El «Nevero» de la Murta / Salvador Iñigo

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Antes de describir el “Nevero” de la Murta, intentare resumir brevemente las características generales de este tipo de construcciones.

 Se construían preferentemente en la umbría de un cerro y orientados al norte para conseguir la mayor sombra y aireación posible. Su estructura es la de un deposito excavado artificialmente, generalmente de planta circular, formando un cilindro o tambor con paredes de piedra, de un grosor aproximado de 60 cm. a 1 metro y aparejo de mampostería o sillería de diferentes acabados (piedra seca, mortero de cal etc.).

Los muros de la “nevera” suelen presentar varios vanos ciegos en los cuales se instalaban vigas de madera para formar una plataforma interior cuya finalidad variaba según la altura  y la situación de los mismos: levantar paredes, construir la bóveda, trabajar en el interior de los pozos, almacén de herramientas o paja etc.

La cubierta superior es una bóveda semiesférica o rebajada, con o sin nervios; aunque también existen falsas cúpulas por aproximación de hiladas o cubiertas de tejado, con forma cónica, apoyadas sobre la prolongación exterior de las paredes del pozo. En las zonas de montaña, algunos pozos carecían de cubierta. Una vez repletos de nieve, se recubrían con maderas, ramas, piedras y tierra.

El suelo o base del depósito estaba diseñado en forma de plano inclinado para favorecer la salida del agua hacia el exterior a través del desagüe.

Los accesos más habituales (puertas, portellas, etc.) se practicaban en la parte superior de la nevera, existiendo una o varias aberturas que se sellaban con puertas de madera o losas de piedra.

La utilización de los “Neveros” o pozos de nieve era sencilla. Se introducía la nieve y se compactaba con pisones de madera. Cada medio metro se extendía una capa de paja y el agua producida por el deshielo se canalizaba a través del desagüe hasta el exterior del pozo de nieve.

En las proximidades de algunos pozos se hacían balsas artificiales que se llenaban de agua, con muy poca profundidad, para que por la noche, con las heladas, el agua se convirtiera en hielo. Estas láminas de hielo eran recogidas e introducidas en los pozos.

Comercio entre mayo y octubre

La nieve era transportada en cántaros de barro y serones protegidos con helechos. Se transportaba de noche para evitar la licuación de la carga. Aunque la distribución se realizaba durante todo el año, era entre mayo y octubre la época de más comercio.

La nieve se utilizaba para conservar carnes y pescados, para refrescar bebidas, en la elaboración de horchatas y helados y para usos medicinales. Su consumo era muy demandado por conventos, hospitales, cuarteles y numerosos particulares. A los enfermos se les regalaba.

La floreciente industria de la nieve dio empleo a mucha gente y originó una amplia red de intermediarios entre quienes recogían la nieve y los consumidores en las villas y ciudades: estaban los “boleros” que recogían la nieve en los ventisqueros, los “guardas” que vigilaban y controlaban las sacas de nieve de la sierra, los “arrieros” que transportaban la nieve a las poblaciones, los “neveros” que eran los encargados o propietarios de los pozos que vendían el hielo a los consumidores; y los “arrendadores” de las Rentas Reales, que cobraban los impuestos.

 El negocio de la nieve data del siglo XVI

Aunque el negocio de la nieve parece datar del siglo XVI, su explotación no se generalizó hasta el siglo siguiente. La Hacienda Real lo gravó tempranamente, a partir de 1650, con tributos (quinto y millones). Pero hasta los inicios del siglo XVIII no se realiza una explotación sistemática y racional de la nieve. A partir de 1870 se inició la decadencia, la industria se desmoronó con la aparición de las primeras máquinas productoras de hielo, ideadas por Tellier, inventor del frio industrial.

Pero según consta en escritos de Galeno, Hipócrates y Dioscorides, ya en la antigüedad existían construcciones para almacenar hielo y nieve. Hay tratados en los que se indica que en Mesopotámia, en el 3000 a.d.C. ya se hacia acopio de nieve. En España, fueron los árabes los que potenciaron el almacenamiento y uso de la nieve.

En la umbría del valle

El “Nevero” de la Murta está situado en la zona de umbría del valle, un centenar de metros antes de llegar al puente de Felipe II, por la pista principal. De fácil acceso y rodeado por una maquia exuberante y característica, se encuentra esta peculiar construcción. Se trata de un pozo circular excavado en la montaña, de un diámetro de 7 metros y con una profundidad de 7 metros, lo que llama la atención es la forma cuadrada de su estructura, prácticamente única en este tipo de construcciones, con la cubierta a dos aguas. El acceso al pozo de nieve se hacia a través de tres puertas, situadas a cada lado de la cubierta. A unos metros, en dirección a la pista, podemos ver la salida del desagüe, por el que salía el agua del deshielo de la nieve del pozo. Debajo de la puerta central, se observan unos agujeros o vanos ciegos, en los cuales se instalaban las maderas que daban acceso al fondo del “Nevero”.

Salvador Iñigo

Interior del "nevero"

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