La inteligencia emocional en los niños / Ángel J. Garcia

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Angel Garcia col.laboradorLa familia es el primer contexto en el que adquirimos conocimientos de la vida emocional.

La educación emocional actúa no solo a través de las palabras y las acciones de los progenitores dirigidas directamente al niño, sino también a través de los modelos que éstos nos ofrecen mostrando con su modo de gestionar los sentimientos, y la relación conyugal.

El modo en que los padres tratan a sus hijos tiene duraderas consecuencias para su vida emocional.

Así pues, tener padres inteligentes bajo el perfil emocional es un gran beneficio para el niño.

Los padres, algunas veces, pueden tener comportamientos inadecuados en relación con el niño; destaco tres para no extender excesivamente el artículo:

Ignorar completamente los sentimientos: Estos padres tratan el sufrimiento emocional del niño –por ser niño o niña- como algo banal; esperando una extinción natural del sufrimiento. Momento, sin embargo, que sería positivo el acercamiento al niño para ayudarlo a aprender algunas competencias emocionales. Y si no se sabe bastante, se debería recurrir a un asesor profesional para orientarse más eficaz y eficientemente al propio hijo o hija.

-Asumir un posicionamiento demasiado inclinado a laissez-faire (dejar hacer): Estos padres perciben los sentimientos del niño; no obstante consideran que cualquier estrategia que adopten para gestionar su tormenta interior (incluso el choque físico) será válida. Estos padres raramente intervienen para mostrar a su propio hijo o hija una respuesta alternativa, intentan calmar todo malestar con tal de obtener que el niño deje de estar triste o en cólera. Otro error del que cabría esperar que si no se sabe atender, se acuda al profesional que explique diversas formas de comprender y entender para luego actuar y hacer cambios.

-Ser despreciativos mostrando no tener respeto por los sentimientos del niño: Estos padres suelen tener una postura de desaprobación y son duros tanto en las críticas como en los castigos. Cabría hacer una reflexión sobre la autoestima de los progenitores para reajustarla adecuadamente.

Mostrados estos tipos de comportamiento generales que suelen adoptar los padres, conviene reseñar que una de las enseñanzas emocionales fundamentales para un niño es la de saber distinguir los diversos sentimientos. No podemos forzar excesivamente dichos aprendizajes ya que esta habilidad se desarrolla con la edad. Tampoco podemos dejar hacer todo ya que esto les perjudica sobremanera y les privamos de un patrón medianamente correcto de conductas y comportamientos ajustados a la norma social y educacional.

Los niños que aprenden a gestionar sus propias emociones y a controlar sus instintos toleran mejor las situaciones estresantes, aprenden a comunicar mejor sus estados emocionales y son capaces de desarrollar relaciones positivas con la familia y los amigos.

La importancia de la inteligencia emocional en el éxito escolar ha sido confirmada también en tiempos más recientes por múltiples estudios como los de Mischel y Ebbeson (1970) o Goleman (1996), entre muchos otros.

Tratar desde temprano la Inteligencia Emocional, según mi experiencia personal y profesional, así como la lectura y estudio de la bibliografía de las investigaciones sobre el tema de las emociones, posibilita variedad de beneficios como una mayor autoconciencia para reconocer los sentimientos; construcción de un vocabulario para la verbalización de dichos sentimientos y emociones; tomar decisiones en base a reflexiones internas más racionales y a sentimientos madurados y auto observados; prever las consecuencias de las diversas elecciones que se adoptan; y una mayor tolerancia a la frustración entre otras cosas.

Si aplicamos estos conocimientos a las decisiones de la vida diaria y a las rutinas, estaremos previendo de mejor modo el bienestar propio, y lo que es al menos igual de importante, el de nuestros hijos e hijas.

Recordar, finalmente, respecto a la educación de nuestros niños, sean hijos, sobrinos, etc. -y la nuestra propia-, que nuestras creencias no son infalibles ya que lo que valía, digamos que hace unos treinta años para nosotros, no tiene sentido pensar con realismo que nos sirve para el presente.

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía.

Máster en Programación Neurolingüísitca.

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico i Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual.

Info: mail: Angelog24@hotmail.com   /   Tfn: 666.403.902

 

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