David Albelda, un símbolo valencianista / Opinión: Vicente Furió

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David Albelda, en su trayectoria como valencianista, ha vivido todas las caras que puede proporcionar el fútbol, como en cualquier otra actividad en la vida: alegría, tristeza, marginación y resurgimiento sobre las propias cenizas. Así es como se conforman los ídolos, los jugadores que se convierten en un símbolo. Además, es valenciano, de La Pobla Llarga lo que se convierte en un valor añadido.

En la historia del Valencia CF, los jugadores de la tierra han desempeñado un papel muy importante en su crecimiento, en su desarrollo como club. Han sido los jugadores que supieron liderar el equipo de cara a la consecución de los títulos y también los que sacaron la cara cuando las cosas no han ido bien. No tienen la necesidad de besar el escudo para demostrar sus buenos sentimientos y el amor por los colores. Conviven con los aficionados porque son sus paisanos y no circunstanciales compañeros de viaje. La huella la fueron dejando con el paso del tiempo. Así es como se recuerda con cariño, respeto y admiración a los jugadores del perfil de Antonio Puchades, Vicente Guillot, Manuel Mestre, Pepe Claramunt y David Albelda que figuran entre los escogidos.

Sudar la camiseta y poner el pie

Para todos fue más bien complicado ganarse el favor de una exigente afición y, en  algún momento, inclinada a dejarse manejar por el poder establecido. Para David Albelda, su trayectoria como valencianista no ha sido fácil, sobre todo a raíz de ser apartado del equipo en 2007 por el entrenador Ronald Koeman y siendo presidente Juan Soler. Hasta ese instante disfrutaba del favor del público. Por méritos propios se convirtió en un protagonista esencial, en la consecución de los títulos en la época más reciente. Un camino triunfante que se inició, al ganar la copa del Rey de 1999, en Sevilla ante el At. Madrid. Todo lo tenía de cara. La vida le sonreía.

Sus actuaciones se caracterizan por su honradez, fuerza física y entrega. Es de los jugadores que suda la camiseta y pone el pie. En posible que su juego resulte antipático para los rivales pero muy positivo para los intereses de su club. La personalidad demostrada, dentro y fuera de los terrenos de juego, le sirvió para llevar el brazalete de capitán. Desde su responsabilidad expresó en voz alta diversos puntos de vista sobre la gestión de Juan Soler, en consecuencia, llegaron las malas caras y el enfado de un dirigente descentrado. Albelda se vio, como represalia, imposibilitado para el ejercicio de su profesión, desposeído de su condición de capitán. Juan Soler conducía al Valencia hacia la ruina y Albelda no se mantuvo callado. Una vez apartado recibió también el duro castigo de perder las muchas posibilidades que tenía de seguir participando de los éxitos de la selección española. Pasó de ser fijo al anonimato, en cuestión de días.

Del ostracismo al resurgimiento

Una vez en el ostracismo tuvo que hacer uso del impopular trance que representaba recurrir a la justicia para defender sus intereses. En un abrir de ojos pasó de ser un ídolo a estar considerado como un antivalencianista. El poder movió los hilos, en la trastienda, para influir en los aficionados y reconducir a la masa social en su contra. No lo consiguieron pero lo intentaron con descaro. Vivió meses de angustia pero supo cruzar la soledad del desierto.

Un buen día a Juan Soler le obligaron a salir de Mestalla por la puerta de atrás. Albelda adivinó la luz al final de un prolongado túnel. Fue como un volver a empezar donde el trabajo, el sacrificio y la constancia le sirvieron para resurgir y recuperar el tiempo perdido. No fue fácil pero lo logró.

Desde finales de 2009, poco a poco, fue recuperando la estima de los aficionados. Vuelve a ser un líder para el equipo; un jugador determinante en el centro del campo. Sus compañeros han vuelto a confiar en él y lo designaron capitán, el pasado verano. Ahora, su pueblo, su gente de toda la vida se dispone a nombrarle hijo predilecto de La Pobla Llarga. Y esto es sumamente gratificante en la vida de una persona: sentirse querido y valorado por todos aquellos con los que a diario se cruza por la calle.

Vicente Furió

Albelda en el última partido amistoso contra la UD Alzira, uno de sus primeros clubs

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