La Deuda Pública, un impuesto intergeneracional /Op: Miguel Costa

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Desde el punto de vista político, no está mal visto gastar más de lo que se recauda incurriendo en déficit, y por acumulación, aumentar la Deuda Pública. Pero desde el punto de vista económico, esto tiene consecuencias.

Para situarnos adecuadamente, la Deuda Pública asciende a más de 678.000 millones de euros, rondando el 65% del PIB. Los intereses de nuestra deuda superan los 30.000 millones de euros, cerca del 3% del PIB español. Es decir, que el gasto que supone financiar el agujero que anteriores gobiernos dejaron supera ampliamente el impacto del último paquete de medidas de reducción del déficit aprobado por el Consejo de Ministros en 2011 que todos conocemos. La cuantía de los intereses de nuestra deuda es comparable al montante de los subsidios por desempleo.

A corto plazo resulta sostenible. A medio plazo resulta también sostenible. Incluso en un largo plazo puede resultar sostenible. Pero nada nos garantiza que tengamos paz en los próximos 20 años y no necesitemos aumentar de forma desproporcionada nuestro gasto militar. Nada nos garantiza que no suframos una catástrofe natural, similar a la de Japón justo ahora hace un año, en un futuro no muy lejano. Nada nos garantiza que no suframos ningún desajuste relevante, aún superior a la actual crisis económica. Esta crisis ha puesto en jaque las finanzas de la Nación, por la imposibilidad de financiar nuestra deuda. Ha puesto en jaque la sanidad, la educación, las pensiones, los subsidios, las nóminas de los funcionarios. Ha puesto en jaque nuestro Estado del Bienestar. Ha puesto en jaque el mantenimiento de nuestras instituciones. Y nada nos garantiza que la próxima situación adversa a la que nos podamos enfrentar no pueda ser peor.

Dado que los gobernantes irresponsablemente no están por la labor de reducir la Deuda Pública, sino más bien, de aumentarla para estirar la acción de gobierno, o como palanca de estímulo para el crecimiento económico, el montante se acumula con el paso del tiempo y nunca se reduce.

Así pues, mantenemos y acrecentamos la Deuda Pública dejando para el futuro unos impuestos pendientes de pagar a las generaciones venideras. Mientras tanto, año tras año, tenemos que pagar aún más impuestos únicamente para mantener los intereses de financiarla. ¿Es esto lo que entendemos por un modelo sostenible? ¿Es sostenible que las pensiones de los cotizantes actuales se asuman con la recaudación de los impuestos futuros en un Estado cada vez más endeudado? Disfrutamos de un Estado de Bienestar apoyándonos en pagos que tendrán que acometer nuestros hijos por no cuadrar las cuentas sistemáticamente.

Actualmente los bancos españoles están prestando cerca de 120.000 millones de euros al Estado español, a los que falta sumar el nuevo préstamo sindicado de 35.000 millones de euros que se está preparando para refinanciar la deuda a proveedores. ¿Alguien echa en falta que los bancos no financien a empresas o a particulares? Es lo que en Macroeconomía se conoce como el “efecto expulsión”. Un aumento del Déficit Público “expulsa” inversión privada, y es que la banca no tiene dinero para prestar a todos. Y por ello elige…

En cambio, la diferencia entre pagar intereses por una hipoteca, o cobrarlos por un depósito es inmensa. ¿Conocéis a alguien que prefiera pagar una hipoteca que cobrar intereses? De igual forma, si el Estado generara superávit sistemáticamente (más ingresos que gastos), acumulando un ahorro en vez de una deuda, el Estado tendría capacidad para garantizar las pensiones futuras, la sanidad, la educación y los subsidios por desempleo, podría pagar al contado a sus proveedores, financiar exportaciones de empresas nacionales, financiar proyectos empresariales, I+D+i, o bien obtener intereses y cobrar menos impuestos. En definitiva, el mundo ideal.

Por comparación, España no está tan mal en este aspecto. La mayoría de los países miembros de la UE tienen mayor nivel de deuda. Pero no se trata de conformarse mirando alrededor, sino de avanzar en la dirección más adecuada. Se trata de tener clara la ruta antes de dar el próximo paso, para no darlo en falso. Y si podemos avanzar antes que los demás, mejor. Se trata de reformular el modelo actual hacia un modelo mucho más sólido. De nosotros depende la herencia que dejamos a los que vienen detrás. De nosotros depende la sostenibilidad de nuestros derechos.

Pero ésta es una verdad incómoda. Demasiado incómoda.

Miguel Costa

Alzira,13 de marzo de 2012

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