La reforma laboral, derrape a cuatro ruedas /Opinión: Miguel Costa

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Cuál trompo de 180º, la nueva reforma laboral ha dado un giro completo a la evolución natural seguida en nuestro país. Chillando las cuatro ruedas, sindicatos y oposición se oponen “frontalmente” al Decreto Ley. La flexibilidad del mercado laboral aterriza en España como panacea que viene a solucionar nuestro enorme desempleo, pero ¿qué consecuencias tiene?

Tras nueve folios y medio de disposiciones generales, y cincuenta y tres más de articulado, podemos resumir que la reforma gira en torno a cuatro ejes. El nuevo papel de las Empresas de Trabajo Temporal como colocadores de empleo, bonificaciones para contratos indefinidos, facilidades para la reubicación y despido de trabajadores, y un nuevo marco de negociación colectiva. Todo ello en favor de las empresas, de quienes se espera que sean los creadores de empleo.

Sin entrar en valoraciones políticas, se trata de una reforma de “puertas abiertas”. Puertas abiertas para contratar jóvenes, y parados de larga duración, mediante bonificación en la cuota de la Seguridad Social; y puertas abiertas para despedir de forma más rápida y económica. En líneas generales, en esto consiste la flexibilidad del mercado laboral. A priori, parece que resulte más perjudicial que beneficiosa. Aunque los resultados en los países con mayor flexibilidad laboral indican lo contrario: Australia, no conoce crisis desde hace 20 años, tiene menos del 4% de paro; Hong Kong 4,6% de paro tras bajar su PIB real en un 2,4% en 2010; Estados Unidos bajó del 9,7% al 9% la tasa de desempleo mientras bajaba un 2,6% su PIB real.

La flexibilidad laboral se entiende fácilmente desde una perspectiva futbolera: es más fácil despedir a uno que a veintidós. Cuando un equipo no obtiene los resultados esperados, despide al entrenador, no a la totalidad de la plantilla. Si con el cambio, los resultados mejoran, problema solucionado. Si no mejoran, la limpieza de la plantilla es inminente. En las empresas sucede lo mismo. Si la demanda disminuye, la producción disminuye. Si se mantienen los gastos, incluidos los laborales, y bajan los ingresos, la empresa perderá dinero, cerrará, y todos al paro. Si al reducir la producción se reducen los gastos, incluidos los laborales, la empresa podrá mantenerse, manteniendo también algunos puestos de trabajo. Si los costes del despido son demasiado elevados, no se estarán reduciendo los gastos, por lo que la empresa puede acabar cerrando igualmente.

Independientemente de la legislación laboral, la creación de empleo la genera el crecimiento económico, y la destrucción de empleo la causa la ausencia de crecimiento. La mejor aproximación a esta realidad nos la da la Ley de Okun, ya que describe la relación entre crecimiento económico y creación de empleo. Lejos de ser una ley empírica, nos resume las conclusiones que obtenemos de la experiencia y la observación. Dejando a un lado su formulación y la base teórica que la sustenta por ser muy farragosa, la ley de Okun nos dice que para crear puestos de trabajo la economía debe crecer, al menos, aproximadamente un 3%. Dado que los precios tienden a subir, y la experiencia nos hace poco a poco más productivos, se estima que un crecimiento de un 3% viene generado por estos dos factores básicamente manteniendo fija la tasa de empleo; para lograr superar este umbral de crecimiento, entonces sí se hace necesaria la creación de empleo.

Como ya he comentado anteriormente, no se trata de una ley empírica sino de las conclusiones de la observación y la experiencia. Por lo que la cifra del 3% es una aproximación muy variable dependiendo de cada país, pero bastante exacta para la economía española. Este umbral de creación de empleo depende de muchos factores, y entre ellos, de la eficacia del mercado de trabajo (no confundir eficacia con flexibilidad).

Si medimos la eficacia de la reforma en base a su resultado más cortoplacista, no hará falta esperar. Este año será nefasto. Si queremos evaluar su impacto con mayor rigor y seriedad, deberemos hacerlo, a final de año, comparando el comportamiento del PIB y del paro en este año 2012 con los años 2010 y 2008. En 2010 el PIB subió un 0,6% y el paro un 2,05%; en 2008 el PIB bajó un 1,4% y el paro creció un 3,08% (datos INE). Puesto que todas las previsiones apuntan a que este año habrá un tímido crecimiento (los más optimistas) o una caída cercana al 1,5% del PIB, tenemos un buen patrón de medida para comparar el comportamiento del mercado laboral tras la reforma ante a un comportamiento similar del PIB.

Un derrape de este nivel, aprovechando la mayoría absoluta gubernamental sólo se puede justificar por el resultado. ¿Qué ocurrirá? Hagan juego, inicien sus apuestas. La del gobierno es a doble o nada.

Miguel Costa

Alzira, 18 de febrero de 2012

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