Reflexiones sobre el paro / Opinió: Salvador Peris

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Estuve el lunes viendo EL DEBATE en la televisión entre los dos candidatos a ser el próximo presidente de Gobierno, ambos coincidieron en que el principal problema que aqueja a España es el paro.

Esperaba alguna propuesta nueva, que diese un atisbo de esperanza a la gente que sufre la situación de desempleo.  No hubo nada. El casi probable próximo presidente, el Sr Rajoy, vino a decir que habrá empleo cuando  la economía funcione, para ello tiene que cambiarse el gobierno actual por otro mejor (el suyo) que tenga un plan de actuación (¿cuál?). Es como decir que las cosas mejoraran cuando vayan mejor. O lo que es lo mismo: reconocer que no existen medidas políticas reales que puedan tener a corto  plazo un efecto consistente sobre  el desempleo.

El paro va para largo

La impresión es que, después del debate y tal como están las cosas, el paro va para largo.  No solo no se ven, en los candidatos del PSOE y PP,  medidas concretas capaces de revertir la actual situación, sino que se aprecia una falta de ideas y una resignación que confirma que, salvo que se produzca un hecho afortunado, vamos a tener cifras de paro muy elevadas en los próximos años. “Es lo que hay” podrían haber dicho ambos candidatos, y no jugar con una exhibición de conceptos (el ¿cuál?): confianza, esfuerzo, trabajo,… como elementos necesarios para la inversión, el consumo, el crecimiento y la creación de puestos de trabajo.

Hay que reconocer que el volumen de parados es producto de una economía básicamente especulativa (explosión de la burbuja inmobiliaria y sobre todo financiera), y este es el motivo de la dificultad de aplicar medidas políticas reales. Porque analicemos las posibilidades de colocación en los sectores de producción tradicionales:

-La industria lleva años sin incrementar el número de empleados, ya desde el inicio de la revolución industrial todas las innovaciones y avances técnicos introducidos han ido encaminados a reducir costes (aumentando la productividad) repercutiendo siempre, invariablemente, en una menor aportación de los gastos de personal al producto final.

-Algo similar se puede decir de la agricultura, la implantación cada vez más acusada del sistema de producción basado en cantidad y bajo precio ha desplazado grandes masas de trabajadores de la agricultura hacia otros sectores productivos.  Hoy, salvo que  cambiemos los hábitos alimentarios, la agricultura difícilmente puede absorber la mano de obra excedentaria.

-De la construcción mejor no hablar. Volverá a recolocar parte de la mano de obra que ha salido estos años porque siempre hará falta construir, rehabilitar o reparar, pero solo será una parte de la que estaba ocupada hasta el año 2008.

-Por último queda el sector servicios que engloba desde los funcionarios hasta la hostelería, que es el que ha crecido en todos los países desarrollados y que emplea la mayor parte de mano de obra, es donde se están produciendo los ajustes.  Pensemos que la mayor parte de servicios que proporciona el Estado están encuadrados aquí.

Repartir el trabajo

Visto lo cual se comprende la imposibilidad de nuestros políticos de ofrecer solución al problema, por eso quizás habría que plantearse cambios más radicales en el enfoque del empleo, cambiar el punto de vista.  En la actualidad casi todos los técnicos, que de ello opinan y disponen, parecen tener la misma visión, parten de los mismos principios, usan la misma terminología y llegan a las mismas conclusiones “inevitables”.

¿De verdad todo esto es inevitable? Hagamos un ejercicio de reflexión y planteémonos lo siguiente:  Si en España, para producir lo que producimos, hace falta emplear un número determinado de horas; si somos 25 millones de españoles dispuestos a trabajar; hagamos la siguiente pregunta: ¿no sería lógico repartir el trabajo entre todos y así disponer de más tiempo libre? ¿No sería esto mejor que tener a 20 millones trabajando y cinco millones en el paro?, lo que conllevaría una reducción de la jornada laboral, y consecuentemente una reducción proporcional del salario con el fin de no incrementar los costes de los empleadores.

Mas personas, cobrando menos

Se manifiesta en muchos foros que de la crisis se sale trabajando más y cobrando menos, entendiéndose que solo trabajan los mismos y más barato, y la propuesta es que trabajen más personas, aunque sea más barato. De hecho, ya se cobra menos por la eliminación de las horas extras.

Se puede cuestionar que la medida reducirá la capacidad económica de las personas que trabajan en la actualidad (menor consumo, piedra de toque del crecimiento), pero ello se compensaría  con los ingresos de los parados (mayor consumo), aunque se perjudicaría el consumo de bienes “no básicos” (automóvil, restaurantes, vivienda,…), pero ya está perjudicado en la actualidad.

