Desde las Antípodas: Hoy… paella /Opinión: Julia Perea

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Paella i fideuà hecha en casa Julia en Wellington

De entre  las cosas que decimos los  emigrantes que echamos de menos de nuestra tierra, suele ser algunos tipos de comida, como el jamón, el queso manchego o el chorizo (me refiero al de hacerte un bocata o poner en el cocido, claro, no a lo que se está cociendo en política…).

Otros dicen que echan de menos las “tapas”, con su cervecita cuando sales con los amigos… Y no os podéis imaginar la de bares, restaurantes y otros sitios similares que he visto, con  nombres del local que no entendía nadie (eso en Ámsterdam)  y al lado con letras bien grandes y puesto sobre la bandera española la palabra “TAPAS”. Y luego lees la carta para ver lo que se cuece por allí y se te quedan los ojos como platos…  lo mismo te ponen falafel, (una albóndiga de garbanzos típica de Oriente Medio) que bolas de arroz con mozzarella junto a la tortilla de patatas. Y el jamón sobre pan de pita, of course. Bueno, son otro tipo de “tapas”, y aunque para gustos colores,  nada que ver con las que tomé una vez por Salamanca por ejemplo.

Y la paella, como el plato principal claro. La paella no puede faltar.

Lo de la paella es muy peculiar. Es un plato cuyo nombre es conocido mundialmente, pero casi nunca se parece a la que yo he visto tantos años hacer en Valencia. Y así y todo he visto también formas variadas de hacerla por allí.

En Bélgica y Luxemburgo muchos tienen la idea de que es solo a base de “fruits de mer” ( y eso que por la zona, el pescado fresco no es fácil de ver por su situación geográfica) y el nombre es “paëlla” o en la mayoría de sitios un arroz con carne de pollo y pescado, bueno por aquí son los mejillones y las gambas,  además de otros complementos como guisantes, o chorizo picante…

Nunca los he visto, pero sé de buena tinta que en la vecina UK venden sándwiches con sabor a paella. Peculiar cuanto menos.

Por aquí he visto paquetes de comida refrigerada en la que se anuncia la famosa “Spicy chorizo paella” y claro, la curiosidad hace que  uno se asome a la ventanita del paquete y resulta algo muy chocante lo que se ve… Arroz largo cocido “con hierbas y especias al estilo español con chorizo picante y olivas negras” (traducción literal), además de los preceptivos guisantes, perejil, zanahoria a cubitos y una rodajita de limón.
Otra variedad es que cuando los que sirven el catering a las compañías anuncian “hoy tenemos paella” (entre otros platos) en realidad es como un “engrudo pastoso de arroz blanco con guisantes y maíz dulce”. Esto dicho por quien lo probó, yo no tuve el placer…
Pero bueno, vamos al lío.

Nuestra Julia Perea en las Antípodas (NZ)

Wellington es una ciudad pequeña aunque tiene de todo. Hay multitud de comercios con todo tipo de productos y comidas, desde tiendas en las que venden piedras de colores, libros o electrodomésticos  ambos de 2ª mano,  hasta multitud de restaurantes orientales: chinos (poco o nada que ver con los restaurantes chinos de Europa),  japoneses, coreanos o thai. Y como no, no podían faltar los de comida mediterránea, donde se engloba productos italianos, españoles y también de otros países de la zona como Grecia o Turquía.

Hay un comercio en el que además de poder degustar una pizza o una lasaña puedes adquirir, en la trastienda,  productos típicos mediterráneos, sobre todo italianos.

Allí entramos a curiosear y comer al segundo día de llegar, y entre montones y montones de pasta italiana, prosciutto, y mozarella vi en un rinconcito unas 5 paellas (el caldero de toda la vida) de diferentes tamaños y al ladito arroz  de Calasparra. Eso unido a que mi cocina era de gas (no vitrocerámica) hizo que después de tantos años viera el cielo abierto para poder hacer paella (con  6 años rodando por ahí fue una suerte). Nunca me habría imaginado que en la otra parte del mundo iba a encontrar tan fácilmente algo muy importante para hacer una paella: el caldero, que nunca había visto a mi alcance por ahí. Los ingredientes los he tenido que adaptar, pues “ferraura” o “garrofó” no he encontrado ( pero tampoco los he buscado) así que pongo la redondita y sobre el colorante: viene de camino desde España (lo que hace la familia…).  De momento pongo azafrán en hebras.

Ha sido algo curioso que haya podido hacer una “casipaella” de sabor bastante aceptable por estas latitudes, así que no nos podemos quejar.  Otra cosa más para no perder las raíces desde la lejanía…

Saludos desde las Antípodas.

Julia Perea

Wellington (NZ), 28 de enero de 2012

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