Desde Las Antípodas: Sobre Bélgica y Luxemburgo, nuestra experiencia escolar /Julia Perea

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Después de pasar por Valencia y Salamanca en unos pocos meses, por cuestiones de trabajo, otra vez tuvimos que trasladarnos a Bélgica.

Bélgica es un país bastante heterogéneo geográficamente hablando; se encuentra situado estratégicamente en el centro de Europa con lo que era el lugar ideal para que en Bruselas, su capital, se instalaran la mayoría de instituciones de la Unión Europea.

Pero nuestro destino no fue el centro del país sino una zona llamada “Les Ardennes” zona situada en la parte sureste del país y que también se extiende a Luxemburgo.

Es una zona especialmente fría, con un largo invierno, pero que en verano el paisaje se transforma y es digno de admirar. Lástima que sea tan corto.

En Bélgica tres son los idiomas oficiales: alemán que hablan en algunos cantones cercanos a la frontera germana, el flamenco que se habla en la mitad norte del  país, hasta Bruselas más o menos y el sur de predominio francófono.

Nosotros estábamos en la zona francófona, así que en el colegio, que era de “La Comunauté Française”, el idioma vehicular era el francés. Los otros idiomas oficiales del país no se estudian en la escuela sino como optativas, así que en el colegio que elegimos la optativa era inglés o neerlandés y era el inglés el mayoritario.

Sin ánimo de generalizar, ya que siempre hay excepciones, lo que noté en general es que a los niños de esta zona les costaba bastante aprender inglés; los profesores ponían bastante empeño en el tema pero a los que venían del norte en que se hablaba neerlandés les costaba menos el aprendizaje.

El colegio era una extensión del que había en la localidad cercana más grande, y allí se podía cursar la primaria y parte del primer ciclo de la secundaria.

Respecto al material escolar el funcionamiento es diferente al que yo conocía de España:

Los profesores elaboraban unas fichas diarias de sus respectivas asignaturas y éstas, fotocopiadas, eran el principal material de trabajo de los alumnos. Los libros se utilizaban como consulta pero los alumnos no era obligatorio que los tuvieran. Si los compraban se podían revender cuando estaban en buen estado.

El Ministerio paga 75 € como máximo por alumno y año escolar en fotocopias al colegio, con lo que el material se ajustaba a este presupuesto. Luego aparte estaba el resto de material típico: algún que otro cuaderno, ficheros para clasificar el material, pinturas, bolígrafos, etc. Y el material de natación; en el colegio en primaria de los dos días que tenían Educación física uno de ellos era natación para todo el mundo.

En la vecina Luxemburgo  también había obligatoriedad de asistir a la clase de natación. Aunque la forma de estructurar la enseñanza es bastante diferente.

Allí los tres idiomas oficiales (francés, alemán y luxemburgués) son obligatorios darlos en la escuela. Así como en Bélgica este tema es más laxo por el sur y sólo se estudia el de la zona más el inglés, en Luxemburgo era algo muy importante y todos los niños conocen los tres (aunque es normal que tengan preferencia por usar uno u otro en el ámbito familiar) y se introducen por etapas:

En preescolar el idioma utilizado es el luxemburgués, es un idioma que muy pocos escriben (es más de tradición oral) y que tiene diferente dialectos de una zona a otra. Cuando los niños empiezan la primaria, las clases pasan a ser en alemán (la de religión/asignatura alternativa suele seguir siendo en luxemburgués) hasta tercero, en donde se empieza a introducir un par de asignaturas en francés, además de empezar a estudiar ese idioma. A los niños cuya principal lengua es el alemán les cuesta más de aprender el francés que a los que en su casa hablan portugués o italiano. Y lo contrario para los que hablan francés u otras lenguas románicas: el alemán es muy duro de aprender.

Posteriormente siguen alternando ambas lenguas, hasta más o menos a mitad de bachiller, en el que empiezan a introducir el inglés, sobre el año 10.

Al finalizar el bachiller se les orienta hacia una rama más técnica (una especie de FP) u otra más teórica (Bachiller clásico con el que accedes a estudios universitarios) de acuerdo con el dominio del idioma que tengan los alumnos.  Si no estás conforme con la decisión, puedes demostrar que estás capacitado para hacer el bachiller que quieres mediante un “examen d’état”. Si lo superas no hay problema.

Si además tenemos en cuenta que hay un alto porcentaje de inmigrantes portugueses, no es raro encontrarse con gente que hable un montón de idiomas… Nuestra vecina que nació allí pero de padres portugueses, podía hablar cinco idiomas con soltura. El portugués lo reforzó en una asociación portuguesa para saber escribirlo bien.

Resultó una experiencia muy enriquecedora, tanto personal como académicamente y he de resaltar que tuvimos la suerte de encontrarnos con una mayoría de estupendos profesores, apasionados con su trabajo, que nos ayudaron a que la adaptación al nuevo sistema escolar fuera la mejor posible para los niños.

No me pareció una tarea fácil el enseñar alemán,  pero con la mentalidad luxemburguesa, en que hay poco margen para la improvisación para muchas cosas, al revés que los que tenemos más sangre mediterránea, todo estaba perfectamente estructurado y evaluado por lo que era difícil no avanzar nada.

El sistema educativo me pareció bueno, aunque bastante compartimentalizado y con poca libertad para el alumno en general, pero al tener la ventaja de dominar bastantes idiomas puedes optar por estudiar en universidades de fuera del país: Alemania, Francia, o Bélgica.

También hay que tener en cuenta que hay una gran cantidad de ayudas económicas para los estudios y los niños menores de 18 años, con lo que el tema económico a la hora de estudiar no es tan difícil de afrontar como en otros países, en los que son los padres los que asumimos el gasto o son los alumnos los que se enfrentan a un préstamo estatal para pagar sus estudios.

Julia Perea, Wellington (NZ), 3 de marzo de 2012

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