Un disseny de Laura Granell convertix a Sant Joan en la primera falla experimental d’Alzira

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Laura Granell junt la FM d’Alzira Lourdes Burgos

 El monumento recupera el cartón la madera y los oficios perdidos

“¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?” Cita célebre que escupió uno de los artistas más famosos de todos los tiempos, el pintor postimpresionista Vincent Van Gogh, y que desde hace ya unos años se ha convertido en la frase de cabecera de la polivalente suecana Laura Granell, quien, tras una licenciatura en Bellas Artes, un máster en la misma materia y un grado en magisterio aparcó su corta pero relevante trayectoria como artista plástica multidisciplinar para convertirse en uno de los pilares claves de Reclam Editorial.

 

Ya han pasado cuatro años desde que Reclam Editorial anunció su creación y desde entonces solamente han celebrado éxitos. Apartada de la creación artística en formato plástico focalizó sus esfuerzos en el papel, publicando en tan solo cuatro años más de cuarenta títulos, realizando centenares de presentaciones y, en definitiva, haciendo de la cultura y el fomento lector su día a día.

 

Ahora, de la mano de la Falla Sant Joan de Alzira i del artista Jordi Carrascosa, Laura Granell se atreve con la elaboración de los monumentos valencianos más emblemáticos; las Fallas. La artista suecana, gran conocedora del mundo del cartel (llegando a ganar numerosos carteles a lo largo de la geografía española y, entre ellos, el de las Fallas de Valencia) plasmará, por primera vez en Alzira, una falla experimental.

Oficios perdidos

Granell ha apostado por renovar la esencia de las fallas otorgando a su monumento una sencillez y pureza única en el entramado fallero alzireño. La falla versa sobre los oficios perdidos, aquellos que han sucumbido al yugo del tiempo, y que se ven reflejados en cinco esculturas perfectamente blancas de aproximadamente tres metros de altura.

Monumentos sin rostro, sin detalles, únicamente acompañados por elementos característicos del oficio que representan y que, en el corazón, cuentan con un orificio con una llama en su interior.  Una llama que estará encendida los tres días que duran las fiestas josefinas y que representa el fuego, el calor, el recuerdo de los oficios que han desaparecido y que todos llevamos en el corazón.

 

 

 

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