Los agujeros en la Banca Valenciana / Opinión: Vicente Furió

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Sería por el año 2008 cuando el entonces presidente del gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero (hoy en funciones), dijo aquello de que “nuestro sistema financiero goza de buena salud”. Sus palabras pretendieron tranquilizar a la opinión pública, al denominado ciudadano de a pie, que deposita sus ahorros en una entidad bancaria. El pronunciamiento de Rodríguez Zapatero, a su vez, fue acogido con sonrisa y empavonamiento por los banqueros más importantes del país.
Todo parecía idílico, como si la temida crisis no fuese con nosotros. Nuestro dinero estaba en el lugar más seguro del mundo y nuestros bancos y cajas de ahorros se ofrecían como las más solventes del universo. ¡Qué tranquilidad! Eso sí, desde diversos sectores y, en especial, desde el Banco de España se reclamaba una urgente disminución del número de entidades financieras. De inmediato se promovieron las fusiones, algo así como cuando que el pez grande se come al pequeño.
Caja Madrid engulle Bancaixa


En plena vorágine de fusiones, una noche nos acostamos pensando que, al menos, en la Comunitat Valenciana, las entidades financieras domésticas eran solventes y poderosas. Sin embargo, al despertarnos supimos que Bancaixa se había integrado, más bien enguida, por Caja Madrid y de esa unión nacía Bankia que ha necesitado 4.600 millones de euros procedentes del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), que es como decir dinero público. De inmediato percibimos, por los primeros hechos que la antigua Bancaixa entra en una fase de pérdida de protagonismo en la toma de decisiones. 4.600 millones, son muchos millones, hasta el punto de que según los expertos, costará mucho de devolver por utilizar una terminología más bien propia de la diplomacia vaticana, es decir, a nadie quiero molestar. Y claro, muchos amigos de los que mandan, pronto empezaron a situarse en los nuevos órganos de gestión y con independencia de su grado de preparación.
Prostitutas de 2.000 euros


Después de este golpe supimos que a la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo) nadie la quería de compañera de viaje. La dejaron sola por la pésima gestión de sus dirigentes políticos y técnicos. Fue intervenida por el Banco de España por la urgencia de inyectar  2.800 millones de euros. Se empezó a extender que la CAM había sido saqueada por unos indecentes de cuello blanco. Sus nombres y apellidos son conocidos. Es de esperar que tras la oportuna investigación judicial todo quede aclarado y paguen por sus errores o mala fe. No puede perdonarse, de ser ciertas las informaciones publicadas (Sexta Noticias), con respecto a que algunos responsables de la CAM utilizaron los servicios de prostitutas en Suiza, a cambio de 2.000 euros la hora. El pastel del saqueo tuvo su guinda cuando hace unos días el FROB daba a conocer  que la CAM registró pérdidas de 1.731 millones en los primeros nueve meses de 2011. ¿Se juzgará a los saqueadores de la CAM?
Ahora, el Banco de Valencia


Para culminar el desasosiego salta a un primer plano de la actualidad el Banco de Valencia y su intervención por el Banco de España, en la tarde del 21 de noviembre de 2011. Su situación no se podía resistir pues en el momento de anunciar dicha intervención también se dice que se le inyectan 1.000 millones de euros y se le concede una línea de crédito de 2.000 para asegurar su liquidez. ¿Qué hacemos con los nefastos gestores de esta entidad? En un abrir y cerrar de ojos los valencianos hemos perdido a tres entidades representativas, tres instituciones que se suponía velaban, cuidaban y protegían de nuestros intereses.
¿Este es el buen hacer de la burguesía valenciana? ¿Del empresariado? ¿De los políticos? ¡Vaya tropa! Encima, este tipo de personajes llevan meses dando consejos sobre cómo salir de la crisis cuando demuestran su incapacidad para gestionar la riqueza valenciana. Y como nos descuidemos, la culpa la tendrá el asalariado, la persona que por desarrollar su trabajo percibe entre los 800 y 1.000 euros al mes. La crisis que soportamos no la ha provocado el trabajador ni el ejecutivo medio. Es indecente culpar al débil. No hay duda que hemos perdido las raíces basadas en la honradez, buena gestión y ética en el comportamiento. Los tiempos dedicados a la avaricia del pelotazo y al dinero fácil han contribuido al desarrollo de una sociedad corrupta. Y que no me hablen de la exposición al ladrillo. Buscaron el dinero fácil y ahora se pagan las consecuencias.

Vicente Furió

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