La prensa elogia el último montaje de Albena y Carles Alberola

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Alfred Picó y Carles Alberola en "Que tinguem sort"

«Que tinguem sort»
Teatre Talía

Enrique Herreras

De Carles Alberola. Int: C. Alberola, Alfred Picó. Espacio escénico: Carles Alfaro. Iluminación: C. Alfaro, Ximo Olcina. Vestuario: Rocío Cabedo. Dirección: C. Alberola. Producción: Albena Teatre.

Si la televisión había alejado un tanto a Carles Alberola del escenario (salvo en su intervención en Art), en este montaje lo recuperamos de manera triple. Es el autor y director de la propuesta, y, además, protagoniza la obra junto con Alfred Picó. Datos que nos conducen a un hecho significativo, porque este ameno y hondo trabajo es una especie de retorno al pasado, a los inicios donde esta compañía se labró un porvenir, y un nombre. Sobre todo a partir de una seña estética creada por Alberola, que limita al norte con una mezcla de humor inteligente con ganas de llegar al espectador, y al sur, con un juego entre la realidad y la ficción, a partir de un tono de comedia agridulce sobre lo que somos y lo que queremos ser. El este y el oeste quedan también tatuados en esta última propuesta, el amor al teatro y una delicada reflexión sobre el tiempo, sobre la vida.

Un trozo de vida, en esta ocasión, de dos actores que unen cotidianidad e imaginación.  El escenario es una isla imaginaria, rodeada de realidad por todas partes. Vida y teatro se confunden, pero no los temas que arden en escena: amistad, el paso del tiempo, los sueños rotos… Todo ello subrayado con un sentido de humor muy psicoanalítico, y psicodélico, dentro de una estructura dividida en dos partes. Primero, dichos actores se relacionan, comen, hablan, se visten en un camerino (bella y simbólica escenografía de Carles Alfaro). Después, cantan, bailan, a modo de café teatro; e inundan el espacio con  una sucesión ocurrentes y emotivas situaciones, y hasta se ironiza con la Valencia de la Fórmula 1. Retorno al pasado, pero con mucha madurez  añadida, la de un autor que borda unos diálogos que van de  la ligereza a lo trascendente; la de un director que  sabe redondear unos sobrios recursos escénicos, y la de un actor que ha logrado un modo de ser que casa  muy bien con la radiactiva presencia de Alfred Picó. Una pareja perfecta. Albena brilla de nuevo. En  su camerino.

Levante-EMV

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