Aspar y Campos echan un pulso por la Fórmula 1

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    Aspar y Campos promueven un Museo del Motor en Alzira

    Si a finales de los ochenta alguien les hubiera dicho que hoy mantendrían un pulso a distancia por organizar el Gran Premio de Fórmula 1 en Valencia, muy probablemente Jorge y Adrián habrían cruzado la mirada para inmediatamente echarse a reír. Y cualquier persona presente en la hipotética escena advertiría entre ellos ese instante de complicidad, reflejo emocional esculpido por dos personas que se conocen desde la infancia.

    De niños, Aspar y Campos compartieron las mismas calles pero distintos ambientes. En los años sesenta, la familia Suñer ya era una de las grandes fortunas de la época gracias a Cartonajes Suñer y Avidesa, fundada en 1957. Y sí, Adrián Campos (nieto de Luis Suñer) nació en una familia adinerada, de las más poderosas de la Comunitat y por descontado de Alzira. El abuelo de Jorge era alpargatero -‘aspardanyer’ en valenciano- y de ahí viene el sobrenombre con el que pasará a la historia. Es cierto que la billetera de uno y otro tenían pesos diferentes, pero ambos compartían el deseo de quebrar lo establecido y luchar contra su propio destino.
    Relación idílica
    Aspar, porque cuando empezó a entender que su futuro giraría en torno a las motos ejerció de buscavidas para poder correr. Ricardo Tormo, Pérez Calafat y el propio Adrián Campos, entre otros, le ayudaron económica y deportivamente en los inicios para que pudiera desarrollar su talento. Y Campos, entonces todavía nietísimo de Suñer, por hacer de los coches su vida, renunciando a la comodidad y los cotidianos placeres de su posición social.
    Todo era idílico entre dos coetáneos (les separan dos años), paisanos y amantes del motor condenados a entenderse. Más aún: el hecho de que Aspar se hubiera decantado por las motos y Campos por los coches les eximía, hasta el momento, de competir directamente. Así fue como dos alcireños iban quemando etapas, ascendiendo en un mundo individualista camino de la cima. Jorge se hizo un nombre en el motociclismo español a principios de los ochenta y pocos años después, domando ya los lomos de la histórica Derbi, consiguió ganar cuatro títulos mundiales consecutivos. En apenas un lustro había pasado de desconocido a ser uno de los grandes del motor nacional.
    En paralelo, Campos se había empeñado en conseguir un asiento en la Fórmula 1 -qué locura- y en 1987 lo fichó Minardi. Fue el primer piloto valenciano que conseguía enrolarse en el Gran Circo. Año y medio después dijo basta y buscó otras salidas, demostrando lo que tantas veces ha repetido desde su posición de mánager: «Hay mundo fuera de la Fórmula 1».
    Antes incluso de que se les acabara la gasolina como deportistas, Aspar y Campos arrancaron varios proyectos como directores de equipos. Aquellos dos amigos habían correteado juntos en Alzira y crecido juntos profesionalmente, pero querían más. Ya con Eduardo Zaplana como presidente de la Generalitat Valenciana, cristalizó su viejo anhelo, el circuito Ricardo Tormo de Cheste.
    Motociclismo y automovilismo
    Sin la colaboración, el asesoramiento y el trabajo subterráneo de Aspar y Campos, el trazado valenciano no se hubiera levantado. Formaban el binomio perfecto, vivían a muy poca distancia y trabajaban pared con pared. En Alzira, el lugar donde empezó todo.
    Por el camino, Jorge vivía en primera línea de batalla el día a día del Mundial de motos y Adrián había descubierto al mayor talento del automovilismo español: Fernando Alonso. Antes ya se había sacado de la chistera a Marc Gené.
    El asturiano aún no tenía los 18, pero sí un carácter extremadamente introvertido que se disolvía cuando competía en la pista. Campos se convirtió en su mánager y en una de las personas más influyentes de su carrera. Alonso ganó el Mundial con Renault, se bajó del coche y en sus palabras de agradecimiento no incluyó a Adrián Campos.
    Reproche de Aspar a Alonso
    Aspar no perdió la oportunidad para reprochárselo en público: «No le hubiera costado nada, además de acordarse de su familia, hacerlo del circuito de Cheste, del Gobierno valenciano y de Adrián Campos. Su actitud ha sido vergonzosa».
    Esas declaraciones de Aspar pidiendo reconocimiento para Campos fueron uno de los últimos mensajes públicos de camaradería entre amigos. Adrián no le había dado mayor importancia y ya en su día disculpó a Alonso por entender que en esos momentos de exaltación es complicado mantener la cabeza fría.
    Son muchos los que siguen recordando los errores en el diseño de la pista del Ricardo Tormo, su incapacidad para albergar pruebas de Fórmula 1. La idea inicial del Consell y de los impulsores del proyecto era la creación de un circuito todoterreno apto para motos y monoplazas. En el fallo se gesta el embrión del actual Gran Premio de Europa.
    Campos y Aspar querían la carrera en Valencia, así que siguieron codo con codo y, con Francisco Camps al frente del Consell, el proyecto salió adelante y quedó en manos del tridente empresarial integrado por Fernando Roig, Bancaja… y Aspar, amigo personal del presidente de la Generalitat.
    Aspar Sí, Campos No
    Adrián Campos, persona muy afín a Eduardo Zaplana, quedaba al margen de la organización del gran premio, asumida por Valmor Sports. Y ahí finalizaron dos décadas de inmejorable relación. Posteriormente ha habido acercamientos entre ambos, pero la histórica complicidad forma parte del pasado.
    Aspar se convirtió en algo más que la persona de confianza de Camps en la F-1, que arrancó en Valencia en 2008. Desde entonces, Valmor Sports ha acumulado cerca de 30 millones en pérdidas y Camps pasó a ser expresidente. Alberto Fabra ocupa ahora su lugar y, aunque ha mantenido en varias ocasiones que apuesta por la continuidad del Gran Premio, en su primera reunión con Bernie Ecclestone ya trasladó al magnate su propuesta de rebajar el canon (18 millones) que la Generalitat asume desde 2009 por los problemas financieros de Valmor, con el fin de garantizar el futuro de la F-1 en Valencia.
    Aspar lleva tiempo abonando el terreno para salir del proyecto. Siempre ha confesado que su mundo son las dos ruedas y que no tendría problemas en dejar la carrera. Sin embargo, ahora que peligra la continuidad de Valmor el icono del motociclismo intensifica las negociaciones para atraer inversores que den continuidad al actual modelo.
    Fabra con Campos
    Campos, por su parte, regresa a un primer plano porque la Generalitat ha pensado en él y Debón como cabezas visibles. A su favor, la disponibilidad, la estrecha relación con Ecclestone (demostrada cuando logró el milagro de arrancarle una licencia para que hubiera un coche español en la parrilla) y el torrente de ilusión que ha transmitido con sus ideas en torno a la prueba y el circuito Ricardo Tormo.
    A Aspar no le sentó nada bien que el Consell y el magnate británico hablaran con Campos. Es la segunda gran crisis que sufre la relación entre dos viejos amigos de la infancia, en un clima de desconfianza y tensión que dificulta y mucho volver a empezar.
    Las Provincias

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