Miles de peces agonizan en la Albufera por la falta de oxígeno en el agua

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Miles de lisas agonizaban ayer en las aguas de las acequias del Palmar, justo donde se ubican las terrazas de los locales de restauración. Un espectáculo que inmediatamente concentró en la zona a numerosos vecinos que contemplaban ya con resignación una nueva mortandad en la Albufera. Era tal la concentración de alevines de lisas en el canal que los ejemplares quedaban varados en la superficie unos sobre otros, respirando como podían unas bocanadas de oxígeno fuera de las aguas anóxicas. Ni siquiera un ejemplar de martín pescador que observaba el fenómeno osaba meter el pico entre tanto pez. Mientras, operarios de la brigada de obras se afanaban en recoger desde primera hora de la mañana los ejemplares que no lograban sobrevivir a tal tumulto. Hasta diez bolsas consiguieron llenar.
Pudrición de la paja del arroz
Tal y como señalaron ayer los vecinos, este hecho se repite desde hace unos cuatros años en la localidad, coincidiendo casualmente con la entrada en vigor de la restricción europea de quemar la paja del arroz tras la siega. La Plataforma Albufera Viva insiste en esta casualidad. «Antes los peces se refugiaban en la vegetación de la Albufera, ahora no sabemos por qué vienen al canal. Nadie da una explicación convincente», explicó Carmen Serrano, del Palmar. Es por ello que desde la entidad apuntan a que los peces «van buscando aguas más saludables, huyendo de la falta de oxígeno que provoca el metano desprendido de la pudrición de la paja del arroz en los campos».
La Plataforma Albufera Viva se creó este mismo año precisamente con el fin de evitar la mortandad de peces que se repite desde que se aplica la restricción europea sobre la quema y que en numerosas ocasiones se ha calificado de «desastre ecológico». «Con sólo un pez muerto ya tendríamos que preocuparnos», advirtió Josep Chaqués, secretario de la plataforma, quién añadió que el metano «lo mata todo y al final acabaremos teniendo un pantano sin vida».
Ahora, una de sus últimas acciones ha sido la de solicitar el informe sobre el tratamiento de las aguas del Parque Natural . El propio presidente de la Cofradía de Pescadores del Palmar, José Caballer, aseguró que «si las aguas estuvieran limpias más de 200 personas podrían vivir de la pesca en la Albufera».
Por su parte, el alcalde de la pedanía, Vicent Aleixadre, incidió en el hecho de que este fenómeno «no tiene nada que ver con el metano que se desprende de la pudrición de este residuo en los campos. Los peces van buscando aguas más cálidas y se refugian aquí», explicó. Aleixandre también dio un porcentaje de la mortandad. «Podemos estar hablando de que pueden morir un 0,03% de los peces que hay en el lago a causa de estos hechos que han ocurrido en el Palmar».
El problema se repetirá
Explicó que «sólo se han retirado unas diez bolsas con pescado muerto». No obstante, y según mantiene, el problema se repetirá durante algunos días más, por lo que todavía no se sabe el cómputo total de mortandad que este fenómeno puede producir hasta que los peces aumenten de tamaño y salgan nadando hacia las aguas del lago. La mortandad puede ser mayor teniendo en cuenta el tráfico de barcas que existe en las acequias del Palmar que no pueden esquivar la acumulación de peces.
Aleixandre insistió en que las aguas del canal están «limpias». «Esta misma mañana el biólogo las ha examinado y ha descartado cualquier vertido», advirtió. Pese a esto, hace apenas un mes los propios vecinos del Palmar llamaban la atención sobre el olor que invadía las calles por la noche y que oscurecía las persianas de las casas más cercanas al canal. Un hedor que los vecinos achacan a la putrefacción de la paja en los campos que oscurece las aguas hasta teñirlas de negro.
Los peces buscan aguas más cálidas
Desde el Parque Natural, su director, el suecano José Segarra, coincidió en las causas. «Los peces buscan aguas más cálidas y se recogen en el canal, huyendo al mismo tiempo del apetito de los cormoranes, que son unas aves que necesitan para alimentarse entre uno y dos kilos de peces al día», explicó.
Para Segarra achacar este hecho a la paja del arroz es «extemporáneo, porque ya han pasado los meses de la siega, y deslocalizado, ya que el fenómeno tiene lugar fuera de los ‘tancats’ en los que este año se ha reproducido el problema que han sido sólo tres. Los peces buscan el agua limpia y por eso se refugian en las acequias del Palmar como otros años», añadió.
De hecho, el año pasado este fenómeno se localizó por las mismas fechas en el barranco de Chiva, en el término de Catarroja, donde toneladas de peces murieron a causa de la acumulación y la falta de oxígeno. Las compuertas construidas en el barranco se convirtieron en trampas mortales impidiendo que los peces pudieran regresar a las aguas del lago. Un problema que se solucionó con la colaboración de la Confederación Hidrográfica del Júcar que coordinó esfuerzos con el Parque para eliminar las represas.
El director del Parque Natural asegura que este año los estragos de la paja han sido mínimos. «Ha sido un otoño muy seco y esto ha propiciado que la paja se haya mineralizado».
Ada Dasí / Las Provincias

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