Desmontados /Opinión: Vicente Furió

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El pasado viernes el Banco de España anunció que la Comunitat Valenciana se encuentra a la cabeza del endeudamiento autonómico español. Hasta el pasado 30 de septiembre se debían 20.469 millones de euros. Una cifra que si la transformamos en las antiguas pesetas nos podemos marear. El líder, en cuanto a las deudas, es la Generalitat de Cataluña. En los últimos ocho años el ineficaz José Montilla ha hecho de las suyas y menos mal que lo mandaron a casa y por méritos propios.

En la Comunitat Valenciana, en los últimos 20 años, primero Eduardo Zaplana, después el breve José Luís Olivas y a renglón seguido el pensativo Paco Camps han dado pruebas de que el poder valenciano les venía muy grande. Han sido unos desmanotados y a su gestión, a las consecuencias de la misma, nos remitimos.

Nuestra esperanza ahora es Alberto Fabra. En los meses que lleva al frente de la Generalitat desprende la imagen de que hace lo que puede, en la inmensa tempestad que le ha tocado vivir. Eso sí, ha heredado un gobierno que desde mis perspectiva y en determinados casos tendrá que proceder a su cambio con urgencia antes de que se vea con el agua al cuello.

A Alberto Fabra lo conocí en 2005, cuando me encontraba preparando la salida de la edición en Castellón de Las Provincias. En los encuentros protocolarios que mantuve con él, así como en el transcurso de una comida mantenida en Segorbe, me quedé con la imagen de un hombre moderno, comprometido, honesto y humilde. Espero y deseo que no nos defraude y con sus ideas y sobre todo rodeándose de gente competente contribuya a que la Comunitat Valenciana vuelva a caracterizarse por su capacidad para generar riqueza.

Pero, Alberto Fabra lo tiene complicado por la herencia recibida: Eduardo Zaplana fue a la suya e hizo lo que quiso sin que nadie le parase los pies. José Luís Olivas es una anécdota que le sirvió para dar el pelotazo de presidir Bancaja y ya vemos como ha salido de Bankia, Banco de Valencia… En cuanto a Paco Camps, su suerte fue generar el mensaje de que José Luís Zapatero (otro desmanotado) nos quería hundir… Nada más. En sus dos primeros años estuvo más preocupado de los movimientos de Zaplana que de sus iniciativas. Y después su afición por las medidas, por los sastres y por los trajes lo han dejado más que tocado…

Me imagino a Alberto Fabra y a sus hombres de confianza atormentados: Terra Mítica, Valmor Sports, Open 500 de Tenis, Fórmula-1; deudas farmacéuticas; presión empresarial liderada por el burgués de Vicente Boluda; deudas a la pequeña y mediana empresa que actúan de proveedores de la Generalitat; recortar los presupuestos de Sanidad y Educación; Emarsa; hacer frente a la sangría de RTVV, un ente informativo absolutamente parcial y … tantas y tantas cosas más. No me extraña que se sienta “sonrojado” y tampoco que quiera pedir explicaciones al Instituto Nóos (Iñaki Urdangarín) que encontró en las instituciones públicas de la Comunitat Valenciana el terreno abonado para sus negocios. En la Navidad de 2005, por ejemplo, Paco Camps se comprometió a pagar al Instituto Nóos un total de seis millones de euros para los estudios destinados a preparar la candidatura de unos Juegos Europeos en Valencia. ¡Qué cara! No tenía dinero para aplicar la Ley de la Dependencia y sí para este tipo de estupideces a favor de un privilegiado.

Le deseo lo mejor a Alberto Fabra. Su buena o mala gestión repercutirá en los valencianos. Y soy consciente de que con una losa de 20.469 millones de euros hay que tener mucha imaginación y mucho talento para salir del agujero. Y mientras tanto los desmanotados siguen a la suya: uno por Europa; el otro por la Gran Vía y el tercero con el rompecabezas de los trajes. Ya lo decía Winston Churchil, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Necesitamos políticos con capacidad de servicio y buenos gestores en lugar de aventureros que se arreglan la vida de ellos y de sus descendientes a través de la política.

Vicente Furió

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