Relato de la vida en el casal faller de Albuixarres-Camí Fondo

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Inés Torres en el Casal durant el seu anomenament com a fallera major
Albuixarres es distinguix per les seues activitats solidàries

Fanny Gómez es fallera, de la falla Albuixarres-Camí Fondo, de Alzira; una de las muchas que existen en esta localidad que, junto a otras, también celebran esta fiesta además dela capital, Valencia. Junto al centenar de miembros de su comisión fallera, Fanny ayuda desde ayer a que la ‘plantà‘ de la falla -que debe estar finalizada por la mañana para que la visite el jurado- finalice con éxito.

El casal lugar de convivencia

Se trabaja a contra reloj, ayudando al artista fallero para que concluya su obra y, paralelamente, a adecentar el ‘casal‘; el lugar donde durante todo el año, y en especial en esta semana fallera, los falleros y falleras conviven para trabajar y para divertirse. El ‘casal’, a decir verdad, es el ecosistema donde todo se mueve en torno a una falla, desde la planificación de la fiesta, la gestión de recursos económicos y las actividades lúdicas y culturales, que también las hay.

Al día siguiente de la ‘cremà‘ que se ejecuta la noche del 19 de marzo, decenas de miles de falleros y falleras comienzan a preparar las fiestas del año siguiente. No es una exageración, pues horas después de que el fuego consuma centenares de monumentos el presidente de cada comisión fallera convoca a todos los socios para marcar directrices, estrategia y objetivos. Es difícil encontrar en el mundo tramas sociales tan complejas y tan participadas como las fallas, en la medida que, sólo en el caso de Valencia, implican directa e indirectamente –entre falleros, familiares y amigos– a más de 300.000 personas.

Los viernes reunión

"Cada viernes, durante todo el año, nos juntamos para avanzar en los preparativos de la fiesta", relata Fanny Gómez. Cada comisión fallera tiene una estructura muy jerarquizada, con un presidente, un vicepresidente, tesorero, secretario, vocales y jefes de áreas. Existen comisiones con 100 miembros, otras con 3.000 o más. Pero la dinámica, en todas, es similar. "Lo más difícil es lograr los recursos económicos para la fiesta", señala otra fallera, Rosa Oliver. Los ayuntamientos conceden subvenciones, pero sólo representan el 10% del total de gastos de cada comisión. La manera con la que se financian es a través de la venta de lotería –cada semana– y de las aportaciones de cada uno de los falleros y falleras.

"Tras cada reunión de los viernes cenamos y disfrutamos de la compañía y la amistad", señala Vicente, fallero. Una convivencia que incluye, durante todo el año, concursos –son muy apreciados los de un juego de cartas valenciano llamado ‘truc’-, viajes, actividades culturales, entre otras. Fanny señala que "para muchos es también una manera de encontrar permanentemente una segunda familia": "Nos conocemos todos y de aquí han salido muchas parejas que, a su vez, tienen hijos que también son falleros".

Sobre el mes de enero se inicia la frenética actividad. Primero la denominada ‘presentación’, en la que todos los falleros y falleras de una comisión se dan cita, generalmente en un teatro o sala de fiestas, para dar a conocer quién será la ‘fallera mayor’ de la falla. Es un acto cargado de liturgia, y donde todo se prepara al detalle. Después llegarán las cabalgatas, semejante a los desfiles de carnaval, y que son una explosión de imaginación de los falleros a la hora de lanzar su crítica social, política o económica; o los concursos de teatro, en los que los propios falleros y falleras se convierten en actores. Así hasta los días previos de fallas, en los que junto al montaje del monumento se deben cuidar otros detalles como la gastronomía –normalmente, todas las fallas tienen su particular concurso de paellas-, la verbena, los pasacalles con banda de música y cuántas actividades sean posibles en una semana en la que la pasión se desborda.

Ser fallera es lo mejor que le puede pasar a una valenciana

"Ser fallera es lo mejor que le puede suceder a una valenciana", añade Fanny, que dice ser fallera desde que nació. Lo cierto es que es extraño no encontrar al menos una fallera o fallero en cada familia valenciana; y en muchos casos todos los miembros lo son. Lejos de aminorar con los años, la incorporación de falleros y falleras aumenta en cada ejercicio; aunque son los más jóvenes los que más se divierten en unas fiestas que exigen ante todo aguante, mucho aguante. "Durante esos días apenas se duerme, se baila y canta mucho, se camina una barbaridad; pero vale la pena", concluye Fanny.

Salvador Enguix / La Vanguardia

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