Consumo de hachís y de marihuana / Ángel J Garcia

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Ángel J Garcia
Ángel J Garcia

Asesoramiento y orientación psicosocial y emocional

El fenómeno del consumo de drogas es un tema muy complejo e inabarcable si nos proponemos delimitarlo desde un solo enfoque o teoría.

Desde un punto de vista estrictamente profesional, reeducativo, clínico y preventivo, el objetivo del siguiente artículo es definir cómo afecta una de las drogas más consumidas en nuestro país -el cannabis-, al mismo tiempo pretendemos realizar una resumida descripción de algunas creencias erróneas que hay acerca de su consumo.

La planta Cannabis Sativa produce una resina, a partir de sus hojas, tallos y flores, y que permiten elaborar la marihuana y el hachís.

Sus efectos sobre el cerebro se deben al Tetrahidrocannabinol, pudiendo encontrarse éste en diferentes proporciones según el preparado que se haya utilizado.

Tras el consumo se produce aquello que podemos llamar como ¨borrachera cannabica¨ y que provoca un efecto placentero si se usa en pequeñas dosis. La responsabilidad profesional nos sugiere que expliquemos y describamos los hechos tal como y como ocurren a lo largo del tiempo de consumo. Por ello, debemos saber que a grandes dosis provoca en el consumidor cuadros de ansiedad, y que estos, si no aparecen de forma temprana y a causa de dichas dosis, si lo harán a medio y largo plazo, aunque para dicho plazo, el consumo lo creamos o lo constatemos como moderado.

Respecto a la sintomatología que experimentamos, podemos destacar relajación; somnolencia; lentitud y distorsión en el paso del tiempo; desinhibición; alegría y risa incontrolada; percepción del entorno distorsionada; reacción y atención disminuida;  dificultades para pensar; obstáculos internos y externos para tomar decisiones adecuadas y para solucionar problemas. Por otro lado, observamos en la persona que ha consumido un enrojecimiento ocular, padecen sequedad de boca, aumenta el ritmo cardíaco y la tensión arterial.

Estos efectos son a corto plazo.

A largo plazo nos encontramos con una sintomatología más cronificada y en algunos casos más aguda que en los efectos a corto plazo señalados.

Así pues, observamos problemas de memoria y dificultad en los aprendizajes; resultados académicos negativos; dependencia de la sustancia como herramienta para ¨sentirse bien¨; trastornos emocionales y de la personalidad; enfermedades bronco-pulmonares; arritmias; y en individuos predispuestos, posibilidad de desarrollar esquizofrenias y psicosis.

Después de plasmar en estas líneas todo el contraste científico que hay acerca del consumo de ambas drogas, debemos valorar si es más importante para un consumidor esta opinión profesional, o la de un amigo, colega, etc., que le indica que no pasa nada por consumir. Pero sí pasa. Es un problema que conviene valorarlo como tal.

Por otra parte, todos y todas hemos podido escuchar una serie de tópicos acerca del consumo de la marihuana y del hachís. Son mitos sin contraste científico; son creencias que se contradicen con las evidencias de la realidad médica, psicológica, pedagógica y social.

Reseñamos a continuación los mitos más extendidos, que conviene ir reparando en ellos antes de que el hábito nos atrape de tal manera que pasado el tiempo, sea muy costoso el abandonarlo:

El primero de los mitos es el que nos dice que estas sustancias son inofensivas -tanto la marihuana como el hachís- para la salud. Muchas personas se escudan en la naturaleza y ecología de la sustancia; deriva esta explicación en que provoca paz y relax.

Esto no se sostiene puesto que lo natural no apareja siempre con lo inocuo o inofensivo. El cannabis altera el funcionamiento normal del cerebro, y lo único que hace es enmascarar una realidad que no nos convence por el motivo que sea.

Tampoco tiene efectos terapéuticos; aunque todos hemos oído que tienen usos médicos. Pero esto se prescribe o se utiliza con rigor y de manera controlada, y no en la forma de porro.

El controlar el uso o el abuso del fumado de la sustancia es otro mito, así como esa creencia que existe sobre el menor perjuicio del cannabis que del tabaco. Los análisis científicos de la sustancia indican que posee unos 50% más de carcinógenos y mutágenos que el tabaco. Al tener un efecto broncodilatador, favorece la absorción de sustancias tóxicas en mayor medida que el tabaco.

Estas pruebas que presentamos, ya de por sí nos deberían hacer reflexionar acerca de lo positivo y negativo que tiene el consumo de estas mal llamadas ¨drogas blandas¨. Sin embargo, está claro que enfrentarnos a las realidades que contradicen nuestras creencias nos hace poner en guardia frente a dichas realidades. La conveniencia o no de disminuir el consumo de estas sustancias las ha de poner la propia persona; por mucho que sus familiares o amigos observen estas situaciones como un problema, si el consumidor no reacciona, o no le surge un problema derivado del consumo, la comodidad de fumar y relajarse y reírse no deja ver una realidad que aparece tarde o temprano en forma de efectos adversos, como los que hemos expuesto. Tanto los de corto como los de medio plazo.

Para terminar, cabría reseñar que hay circunstancias del desarrollo vital en que el riesgo es superior, ya que afecta en mayor grado en la adolescencia, debido a los cambios neurológicos que se dan en este período; en la conducción de vehículos, a causa de la disminución de la atención; durante el embarazo y la lactancia, por razones obvias; en las etapas de estudio y aprendizajes ya que la concentración es menor; y en las personas enfermas con problemas psiquiátricos, respiratorios, cardiovasculares, alérgicos, etc., porqué se pueden potenciar esas patologías.

Alrededor del consumo de cualquier tipo de sustancia coexisten diversos factores que aumentan la complejidad de una persona frente a dicho consumo. Las situaciones problemáticas no se solucionan ni huyendo hacia delante ni negado la realidad. Lo primero sería analizar razones personales, familiares, amistades del entorno, contexto, etc.

Los profesionales procuramos, mediante diversas terapias, tratamientos y pautas de actuación, cambiar la percepción de las personas consumidoras, o de sus familias, con el objeto de concienciar y realizar cambios secuenciales que permitan el descubrimiento de otras formas de relajarse, de divertirse, y de sentirse mejor con uno mismo, del mismo modo que verá mejorar sus relaciones familiares y sociales.

 

Ángel J. García

Graduado en Educación Social y Pedagogía.

Experto en Inteligencia Emocional y Social,  y en Diagnóstico i Desarrollo de la Alta Capacidad Intelectual.

+Info: mail: Angelog24@hotmail.com  / Tfn: 666.403.902

Asesoría Socio Psicopedagógica para personas, Asociaciones e Instituciones: https://www.facebook.com/angelgarcia1974/?fref=nf&pnref=stor

 

 

 

 

 

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