Desde Las Antípodas: Conduciendo por el otro lado /Julia Perea

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Ya he hablado alguna vez, si la memoria no me falla,  de la conducción por Nueva Zelanda.

Cuando llegamos aquí, con no pocos cambios que tuvimos que afrontar, también hubo que añadir el “extra” que supuso el tener que empezar a conducir por la izquierda en coches con el volante a la derecha.

Tuvimos la suerte de que nos ayudaron un poco en este tema, pero aún así durante las primeras semanas tuvimos que realizar una “actualización” de conocimientos forzosa.

Por aquí los coches que hay suelen venir importados y también hay bastantes de los llamados “semi-nuevos” de Japón, (donde también se conduce por la izquierda), y casi todos son de marcas de aquel país. Europeos se ven, pero poquitos y suelen ser de gama media-alta;  no demasiado recomendables para el bolsillo  porque el mantenimiento y el servicio técnico suele ser más caro. Así que nos decidimos por uno muy común por aquí, por supuesto con cambio de marchas automático (qué gran invento, la mano izquierda para cambiar de marcha la verdad es que la tengo un poco torpe) y de tamaño medio.

Los primeros días resultaba raro estar sentado en el lado izquierdo sin volante, tienes la sensación de que vas a caer en la cuneta o a besar alguna pared y mis pies iban autónomos apretando el freno y el embrague…

Luego llegó al hora de pasar a la acción. Después de tres o cuatro días viendo (que no entendiendo muy bien,  ya que  las explicaciones eran en kiwienglish: el “left” suena “lift”) cómo nuestro improvisado maestro (Iraia Whakamoe, desde aquí un abrazo por tu paciencia conmigo) se manejaba con gran soltura por las calles de Wellington y Miramar, dijo que tres días eran suficientes y que había que ponerse al volante.

Me sentí como hace casi 25 años cuando cogí un coche por primera vez.

Vamos a entrar en el coche… pero por el lado equivocado: te llevas un chasco cuando abres la puerta del coche por la izquierda y ves que no hay volante. Te sientes un poco “pardillo”.

Por fin entramos cada uno por la puerta correcta y…

empezamos: prueba de pedales, breve explicación de cómo se pone la marcha atrás, la posición neutra, la de parking y la de conducir, y… adelante. La carretera es nuestra.

Salgamos del aparcamiento: voy a poner el intermitente y empiezan a moverse las escobillas del limpiaparabrisas… los mandos están cambiados: los intermitentes a la derecha y los “limpias” a la izquierda…

Pongo la marcha atrás: busco el embrague. No hay, el coche es automático. Hay que apretar el freno antes de cambiar de posición.

En fin, media hora para salir del parking. Menos mal que los kiwis nos ganan en paciencia.

A pesar de este accidentado comienzo, la verdad es que nos ha resultado bastante fácil conducir por aquí; está todo muy bien señalizado (porque vienen muchos europeos y americanos que no están acostumbrados a conducir por la izquierda), no se suele ir muy rápido y a la hora de conducir he notado que la gente tiene mucha paciencia y en general respetan las normas.

Es curioso como cuando cedes el paso (aunque sea a uno mismo al que le toca hacerlo) el conductor del otro coche hace un saludo con la mano (en el 80% de los casos) y mis hijos cuando van en el coche y lo ven, me preguntan si conozco al otro conductor. Les resulta raro tanto saludo y a mí también, pero “allí donde fueres… haz lo que vieres”, así que el saludo no falta.

Curioso también que en las rotondas se gira en el sentido de las agujas del reloj, cedes el paso a los que vienen por tu derecha y el carril rápido es el de la derecha.

Este domingo 25 de Marzo van a cambiar alguna normas a la hora de ceder el paso; hay una campaña nacional al respecto del tema y en general la gente se queja de que va a resultar problemático para muchos conductores. Esperemos que no hayan muchos percances.

He de decir que aquí he notado bastante diferencia en el comportamiento a la hora de conducir; por Europa somos bastante más “agresivos”, vamos más rápidos y a veces hacemos poco caso de las normas, aquí ( y aunque también hay gente que va a “lo loco”, como no) lo que más me llama la atención es que en general la gente no se altera al volante, son correctos y educados y a mí personalmente hace que no me cueste tanto “coger” el coche. Y me pregunto: ¿se puede extrapolar el comportamiento de los conductores al comportamiento/ carácter de la gente?

No podrá afirmarlo rotundamente, pero personalmente creo que algo sí que hay.

Otra cosa curiosa es que al pasar por el túnel de Mount Victoria, los conductores hacen sonar el claxon. Y de forma insistente. Las primeras veces pensaba que era que estaba haciendo algo mal, que mis luces molestaban (porque nadie las enciende dentro del túnel, parece ser que no es obligatorio) o que me avisaban de algo. Después de darle bastantes vueltas al asunto, me enteré de que es una especie de tradición, vigente sobre todo los fines de semana.

Hace bastantes años, cuando apenas habían coches, el túnel era peatonal y los pocos coches que habían avisaban a los viandantes de que estaban allí. Con el tiempo el túnel dejó de ser peatonal, dejando sólo un estrecho pasillo para los peatones y otros dos carriles bastante estrechos para los autos, pero la costumbre de sonar el claxon no desapareció, así que desde el viernes todos los coches realizan improvisados diálogos con sus bocinas, además, todos contestamos a todos.

Nos hace tanta gracia que hemos hecho varias grabaciones en vídeo.

Bueno, nosotros empezamos ya el fin de semana, así que toca ir sacando brillo al claxon, que mañana tenemos concierto en “Mount Victoria”…

Saludos y hasta la próxima.

Julia Perea, Wellington (NZ) 24 de febrero de 2012

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