Desde Las Antípodas: Bella Italia /Julia Perea

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Al hilo de lo que escribí hace un par de semanas sobre la “vuelta al cole” , tengo montones de anécdotas ya que con dos niños en edad escolar y cambiando de país (no ya de colegio) cada dos o tres años años la verdad es que la cosa da para bastante.

El primer salto lo dimos hacia Italia; concretamente a Milán. Vivíamos en una preciosa zona residencial en Segrate, en la que estábamos alejados del centro de la ciudad, pero con todos los servicios necesarios aunque a precio casi casi de atraco. Milán es una ciudad enorme, tremenda, con un aspecto bastante degradado debido a la polución . En los dos años que estuvimos allí sólo pude ver una vez la fachada del “Duomo” (catedral milanesa) porque siempre estaba de reparación y limpieza. Es imponente, por dentro y por fuera y recomiendo su visita si eres amante del arte y estás en Milán, claro. Aunque siempre se encuentran también vuelos baratitos…

A la derecha del Duomo se encuentra la galería “Vittorio Emmanuelle” , de orientación claramente comercial. Precios altos, hasta en el Mc Donalds… aunque ver los escaparates ya merece la pena y es gratis.

En Italia hay, como en España, colegios públicos y privados; en este aspecto yo siempre me he decantado por la escuela pública más cercana a mi residencia (y en España también) por varios motivos:  al ir con los niños de la zona, la socialización será más fácil, no pierden tanto tiempo en los desplazamientos a la escuela y por supuesto aprenden el idioma local, es el primer paso para la integración social. Sin el idioma es difícil una integración adecuada. Los colegios internacionales suelen ser muy restringidos, caros y para mí no eran buena opción por los continuos cambios de residencia.

En Italia el idioma oficial es el italiano, pero también hay multitud de dialectos: por ejemplo en la  región  de Lombardía (que es donde se ubica Milán) se habla “lombardo” pero solo algunas personas mayores, y suena como si un francés hablara italiano más o menos. En el colegio los estudian muy por encima junto con otros dialectos del país, como toscano o sardo. Como anécdota diré que en Cerdeña en una pequeña población llamada l’Alghero se habla una varieda dialectal del catalán… pero bueno sigamos.

El italiano es un idioma que a mí, particularmente, me gusta por su sonoridad; además para nosotros nos resulta relativamente fácil de entender en  relativamente poco tiempo si le pones un mínimo de interés. Aún me resulta increíble recordar como en cuestión de unos pocos meses mis hijos se adaptaron y superaron la difícil prueba del idioma con nota. En el colegio el horario se extendía de 8:30 hasta las 4:30; todos los niños se quedaban al comedor (cosa que ayudó mucho a mejorar con el idioma) excepto si tenían alguna necesidad especial con la comida y los profesores del curso comían con ellos en la misma mesa para supervisarlos.

Colegio de Primaria Segrate

Respecto al material escolar y a pesar de lo carísima que es una ciudad como Milán (diría que el doble que Valencia en el tema de comida) con relativamente poco dinero podías zanjar el tema, ya que los libros, que es lo más caro, eran subvencionados por “il Commune”  (ayuntamiento) y no pasaban de 4 a lo sumo.  El resto eran libretas con su correspondiente “copertina” de un color determinado para cada asignatura, donde se realizaba el “trabajo” de campo: se pegaban las fotocopias de textos u operaciones matemáticas,  que complementaban a los libros, se escribían las redacciones, textos, etc.

Al colegio también acudían niños de otros países: chinos, polacos, sudamericanos, algún que otro coreano…por lo que se hacía necesario poner un profesor de refuerzo que, además de enseñarle el idioma le acompañaba en clase indicando lo que tenía que hacer, hasta que el niño era capaz de valerse él solo.

Otra cosa que se hacía era una jornada festiva de “puertas abiertas” en las que se enseñaba a los padres el funcionamiento del colegio, los niños preparaban alguna canción o actuación  y también se hacía una especie de mercadillo de 2ª mano, en el que se vendían cosas donadas por las familias de forma desinteresada y ese dinero revertía en el propio colegio.

Otra cosa que me llamó la atención fue la complicadísima y lenta burocracia que rige la vida administrativa de las zonas por donde viví, experiencia que me hizo ver lo eficiente (y esto lo digo sin ningún tipo de sorna o guasa) que es casi siempre la burocracia española -por lo menos en Valencia-. Para poder inscribir a los niños en el colegio fue un continuo aporte de documentación de todo tipo, pegas y más pegas por esto o por aquello, un intento de cambio de colegio a otra zona porque habían muchos alumnos, pero al final tuvimos suerte y conseguimos el más cercano a nuestra residencia. No cuento cuando fuimos a pedir el “permesso de soggiorno” porque eso da para otro capítulo… La burocracia en Italia es bastante deficiente; espero que en estos años haya mejorado algo.

La experiencia fue satisfactoria para todos, recordamos con cariño a Italia porque creo nos unen muchas más cosas que con otros países más cercanos geográficamente: el carácter, la cercanía del idioma, el clima, el estilo de vida… allí nos sentimos rápidamente integrados en todos los aspectos y  nos dió experiencia para acometer el siguiente destino: Bélgica y Luxemburgo.

Lo explicaré en el siguiente capítulo.

Julia Perea, Wellington (NZ), 25 de febrero de 2012

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