Los pensionistas de Alzira contra la «brecha de género»

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Pensionistes d'Alzira amb l'alcalde Diego Gómez

Miembros de la Unió de Pensionistes de Alzira han entregado hoy al alcalde Diego Gómez el informe denominado «Brecha de género. La pobreza tienen nombre cara de mujer», que ha sido elaborado por la Comisión de la Mujer de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, dentro de las acciones que se llevaran a cabo con motivo del Dia Internacional de la Mujer.

Este informe recoge un análisis detallado de la brecha de género en las pensiones y las propuestas para «disminuirla hasta llegar a su desaparición», según Amelia Blanquer.

Informe:

Las mujeres de la Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE), dan a conocer el Informe “La pobreza tiene cara de mujer”, informe-reivindicación que será presentado a los diferentes partidos políticos mediante su registro en diferentes instituciones tanto locales, como autonómicas, como estatales.
Reivindicamos que estando en el siglo XXI, los recortes en sanidad, servicios sociales, educación, y dependencia que llevan a cabo los diferentes gobiernos, no pueden seguir recayendo en las espaldas de las mujeres.
Las mujeres seguimos realizando las tareas domésticas y si no lo sustituimos por la contratación del servicio doméstico que también se lleva a cabo por un 95% mujeres, y que como trabajadoras se nos niega el reconocimiento del trabajo en el Estatuto de los Trabajadores y en la Constitución Española, desoyéndose así también el art de la OIT.
Llevamos a cabo las tareas de cuidados y de conciliación, haciéndonos cargo de todas esas responsabilidades para cubrir las necesidades básicas de la vida, renunciando a vidas laborales más largas, a proyectos y deseos profesionales. Cambiamos nuestro bien por el bien de los que cuidamos y criamos, y luego eses gobiernos que deberían reconocer nuestro trabajo realizado, nos penalizan con las prestaciones más bajas del sistema, llevándonos a una precarización creciente.
Solamente podemos acceder a un mercado laboral precarizado de contratos basura, temporalidad, jornadas parciales y mal pagados, la brecha salarial ya se sitúa en un 23% por igual trabajo, trabajando “gratuitamente” 54 días al año.
Ésta situación no solo nos repercute en el presente, sino que nos persigue el resto de nuestra vida, si cotizamos poco y mal, no tenemos derechos a prestaciones (desempleo, subsidios) y si accedemos a ellos son por
cuantías de subsistencia, a medida que vamos madurando las prestaciones de incapacidad y jubilación a las que podemos acceder nos dicen que tienen en la actualidad una brecha de un 35.97%.

En la actualidad más de 1.5 millones de mujeres en España perciben pensiones por debajo de los 500 euros, siendo Galicia la penúltima, por la cola, comunidad con mayor pobreza femenina. Un millón de mujeres de más de 65 años carecen de pensión y viven de las migajas de las pensiones de sus maridos. Tres de cada cuatro mujeres solo pueden acceder a una pensión no contributiva. Aún que vivimos una media de 5 años más que los hombres, lo hacemos en peores condiciones de salud y con mayores posibilidades de acabar como dependientes, pero imposibilitadas a la hora de acceder a centros de mayores o a medicamentos sanitarios gratuitos, llevándonos así a vivir solas, sin atención y con unos niveles de pobreza muy considerables. BASTA YA
Esto también es desigualdad, esto también es violencia, esta es la VIOLENCIA ECONÓMICA que el sistema hace recaer sobre las mujeres.
Por ello todas las mujeres, pertenecientes a la Coordinadora Estatal en defensa de las pensiones, haremos oír nuestra voz éstos días hasta el 8 de marzo, informando en mesas informativas, charlas–debate, donde daremos a conocer la situación que vivimos y las salidas que se deben llevar a cabo, para que la incorporación de la mujer al mercado laboral sea justa e igualitaria, y que la vejez o la invalidez non se conviertan en una situación de precarización y pobreza.

Es el Estado el que tiene la responsabilidad de garantizar el derecho para cuidar, ser cuidado y autocuidarse a través de las políticas específicas.