Necesidad de sentirse incluidos, aceptados y aprobados / Ángel J. Garcia

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Ángel J. Garcia

Nuestro entorno social y cultural tradicional, refuerza la necesidad aprobación por parte de los demás.

En muchos casos, las personas, pierden el tiempo esforzándose en ser aprobadas.

Este fenómeno sucede sin que nos demos cuenta. Aunque nos puede parecer internamente, algo socialmente adecuado, lo cierto es que nos impide avanzar en nuestro desarrollo personal, si es lo que, con toda lógica deberíamos pretender; claro, siempre según casos puesto que las prioridades de cada persona son únicas y así hay que respetarlas mientras no dañen a otras.

Buscar la validación ajena: Problema cuando se convierte en una necesidad:

Aunque todos necesitamos experimentar el aprecio y aceptación ajena, todo tiene un límite. No es bueno para una vida sana en términos globales, centrar nuestra seguridad física y emocional en aquello que los demás opinen o hagan. Querer ser aprobados por los demás reduce la opinión que puedas tener de ti mismo y atribuyes un poder a los demás que no lo tienen si no es por tu propia cesión. Se llega a considerar que ¨lo que piensan de mí es más importante que lo que yo pienso sobre mí.¨ Este tipo de pensamiento es muy típico de la adolescencia y en muchos casos, no se llega a desprender la persona y lo arrastra en su madurez.

Tememos las críticas y el rechazo:

Nos sentimos bien cuando obtenemos caricias de aprecio por parte de los demás; nos gustan los cumplidos. Ser aprobados por los demás es más que un deseo. Nos hace sentirnos felices y alegres cuando nos apoyan o aceptan.

En el período de la infancia, es importantísimo ser aprobados en su justa medida por nuestro entorno más cercano. Así fortalecemos nuestra personalidad y autoestima. Sin embargo, en la edad adulta y desde la adolescencia, es prioritario favorecer esa parte de la necesaria independencia y fortaleza interna del individuo para que no sea dependiente de la opinión y aprobación de los demás.

Una necesidad que debilita nuestra autoestima:

El problema aparece, cuando la necesidad de aprobación, se convierte en una práctica recurrente que mina nuestra autoestima. Es como si cediésemos partes internas de nosotros al resto de personas que consideramos imprescindibles para darnos apoyo. Luego, si nos desprecian, o desaprueban lo que decimos o hacemos, nos venimos abajo, porque les traspasamos nuestra valía personal a cambio de su voluntad al aceptarnos. De este modo nos sentimos vacíos y poco realizados; con una máscara o venda autoimpuesta para con nosotros mismos, y que nos emborrona nuestra auténtica valía, ya que hemos supeditado algunos de nuestros actos a la aprobación ajena.

Cedemos interna y externamente el control de nosotros mismos a los demás. Sacrificamos nuestro verdadero yo en estas situaciones.

Algunas actitudes típicas:

-Ser demasiado amable aunque nos encontremos en desacuerdo.

-No saber decir no a los demás y supeditar razones ocultas para no hacerlo, justificándolas posterior e internamente.

-Aunque no te apetezca o estés cansado/a, estar con el grupo y participar o favorecer las opiniones de las ¨voces¨ qué consideras importantes.

-Cambiar de punto de vista, con el fin de agradar, y parecer amable a los demás, utilizando una ocultación propia de tus creencias.

-Sentirte deprimido, o angustiado cuando no aprueban o aceptan lo que haces.

Cómo deberíamos actuar y pensar ante las críticas y desaprobaciones:

-Nosotros somos tan importantes como el resto.

-Ante una crítica, rechazo, o desaprobación por parte de los demás no debemos sentirnos heridos de forma automática agresiva ni verbal, ni aún menos físicamente.

-La crítica es positiva puesto que ayuda a validar y regular la propia identidad; o sea, a separarnos del resto y a ser únicos.

-Recordar en todo momento que es imposible que todo el mundo se encuentre de acuerdo con lo que hacemos o decimos; pero asumirlo con normalidad.

-Hay que ser conscientes de la posibilidad de crítica en cualquier situación.

-El rechazo de nuestra idea, conducta o comportamiento, no implica obligatoriamente el rechazo hacia nuestra persona.

Conclusiones desde el Coaching:

-Si a los demás les parece algo malo de mí es su problema, ya que conviven con la palabra desaprobación por una serie de limitaciones rutinarias no resueltas y por diferentes causas, nunca sencillas sino complejas.

-Debemos aceptar el hecho de que hay mucha gente que no nos comprenderá, al igual que nosotros no comprenderemos a otras tantas.

-La diversidad de opiniones, y las palabras exclusión e inclusión no son juguetes teóricos, sino prácticas que se deben de integrar para ampliar nuestra perspectiva, y con ello, nuestra Calidad de Vida.

-Buscando la aprobación por todos buscamos inmunidad al dolor; anestesiarnos frente a ese dolor que nos acongoja, sin embargo, para superar esa frustración hay que enfrentarse a ella desde la calma, y no decepcionarse con uno mismo, sino asumir la desaprobación como algo normal y desde unas bases sólidas de confianza en uno mismo. Caso de no enfrentarnos a la desaprobación, no conseguiremos –nunca- aprobarnos completamente a nosotros mismos.

 

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía.

Máster en Coaching, Inteligencia Emocional, y Programación Neurolingüística.

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico y Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual.

angelog24@hotmail.com Móvil: 666403902.

C/ Calderón de la Barca, N.º 12, 2º, 2ª, Alzira (Valencia).