Dudas autonómicas /Opinión: Vicente Furió

1
135
Durante la denominada transición española me mostré favorable al Estado de las Autonomías e incluso, observaba con buenos ojos el planteamiento de un posible Estado Federal. Se aspiraba, por aquel entonces, a la descentralización y si no recuerdo mal en 1977, más de medio millón de personas salió a las calles de Valencia reclamando autonomía. Entre los que lo hicieron figuraban destacadas personalidades del régimen franquista. Todo transcurrió en la línea de una manifestación unitaria, pacífica y democrática. Participé en ella como periodista, en el ejercicio de mi trabajo. Fui testigo directo.
El Estado de las Autonomías provocaba ilusión. Se trataba de acercar las soluciones al ciudadano, eliminar burocracia, viajes a Madrid para resolver cualquier memez. En definitiva, representaba cercanía e ir aligerando el peso del estado centralista y alejado de la realidad, con respecto a lo que pudiese estar sucediendo en la denominada periferia.

Serias dudas

Lo que hace 35 años interpreté como un adelanto para España ahora tengo mis serias dudas. No me gusta, por lo general, el funcionamiento del Estado de las Autonomías. Por 17 (autonomías) se ha multiplicado la burocracia; los presidentes; consejeros o consellers; coches oficiales; funcionarios; aeropuertos; circuitos de motos; comidas oficiales, televisiones y un largo etcétera de despropósitos que, entre otras cosas, han servido para favorecer a los amigos, elevar el porcentaje de endeudamiento y entrar en una espiral de absurdo enfrentamiento de unas comunidades con las otras. Encima, si el poder central, como sucede en el presente, es regentado por el PSOE, las comunidades del mismo color se muestran dóciles y muy críticas las de otros tintes. Si el poder central es del PP (como se avecina) ocurrirá todo lo contrario. El mantener de esta actitud dudo que tenga sentido de Estado por parte de los políticos que la practican, es decir, casi todos.

Aeropuertos sin presente

En Lleida, Ciudad Real y Castellón se han construido aeropuertos sin presente. Los dos primeros han cerrado y el tercero se encuentra esperando que aterrice el primer avión. ¡Vaya despilfarro! Ejemplos en este sentido son muchos los que podemos encontrar, por desgracia, y protagonizados por todos los partidos. No hay quien se salve. Han utilizado el dinero público para montar sus particulares reinos de taifa. Absurdas vanidades y siempre en detrimento del ciudadano. Hay que ser escrupulosos con el dinero público. El día a día nos demuestra que un exceso de políticos no lo han sido. Pegas una patada a una piedra y te salen casos de corrupción (presunta) como si de setas se tratasen. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando a convivir y ser partidistas con la corrupción. Ningún caso de corrupción, por pequeño que sea, se puede justificar. Nuestro sistema democrático estará enfermo mientras al corrupto no se le colorea la cara en público y pague por ello.

Profundo reajuste

Me muestro partidario, en consecuencia, de provocar un profundo reajuste en el Estado de las Autonomías, empezando por la desaparición del Senado y las diputaciones. En los tiempos de bonanza, por otra parte, todas las comunidades querían más competencias mientras en la presente singladura amenazan con devolverlas. Para evitar este sonrojo prefiero que el Estado Central controle elementos básicos de la convivencia diaria: educación, sanidad, obras públicas y el control sobre el uso del agua, por ejemplo. Además, no creo que dispongamos de recursos suficientes para tanto desbarajuste y para gozo de los vividores… Cuestionar el Estado de las Autonomías no me parece una cuestión de derechas o izquierdas sino de sentido común. Hay que buscar una administración más laboriosa, más ágil, más eficaz y más alejada de las tentaciones de los favores y, por lo tanto, de la corrupción.
Fin

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here