Desde Las Antípodas: Viajar, un placer y una experiencia /Julia Perea

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Los “kiwis” son un pueblo viajero. Solo llevamos aquí algo más de un año, pero es un continuo trasiego de ir y venir de gente que conoces y se va, otra que no conoces y que vuelve, otros que van y vuelven en unos meses…

De la gente que conozco del colegio de los niños, padres y profesores, creo que casi todos han visitado Europa, América y por supuesto Australia y Asia, que les pilla “algo” más cerca.

Quizá el hecho de que sea un país aislado de otros, haya despertado en sus habitantes esas ansias viajeras de querer recorrer el mundo.

Algo bastante común dentro de la cultura anglosajona es el tomar alrededor de un año, bien antes de empezar estudios universitarios o incluso cuando ya tienes trabajo, e ir a recorrer mundo. No te miran con cara rara en tu trabajo si les dices a tus jefes que te quieres ir un año de “viaje” y tomar una pausa en el trabajo; de hecho una de las profesoras del colegio así lo ha ha hecho y por supuesto, uno de sus destinos iba a ser España. Y no son pocos los que me han contado que en sus años mozos se fueron a Sudamérica, a Francia o a China y pasaron allí una buena temporada.

Aquí les gusta ahorrar para hacer uno de estos viajes por lo menos una vez en la vida.

Europa creo que es el destino que se lleva la palma, y el primer peaje “obligado” es Reino Unido  o Irlanda, donde muchos kiwis tienen familiares. Y para mi sorpresa, bastante gente ha ido a Madrid, Barcelona, Sevilla… también París y Roma, algunos se han decantado por los países escandinavos como Suecia o Dinamarca…. en fin, de todo. Y digo que me extraña, porque si pensamos desde nuestra posición, para los españoles, el venirse aquí hasta hace relativamente poco tiempo era algo casi casi impensable, creo yo que por la lejanía  y el dineral que implica el viaje. Aunque aún sigue siendo coto de gente más aventurera, en el caso de jóvenes que se vienen aquí con la llamada “Working Holiday Visa” con la que puedes trabajar en labores eventuales durante unos meses, aprovechando para aprender inglés y conocer el país (merece la pena) o el de gente más mayor que viene como turista durante unos meses para conocer el país, parece que el interés por viajar a lugares más lejanos va aumentando bastante. Y ahora, parece que por culpa de la crisis cada vez más gente quiere probar suerte en otro país. Y no es tarea fácil.

Vistas de la cordillera del Himalaya

El viajar siempre es una experiencia interesante, tienes la oportunidad de conocer otros usos y costumbres, de relacionarte con gente de fuera de tu círculo habitual y tener experiencias interesantes de las que siempre se aprende, sean buenas o malas.

Pero tampoco es lo mismo viajar y estar de paso que ir a establecerte a un país. En este caso es cuando se conoce la parte quizá menos idílica del lugar y es cuando se empiezan a caer mucho de los estereotipos e idealizaciones de otros países que no son España, porque aunque cueste creerlo, hay otros países donde la burocracia es lenta y complicada, donde los que atienden al público son unos huesos duros de roer o donde tienes que ir ojo avizor para que no te den gato por liebre o te cobren el doble.

Es normal que al principio todo nos parezca de color de rosa, hasta que te das cuenta de que es más de lo mismo, pero en otro idioma y con otro clima.

Para mí no hay sitios no mejores ni peores; si las cosas te van bien probablemente pienses que ese lugar es el mejor independientemente de donde esté. Pero siempre hay un primer periodo de adaptación en el que no acabas de encontrar tu sitio. Cuando pasa el tiempo te vas adaptando a las nuevas cosas que encuentras y al cabo del tiempo acabas por verlas normales.

Frecuentemente también se tiene una sensación de no ser ni de aquí ni de allá, más o menos te adaptas  a los lugares donde vives pero no echas raíces en ninguno. Siempre estás de paso y cuando vuelves a tu lugar de origen, te das cuenta que las cosas han cambiado y no son como las recordabas, por lo que tampoco acabas de sentirte bien, es como si faltara “algo”…

Después de la experiencia que he tenido, creo que en general sí es positivo el salir, pienso que ayuda a tener una visión más crítica de todo, lo nuestro y lo de fuera. Pero no es fácil cambiar, hay veces que no se consigue. Y la vuelta tiene un sabor agridulce.

Pero aún así siempre tienes la idea de volver tarde o temprano y eso es una constante, ya que los neozelandeses son de los que siempre vuelven a su país.

Julia Perea, Wellington (NZ), 21 de abri de 2012

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