que las polinizaran, ya que aquí con los animales que había no siempre era posible.

Las autóctonas de aquí pertenecen a  la especie “fulvescens”; es una abeja que se llama “solitaria” ya que no vive en colmenas sino que excava sus nidos en agujeros dentro de la tierra arenosa y allí realiza parte de su ciclo vital. Recogen el néctar y el polen de varias especies de plantas, pero sobre todo del “pohutukawa” (árbol de mediano tamaño que florece en Diciembre con unas extrañas flores rojas) y de un arbusto llamado “manuka”, abundante en la Isla Norte.

La miel que se extrae de este arbusto es muy apreciada actualmente, pero antes (y no hace mucho de esto, unos 25 años más o menos)  esta miel se la consideraba de inferior calidad ya que al tener una textura gelatinosa y dejar un cierto sabor áspero al tomarla, hacía que no fuese muy agradable al paladar. Por esto los apicultores o bien la dejaban como alimento de invierno para las abejas o acababan tirando la que no se podía vender. Incluso alejaban las colmenas de los arbustos de manuka para que las abejas se acercaran lo menos posible a esta planta.

Por otra parte, era conocido desde muy antiguo (de la cultura maorí)  algunas propiedades interesantes de esta miel, como de cicatrización y desinfección de heridas en la piel.

En los años 90 los apicultores neozelandeses estaban preocupados porque su mercado de venta se iba desmoronando, ya que cuando otros países tenían una “buena cosecha”, esta miel de fuera llenaba su mercado y se quedaban sin poder vender la suya.

Así que pensaron en revitalizar esto de alguna manera; crearon una comisión de marketing y a partir de la investigación que ésta hizo, se intentó complementar lo que ya ofrecían con otras alternativas: fomentar las diferentes variedades,  promover otros usos de la miel, negociar ventas… y aquí dieron en el clavo. Por esa época, un investigador de la Universidad de Waikato (Peter Nolan) estaba muy interesado en investigar usos y propiedades de las diferentes mieles y se quería centrar en los usos tradicionales que se practicaban con ella, así que se creó un acuerdo de financiación entre los apicultores y la universidad  en la que trabaja este investigador y desde el año 1993 está funcionando.

Ha hecho bastantes descubrimientos interesantes; por ejemplo que tiene mayor poder bactericida que otras mieles debido a la existencia de un compuesto que no tienen el resto de mieles (metilglioxal para los curiosos), además de su poder de cicatrización mayor. A mayor cantidad de este compuesto, mayor es el UMF de la miel (unidad que mide el poder bactericida de la miel) y mayor es su “fuerza” y su precio.

Este efecto antibiótico es notorio frente a ciertos microorganismos resistentes a antibióticos usuales y también frente al Helicobacter pylori que produce un gran porcentaje de úlceras gástricas y duodenales.

Se continúa investigando y comprobando la eficacia real de estas propiedades, es un camino muy esperanzador.

El caso es que gracias a todo esto, la cosa ha mejorado bastante; anualmente este mercado mueve en Nueva Zelanda alrededor de 60 millones de NZD (alrededor de 37 millones de euros), cosa que para un país tan pequeño como éste, es una cifra considerable.

Decir que unos 250g cuestan alrededor de 40 euros, aunque el precio depende de la cantidad que contenga de la sustancia que es la que le da estas propiedades. Es muy variable pues depende de la época del año de recolección, de la tierra donde crece… multitud de variables que son difíciles de controlar a la vez.

Por supuesto que en el supermercado encuentras miel para tomar, pero también cantidad de productos que llevan “miel de manuka” como gotas, cremas, vendajes, jabones, champús…

Después de que un amigo español en Nueva Zelanda me pasara un artículo publicado sobre esto, me puse a curiosear y a buscar información y la verdad es que me resultó un descubrimiento muy interesante.

Así que bueno, compré un tarrito de miel de manuka y ya os contaré si funciona…

Julia Perea, Wellington (NZ), 14 de abril de 2012

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