El momento de las ideas

No obstante, el consumo resultante tendría una base más sólida que el actual (las cifras de paro eliminan la confianza en el futuro y retraen el consumo). Además, la conducta imprevisible de las personas igual depara que el mayor tiempo de lugar a nuevas oportunidades de negocio  por un consumo ligado al “ocio” (formación, cultura, deporte, participación en voluntariado,…) o pequeños negocios (artesanía, agricultura,…), y hasta la calidad de vida podría verse incrementada.

Con esta reflexión no se pretende más que plantear que los problemas tienen más de un enfoque y son susceptibles de tener más de una solución. De hecho, ante el panorama que realmente nos ofrecen los políticos estamos en el momento de las ideas, ya que las acciones (hoy por hoy a ciegas) bien poco pueden aportar, tal vez empeorar la situación.

Salvador Peris / Economista

Salvador Peris

2 Comentarios

  1. Me ha encantado esta reflexión. Tengo 26 años y también pienso mucho en todo esto. Hace un tiempo estuve organizando unos cursos para personas inmigrantes y algunas se quejaban de que había otras que trabajaban hasta 10 horas al día, (la mayoría de ellas mediante economía sumergida, limpiando, cuidando mayores, etc.), mientras que ellas no encontraban trabajo y estaban desesperadas. Tachaban a estos trabajadores de egoístas y poco solidarios, al no pasarles algunas horas a los demás. Por otra parte, llevamos muchos años (puede que desde el boom de la publicidad, sobre los años 50, más o menos), que nos importa mucho el consumo, tener cosas, comprar y comprar. Dar a los niños toooodo lo que piden y más (darnos lo que ellos no tuvieron). Muy loable por su parte, aunque ello signifique endeudarse, pero eso sí, que no se note, porque parece ser de bicho raro el no ir a ningún sitio de vacaciones, o no ir al cine o a cenar a un restaurante. Pero ¡cuando no se puede, no se puede!, huyamos de una vez de la hipocresía. Yo de pequeña, cuando iba a la playa, mi madre me llevaba un bocadillo, una fruta y un zumo. Ahora se compran un menú infantil y un helado. Lo que quiero decir es que los tiempos cambian, pero las matemáticas siguen siendo las mismas. Ahora que cada vez más gente tenemos el graduado escolar, pienso que nos vendría bien recordar lo que nos enseñaron nuestros sufridos profesores de historia porque cada ciertos años, la sociedad vuelve a caer en recesión. Todo por buscar más y más, por vivir el ahora sin pensar en el mañana, por pensar que «esto no me pasará a mí». No se puede vivir solo de una forma. Hay muchas más, y muchas más que quedan por descubrir. Dentro de muchos años, puede que no ocurran recesiones y entonces se demuestre que el ser humano tiene la herramienta más potente jamás creada, nuestro cerebro.

    Un saludo y gracias otra vez por compartir su reflexión.

  2. La agricultura con los productos de cuarta gama esta arrasando en el sector agrario.
    La industria automovilística ha implementado sus ventas en el extrangero en los últimos tiempos.
    La maquinaria industrial demandada por la comunidad ha sufrido implementos.
    Está claro que pese a ello sobran de este país mucha gente no cualificada. La cualificada si no aquí, es demandada en Alemania, China y otros paises que en pleno crecimiento saben apreciar nuestros universitarios y profesionales bien formados.
    Lo que no vamos a ver, es a gente sin formación, sin cualificación viviendo del cuento inmobiliario. Eso se ha terminado.
    La gente sin cualificación no debiera contar en las estadísticas laborales. Debieran estar formándose y adaptándose al mercado nacional o internacional.
    Por descontado, aquellos sin formación que pretenden quedarse en casa esperando oficios donde les paguen más de mil euros por unas chapuzas no estan de suerte.
    Hay que adaptarse o morir.
    Los gobiernos pueden facilitar las cosas, pero los problemas estructurales y formativos de la población no son cuestiones políticas sino personales y de sentido comun.
    Todos aquellos que se han formado en la época de bonanza, ahora tienen empleos en los que son irremplazables.
    Los que esperan que la solución vendrá de los políticos son ilusos que no son conscientes de su situación.
    Se ha menospreciado un salario de 700 euros, y nos hemos mal acostumbrado a vivir como reyes cuando teníamos la formación de niños.
    La crisis terminó ya, pero para aquellos que han decidido retomar las riendas de su vida y formarse y acudir a los sitios en los que se genera crecimiento y por ende empleo.
    No hay que ser pesimista, hay que luchar contra el pesimismo, aunque esto no sea precisamente ser optimista.

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