Desde Las Antípodas: Le Petit Luxembourg /Julia Perea

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Aunque solo estuvimos un año viviendo allí, creo que merece la pena que hable un poco sobre este país, un tanto desconocido por la mayoría, pero del que nosotros tenemos muy buena impresión por la seriedad y eficiencia en general en la mayoría de organismos oficiales y particulares por los que tuve que  moverme.

No es un país del que se conozca mucho en España, sólo cuando se nombra en los telediarios sobre  el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y alguna que otra reunión de mandatarios; también  las “marujis” que leemos el “Hola” de vez en cuando, en las crónicas de la realeza europea nos hablan algun vez del “Gran Duque Henri de Luxembourg”, casado con la Gran Duquesa Mª Teresa, de rica familia de origen cubano exiliada cuando la isla de Cuba cambió al régimen castrista, y sus cinco hijos (los cuales hablan español, además de los otros idiomas oficiales).

Para que luego digan que el “Hello” no culturiza… sigamos, que me pierdo.

No llega a 500.000 habitantes en total y casi la mitad de ellos (un 43%) son de otras nacionalidades, sobre todo portugueses, seguido de franceses e italianos y están repartidos en un territorio bastante pequeño, 2800Km2.

Es un país rico, muy rico y en donde el nivel de vida es muy elevado. Sí, se cobra mucho: el SMI (o salario mínimo interprofesional) es en la actualidad alrededor de 18001,49 euros. Ohhh¡¡¡ dirán algunos…  pero que esta cifra no nos engañe: esos 1800 euros allí, sin contar con otras ayudas u otro sueldo en la unidad familiar no da para vivir de una forma digna (y entiéndase por digna lo que conocemos la mayoría por estos lares, no como viven los okupas o en los pisos patera, con todos mis respetos hacia estas personas que bastante mal lo pasan).

A pesar de ser tan pequeño, me sorprendió un poco la heterogeneidad en cuanto a zonas, ya que la zona norte, de predominancia rural y donde estuvimos viviendo poco tenía que ver con la parte del sur desde “La Ville” hacia Francia, bastante más activa en cuanto a número de personas, oportunidades laborales y servicios.

La primera cosa que tienes que arreglar allí cuando quieres instalarte es ir al Commune (Ayuntamiento) para darte de alta. Tienes que llevar una serie de documentación, que a veces varía según el sitio pero en esencia es bastante parecida. De esta forma puedes darte de alta para tener los servicios comunales (basura, agua, etc) y que te den la “carte d’impôts” para hacer la “déclarartion d’impôts”.

El reciclaje se estructura de forma bastante estricta y clara, aunque si te equivocas por lo menos no te ponen 70 eurazos de multa como en el commune de Bélgica donde viví;  se tiene que pagar al trimestre (el precio trimestral es más o menos lo que yo pagaba de basura en un año en España por un cubo de 60L, a más volumen más pagas, claro…) y el ayuntamiento te deja el cubo para cartón/papel  y para basura “normal”. Estos cubos están numerados y saben perfectamente a quien pertenecen. Las bolsas para el plástico también te las daba el ayuntamiento. El ayuntamiento te recomienda que el cubo de basura lo “escondas” cuando no sea día de recogida para que no se vea desde la calle, si no te pueden sancionar. También que tengas la fachada de la casa de forma decente y pintada aunque no vivas allí.

El caso es que estos detalles hace que cuando te mueves por los pueblecitos de por allí todo tenga un aspecto impecable; hasta las macetas y plantas de los jardines parece que sepan dónde tienen que crecer. No ves nada fuera de sitio.

¿Y la salud? (que del dinero ya hemos hablado…) No hay centros de salud; el médico pasa consulta en una casa que tiene alquilada a tal efecto y cada vez que vas, pagas. Luego, a través de las “mutuas” se te devuelve un porcentaje de lo que has pagado en total, con lo que al final vienes a gastarte unos 9-10 euros en la visita a un médico de familia. Las medicinas con receta pagas un porcentaje, pero son algo más caras. Si te ingresan en el hospital también tienes que pagar en algunos casos la estancia. Para todo ello hay unas tablas oficiales donde se indica cuál es el precio de cada servicio médico. La verdad es que viniendo de España donde la asistencia sanitaria es tan “sencilla” esto al principio resultó bastante lioso. Afortunadamente no necesitamos asistencia médica, solo cuando nos tuvimos que hacer las revisiones médicas para venir a Nueva Zelanda que fueron bastante estresantes porque algunos especialistas no los había en Luxemburgo.

Lo que creo que es más duro del país es el clima. Hace muchísimo frío en invierno, aunque eso se puede solucionar con buena ropa de abrigo; la nieve visualmente es preciosa, jugar con el trineo, hacer muñecos, patinar por los charcos de hielo… aunque engorrosa en el día a día por esperar que pase el quitanieves en la carretera y eche la sal para que no patinen los coches, conducir sin apenas visibilidad ni ver por donde está la carretera, pero lo peor es no ver apenas el sol en casi 7 meses; mi cuerpo no lo aguanta.  El verano ciertamente lo compensa porque es espectacular como florece todo, el verde de los árboles y la hierba, las flores en los jardines… pero empieza a mediados de julio y la segunda quincena de agosto por las noches ya es normal estar en los 10 grados o menos.

La gente de allí no tienen ese carácter alegre y extrovertido que yo veo en mi tierra, pero eso no quiere decir que no se pueda estar bien con ellos, son gente correcta y amable, aunque a veces y sobre todo en invierno se echa de menos un poco de calor humano en esos días tristes…

Tuve mucha suerte con mis vecinos, sobre todo con el matrimonio portugués que nos alquiló la casa. Nos apoyaron en momentos difíciles y también disfrutamos de ratos de risas y alegrías pero también de tristeza cuando nos marchamos, pues probablemente no nos volvamos a ver. Pero a pesar de la distancia no nos olvidamos de ellos y en Navidades siempre tenemos un recuerdo mutuo.

Desde aquí les mando un abrazo, a Lydia y Pedro.

Julia Perea, Wellington, 10 de marzo de 2012

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